78 REBECCA BEAUMONT
El temblor de mis manos apenas me permite sostener el teléfono. ¿Qué rayos acaba de pasar? ¿Un mensaje puede desestabilizar mi mundo de una forma tan profunda?
Mis ojos se fijan de nuevo en la pantalla. En las letras y palabras que forman una oración. Hay una parte que sobresale del resto.
Te quiero.
Siento algo desconocido que crece en mi pecho a cada segundo que pasa. Las palabras se graban a fuego en mi mente. Un escalofrío helado me recorre la espalda y, de pronto, un nudo de angustia se instala en mi garganta, impidiéndome respirar.
¿Por qué la urgencia? ¿Por qué ahora? Lo llamo de inmediato y salta directo al buzón.
Algo no está bien.
La desesperación me invade, un torbellino oscuro que amenaza con arrastrarme con él hacia el fondo de un abismo.
Necesito hablar con él.
Ahora.