73 NATHANIEL VANCE
—¿Qué quieres saber? —Frunce el ceño, y noto la tensión en todo su cuerpo. Una tensión diferente; no la que está presente cuando nos miramos o cuando nos tocamos, sino una carga negativa que le recorre cada fibra y la pone en un estado de alerta.
—Creo que, para poder avanzar con la investigación, necesitamos saber más en detalle de lo que viviste con él, Becca.
Y sé que es algo horrible de hablar, de revivir.
Me contaste cómo lo conociste, que intentó hacerte parte de una secta y que fue violento contigo, pero creo que Benjamin no está actuando solo, y necesito saber más.
—No le digo que Isaac me lo pidió; primero quiero saber qué tiene para decirme—.
No tiene que ser ahora si no estás preparada, me voy a quedar varios días, pero quería decirte que me parece importante que hablemos de eso.
Su respuesta es silencio. Se retuerce las manos con nerviosismo como si allí estuviera la respuesta a todas sus preguntas.
—Hagamos algo —responde finalmente—. Vamos a otro lugar. No quiero revivir eso estando en mi casa.
—Dónde tú digas, Becca.
—¿Será seguro? —pregunta, nerviosa. Odio que tema salir de su casa. Odio que el temor habite su cuerpo día a día.
—Estarás conmigo. Estaremos bien —respondo, y la tranquilizo. Nadie le va a poner un dedo encima mientras esté conmigo.
Rebecca camina a mi lado, con los brazos cruzados sobre sí misma para protegerse del frío.
Dejamos al equipo de Golden Security cubriendo las inmediaciones del predio, mientras nosotros nos adentramos en Arnold Arboretum . El museo de árboles de la Universidad de Harvard es el lugar perfecto para desconectar y hablar tranquilos. Alejados de todos.
Me da una sensación de falsa paz. El paisaje es abrumador. Recuerdo todas las veces que vine durante los últimos tres años.
Sí, otro lugar al que no suelen ir indigentes, pero estar aquí siempre me hizo sentir bien. Al igual que el río Charles. Alguna conexión debo de tener con la naturaleza, porque siempre me llama. Me llama de formas que las cosas materiales no lo han hecho jamás. Por lo menos, no en esta nueva vida.
—Este lugar es precioso —replica Rebecca, y sus ojos brillan mientras observa el paisaje arbolado—. No sé cómo no había venido antes. Gracias por traerme.
—Es un placer —respondo.
El sol comienza a descender, y los colores del atardecer se mezclan con los del otoño en un lienzo perfecto. Caminamos en silencio hasta encontrar unas piedras con una vista espectacular en las que nos sentamos.
Tomo su mano, helada al tacto. Inhala una bocanada de aire y de inmediato comienza a hablar, como si necesitara sacarlo todo para afuera.
—Uno siempre dice que no caería en las garras de un manipulador.
Que jamás te pasaría eso. Esas cosas les pasan a otras personas, no a nosotros.
—Su mirada se pierde sobre la copa de los árboles a la distancia—.
Pero la realidad es que, en determinadas situaciones, todos somos vulnerables a caer en las manos del diablo.
Las primeras palabras son contundentes, y el brillo que había en su mirada ya no está. Ahora una sombra oscura habita allí. No digo nada. La dejo hablar.
—Todo empezó luego de mudarnos juntos. —Su vista sigue perdida en el horizonte, en los árboles, en el atardecer.
Mi vista está perdida en ella—. Antes de eso, fue todo amor y felicidad.
La verdad es que me terminé mudando con él porque tenía sentido.
Estaba enamorada, él tenía una casa propia y yo estaba pagando mucho dinero en una habitación que compartía, por lo que prácticamente pasaba todos los días en su casa.
Estaba becada en Yale, pero trabajaba para pagar mis gastos...
—Trataba de explicarse conmigo, pero a mí no tenía nada que explicarme—.
Me mudé con él para aligerar gastos. Al poco tiempo, insistió en que dejara el trabajo.
Él me ayudaría, y si me concentraba solo en la universidad podría terminar más rápido y comenzar a trabajar en lo mío.
»Siempre me había comentado de su filosofía de vida, pero no fue hasta luego de vivir juntos que comencé a darme cuenta de que era más que eso.
—Se frota las manos constantemente, y me atrevo a tomar una y sostenerla entre las mías en señal de apoyo.
El roce de su piel me ancla al suelo—. Decía que la monogamia era algo impuesto por la sociedad, que no era algo natural, que la sociedad nos controlaba a través de nuestro ego y que teníamos que liberarnos para acceder a nuestro verdadero potencial y a la llama de nuestra alma.
Suelta una risa incrédula antes de seguir hablando.
—La verdad es que, dicho así, suena como una tremenda estupidez, y probablemente estés pensando cómo fui tan estúpida por creer en él.
—No estoy pensando eso. —Jamás lo haría.
—El hecho es que comencé a creer en lo que decía.
No es algo que un día te dice y le crees, sino que te va llevando de a poco.
Son años de un trabajo de hormiga. Frases o comentarios inocentes, preguntas existencialistas...
Antes de darte cuenta, estás creyendo cualquier disparate.
También me fue alejando sutilmente de mis amigos y de mi familia, cosa que no fue difícil, teniendo en cuenta que era una inmigrante de dieciocho años con apenas amigos aquí.
Él tenía quince años más que yo, y logró envolverme como nadie.
»Un par de años después me presentó por primera vez a sus amigos, que también formaban parte de ese...
grupo. Era como una especie de secta y… practicaban la poligamia de muchas formas.
Había rangos, y sus líderes eran los Flamekeepers.
Sus amigos más cercanos, a los que a veces invitaba a la casa para…
para cosas, eran Madison, Elijah y Harry.
Harry tenía más o menos su edad y Madison y Elijah estaban empezando, como yo.
De pronto, deja de hablar y se tapa la cara con las manos.
—¿Qué pasa? —le pregunto.
—Me da demasiada vergüenza contarte esto —reconoce—. Siento que debes pensar que soy una idiota. Debes pensar demasiado mal de mí después de escuchar...
—Ey —le digo, y tomo su rostro con delicadeza para que me mire—.
Jamás pensaría eso de ti, Becca. Ni de ti, ni de nadie.
Menos aún en la situación en la que estabas.
Eras una chica de dieciocho años y un tipo quince años mayor te manipuló y se aprovechó de ti.
No tienes absolutamente nada de lo que avergonzarte, y jamás pienses que te voy a juzgar porque eso no sucederá, ¿me entiendes?
Una humedad recubre sus dulces ojos, y su mirada me atraviesa por completo. Su labio tiembla, retiene el llanto que amenaza con desbordarse.
La impotencia y la rabia que siento ante ese hijo de puta no es normal, pero procuro mantener la calma para no espantarla. Hace frío, pero yo estoy hirviendo. Finalmente asiente y sigue contándome su historia.
—La cuestión es que, luego de que los conocí, comenzamos a salir mucho con ellos tres, y también comencé a asistir a ciertos eventos con ellos.
Había una ceremonia que era... —Se pone totalmente roja, pero sigue hablando sin frenar—.
Era necesaria para... —Hace comillas con sus dedos—.
Acceder a la llama. Era la Ceremonia de Unión Energética, y básicamente...
—Su voz es apenas un susurro—. Te amarran a una cama frente a todo el mundo y te penetran entre todos.
Permanezco inmóvil, pero siento cómo el alma se me sale del cuerpo en ese instante. ¿La habían hecho pasar por eso? No digo nada, a pesar de que la ira va en ascenso a cada segundo que pasa.
—Yo observé una, y luego de eso... no quise hacerlo.
—Suelto un suspiro de alivio. No lo hizo.
Dijo que no—. No quiero entrar en detalles, pero la violencia de Benjamin…
La violencia física empezó luego de que me negara a hacerlo.
Me golpeó y me violó y… a pesar de todo me mantuve allí algunos años más, hasta que prácticamente me secuestró.
—El corazón me galopa errático en el pecho luego de escuchar la palabra violación.
La rabia se apodera de cada molécula de mi cuerpo y lo único que quiero en este momento es tenerlo frente a mí y torturarlo hasta que tenga la muerte más lenta y dolorosa del mundo—.
Las cosas no terminaron luego de que me obligó a participar de la ceremonia. Todo empeoró a partir de allí.
Esa es la confirmación que tanto temía. La habían violado en manada.
No puedo hablar. El corazón me dejó de latir, y de los pulmones salió todo el aire de mi cuerpo.
Me encuentro en un limbo en el que solo existen la ira y la sed de venganza—.
Se extendió por tanto tiempo que hoy lo pienso y no logro entenderlo.
¿Cómo no me fui antes? Perdí los mejores años de mi vida. Y casi lo pierdo todo.
Suspiro y trato de calmarme. La acaricio, en un intento en vano de curar esas heridas que la rompieron tanto.
—Me obligó a ir a muchos eventos, e invitaba gente a casa a tener orgías.
Cuando intentaba negarme o mi actitud no era la que él consideraba adecuada, me golpeaba y me amarraba por días enteros.
—Al decir esas palabras, se quiebra. Las lágrimas comienzan a recorrer su rostro como un río desbordado.
Sus mejillas están rojas, una mezcla de frío y llanto.
El pecho le sube y le baja errático y me acerco a ella para abrazarla.
No para de hablar a pesar de que lo que dice le afecta mucho.
Odio tener que hacerla pasar por esto. Lo odio—.
Había bajado mucho mis calificaciones e incluso estuve a punto de perder la beca, pero no tenía a nadie.
Ni un trabajo, ni amigos, ni siquiera un lugar al que ir.
Pensé que no tenía salida, la verdad. —Su voz tiembla, y su cuerpo también.
El frío, o quizás revivir los recuerdos de una pesadilla—.
Un día, me llevó a un evento. —Allí se quiebra, pero a pesar de todo sigue hablando.
La acaricio y me acerco aún más a ella. Necesito sentirla contra mí.
Que entienda que conmigo está a salvo y que nada de eso le volverá a pasar—.
Me encerraron en un sótano, junto a otras chicas que tampoco estaban allí por voluntad propia.
Iban a hacer un nuevo tipo de ceremonia.
—De pronto comienza a hablar a mayor velocidad.
Necesita sacarlo todo—. Esa noche está un poco borrosa.
No recuerdo bien los detalles, pero, al parecer, tenían que hacer un sacrificio, algo para acceder a un nuevo nivel de la llama.
No sé, no me preguntes, no lo recuerdo demasiado.
Además, nos habían drogado. Lo único que recuerdo es al FBI entrando y un tiroteo.
Todo se había ido a la mierda, Nate. Todo.
Isaac me rescató, pero Benjamin y algunos otros líderes y participantes de la secta lograron escapar por un pasadizo que había en el sótano.
Isaac me sacó de allí, manchada de sangre.
A Madison le dispararon. Todo fue horrible.
—¿Sobrevivió? —pregunto, tratando de aferrarme a la información relevante y no al dolor.
Ella niega con la cabeza.
—Vi que Benjamin se la llevó cargada, pero parecía muerta.
—¿Quiénes más huyeron?
—No sé los nombres de todos. El Flamekeeper logró huir, pero nunca vi su rostro. Elijah y Harry también. Al resto no los conocía mucho. Agarraron a varios, pero según me comentó Isaac en su momento, nunca dijeron nada relevante.
—¿Y no sospechas de ninguno de ellos? Quizás son ellos los que están detrás de esto. Quizás ellos ayudan a Benjamin. ¿No lo has pensado?
—Pero no tiene sentido. ¿Por qué ellos volverían años después a acosarme?
Eran amigos de él y ya. Hicieron lo que hicieron mientras duró y listo.
Yo solo era una chica más. El único con un motivo es Benjamin.
Él es el único capaz de esto. Yo lo conocí.
Yo viví años con él. Créeme. Quizás no está actuando solo, pero no creo que Harry y Elijah sean capaces de matar a alguien como lo hicieron con Cade.
Además, se supone que Benjamin está en Argentina.
¿Ellos arriesgarían su pellejo por alguien que ni siquiera está en el país? ¿En qué mundo eso tiene lógica?
No respondo. Entiendo que lo piense y que lo sienta así, pero a mí no me termina de cerrar.
La acerco hacia mí y la abrazo. Un abrazo fuerte, profundo y que espero que pueda transmitir todo lo que siento.
Rebecca es una sobreviviente, y no solo logró vivir, sino que se transformó en la mujer que es hoy. En la madre que es hoy. Me rindo a sus pies.
—Te admiro —susurro mientras se funde en mi pecho, sollozando—. Antes lo hacía, Becca, pero saber que sobreviviste a todo eso y te transformaste en la mujer que eres hace que te admire aún más.
Su única respuesta es llorar contra mí. Me separo apenas y tomo su rostro entre mis manos para que me mire a los ojos. Esos ojos verdes, puros.
—Nunca te avergüences de nada de lo que has vivido, mi amor —le digo, observándola fijamente para que pueda ver la veracidad de mis palabras—.
Lo único que debes sentir es admiración.
Eres una mujer increíble, noble, inteligente y buena.
Eres la mejor madre del mundo, y lo único que siento y pienso cuando te veo es una admiración tan grande que el puto pecho me va a explotar.