Cuando nos encuentren 69 NATHANIEL VANCE
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69 NATHANIEL VANCE

En unos minutos comenzarán a llegar los invitados y quiero largarme de aquí.

No conozco a nadie, pero todos me conocen a mí.

La impotencia es una mierda, porque quiero recordar y no puedo, quiero sentir algo por la mujer que me está mirando ilusionada y no siento un carajo.

Me ahogo. Me ahogo bajo las expectativas que no puedo cumplir.

—Cariño, deberías arreglarte ahora; falta poco para que lleguen —comenta Celine desde la sala de estar, y me observa mientras me acerco a ella. Frunzo el ceño. ¿Arreglarme? Ni que fuera a una boda.

—¿A qué te refieres? Ya estoy listo.

Debería saber a qué se refiere, porque ella está vestida como si realmente fuera una boda y no una simple cena en casa con viejos amigos. O nuevos, en mi caso.

—Ahh... —comenta. No puede ocultar la decepción. Veo cómo su cerebro trata de encontrar qué decir—. Está bien. —Se acerca y me besa los labios con cariño—. Solo pensé que te pondrías otra cosa, eso es todo.

¿De verdad hubo un momento de mi vida en que estuve enamorado de ella? A esta altura debería sentir algo. Aunque sea mínimo. Pero nada…

Minutos después, suena el timbre de casa, y mi esposa se dirige a abrir la puerta. La ansiedad se apodera de nuevo de mí, y odio tener estos sentimientos que no logro controlar. Esta incomodidad en mi propia piel.

—Nate, te presento a Daphne y a su esposo, George. Los conocimos hace unos años en un evento de NV —aclara Celine.

Hago un esfuerzo por ser educado y les sonrío a ambos. A fin de cuentas, no es culpa de ellos nada de lo que está pasando. Les tiendo la mano a modo de saludo.

—Un gusto —replico.

—Nos alegra verte bien —comenta Daphne. Tendrá alrededor de treinta años, y su esposo un poco más. Visten ropas elegantes. Nuevamente, no logro comprender el código de vestimenta para una cena en casa.

—Gracias —replico.

Pasamos a la sala, donde María, la mujer que nos ayuda en casa, se encuentra sirviendo unas copas de vino y unos aperitivos.

—¿Me traerías un whisky? Por favor —le pido.

Si quiero sobrevivir esta noche, voy a necesitar algo más fuerte.

—¿Cómo te sientes? —pregunta George con curiosidad—. Cuando nos enteramos de que estabas vivo, no lo podíamos creer, Nate. Nos alegra que estés bien. De verdad.

¿Cómo me siento? Como un desconocido en mi propia casa… En mi propia piel.

—Bien —miento—. No recuerdo nada, pero físicamente estoy bien.

No quiero dar aclaraciones sobre las cosas que sí recuerdo.

—¿Ustedes qué hacen? —pregunto, porque necesito desviar la conversación de mí. El timbre suena y Celine se levanta a abrir la puerta al tiempo que George me responde.

—Trabajamos en finanzas. A Daph la conocí en la oficina hace unos años. Mercado de capitales y esas cosas.

—Ah, suena interesante —miento de nuevo. Es la cosa más aburrida del mundo.

Celine regresa con Matthew, y siento un sorpresivo alivio por verlo.

Lo acompaña su esposa, Juliet. Una mujer hermosa, de piel oscura y ojos intensos.

Lleva puesto un vestido de manga larga blanco, pegado al cuerpo, que le queda increíble.

Solo la había visto en fotos hasta ahora. Me pongo de pie para recibirlos.

—Matt, me alegra verte. —Es la primera vez en la noche que digo la verdad—. Juliet, un gusto —replico al girarme hacia ella para saludarla.

Se acerca a mí y me da un cálido abrazo.

—Lo siento, amigo. Sé que no me recuerdas, pero yo te extrañé —me comenta aún sin despegarse de mí. Un nudo se forma en mi garganta, y no entiendo por qué.

Se separa de mí y me dedica una sonrisa igual de cálida que su abrazo.

—Lamento no recordarte. —Esta vez, tampoco miento.

—No pasa nada —responde—. Ya tendremos tiempo para crear nuevos recuerdos, no te preocupes. Lo bueno es que no te vas a acordar de la vez que te vomité encima volviendo del cumpleaños de Matt.

No puedo evitar sonreír. Esta mujer es un torbellino de alegría, y entiendo perfectamente la mirada que le dedica Matt.

—No, pero ahora quiero que me cuentes la anécdota —exijo riendo.

Pasamos la siguiente hora charlando. Yo me dedico más que todo a escuchar las anécdotas que cuentan los invitados y a reírme de las ocurrencias de Juliet.

Celine me acaricia cada vez que puede, y trato de actuar como un esposo normal, como Matt con Juliet o a George con Daphne, pero no me sale de forma natural. Tengo que hacer un esfuerzo para ello.

Me suena el teléfono e inmediatamente me paro para responder.

—Ya vengo —comento mientras veo que María sirve la mesa para que cenemos. Se hizo un poco tarde.

Cojo la llamada y me sorprende escuchar la voz de Isaac.

—Nathaniel —comenta al otro lado de la línea.

—¿Todo bien? —respondo acelerado. El corazón me palpita con fuerza, ¿por qué me está llamando?

—Sí, todo bien —responde, y siento que vuelvo a respirar—. Pero necesito tu ayuda con una cosa, ¿puedes?

—Claro, dime.

—No le comentes a Rebecca, pero estoy algo frustrado por los pocos avances de la investigación. Sé que ella sigue insistiendo en que es Benjamin quien está detrás de todo, y entiendo que tiene sentido, pero hay que seguir las pruebas, y esa hipótesis no nos está llevando a ningún lugar.

—Coincido —respondo—. Hace tiempo creo que debemos ampliar el abanico de las hipótesis que manejamos.

—Exacto. Hemos estado abriendo otras líneas de investigación.

En lo personal, creo que podría ser alguien que la conoció cuando ella estaba con Benjamin, pero quería saber si te había contado algo.

En su momento no dio demasiada información, estaba en shock , y la verdad es que no dijo mucho. ¿A ti te ha contado algo?

—No. Me contó un poco sobre su historia con Benjamin, pero muy superficialmente.

—Sé que se han vuelto cercanos. ¿Crees que puedas sacarle algo más de información? Pero no quiero que suene como un interrogatorio. Después de todo lo que ha vivido esa mujer, lo último que quiero es incomodarla solo por una teoría sin fundamento.

Lo que dice Isaac tiene sentido, pero no me siento cómodo sacándole información para ir a sus espaldas.

—Puedo hablar con ella, pero no te voy a decir nada a sus espaldas. No me sentiría cómodo así.

—Lo entiendo —responde—. Habla con ella. Si no te dice nada relevante, no me cuentes, pero si hay alguna información que te resulte sospechosa, le dices que te parece importante que yo lo sepa y que crees que quizás pueda ayudar a la investigación. ¿Qué dices?

—Está bien. Aunque me gustaría tener esa conversación en persona, y no por teléfono.

—Estoy seguro de que te puedes dar una escapada de fin de semana a Boston.

Luego de colgar, sus palabras siguen resonando en mi cabeza.

Vuelvo a la mesa justo cuando terminan de servir la comida y me siento en la cabecera, el único puesto vacío al lado de mi esposa.

—¿Todo bien? —me pregunta con curiosidad, y me acaricia la mano.

Asiento y sonrío.

La comida es una delicia y el tiempo transcurre entre conversaciones variadas.

Al final, no fue tan traumático como pensé.

Me pican las manos por hablar con ella. No ha llegado el postre, pero no puedo evitar escribirle.

Yo

¿Cómo estás?

Su respuesta es inmediata.

Becca

Hoy he pasado el día ansiosa… Como cuando algo malo está por pasar, pero no sabes qué.

Yo

No te va a pasar nada malo, Becca.

Yo te voy a cuidar.

Siempre.

Becca

Gracias por querer contenerme, Nate… Pero estás lejos. No puedes asegurar lo que dices.

Un puñal se me clava en el pecho porque tiene razón. Y maldita sea, no quiero estar lejos.

Yo

¿Te gustaría que estuviera cerca de ti en este momento?

Becca

¿Quieres la respuesta real? ¿O la respuesta que debería darte teniendo en cuenta que tienes esposa?

Yo

La real. Siempre la real.

—¿Qué tal fue la vuelta a la oficina? —me pregunta Daphne, y me obligo a levantar la mirada de la pantalla de mi teléfono.

Trato de recalcular y concentrarme de nuevo en la cena y en la conversación.

El teléfono vibra y sé que respondió, pero no puedo mirarlo.

—Bien —replico—. Un poco extraño, la verdad, pero ya me iré acostumbrando de nuevo.

—Te fue increíble, hermano —agrega Matt—. Todos estaban muy felices de verte. Literalmente volviste de entre los muertos.

—Eres un hombre muy querido, cielo —agrega Celine, y se inclina para darme un beso.

Le sonrío y le devuelvo el beso, pero mierda… Una presión se instala en mi pecho. ¿Hasta cuándo me voy a sentir así de incómodo con ella?

La conversación se desvía de nuevo por otros temas, y me permito finalmente mirar el teléfono.

Becca

Lo único en lo que pienso desde que te fuiste es que quiero tenerte de nuevo cerca de mí.

El puto corazón se me va a salir del pecho. La sangre me hierve y me doy cuenta de que estoy completamente jodido.