68 REBECCA BEAUMONT
Respiro profundo antes de abrir la puerta. Necesito toda la paciencia del mundo para mantener una buena conversación con Mason.
—Buenos días, Mason. —Mi tono de voz es cordial. Digo justo lo que necesito decir. No le pregunto cosas que no me interesan ni doy lugar a que me haga preguntas—. Ya baja Frannie.
—Buenos días, Becca. —Ingresa a la casa y hace una pausa antes de continuar—. Estás muy hermosa.
Camino hacia la cocina con él a mis espaldas e ignoro el comentario. No tengo tiempo para sus ataques de bipolaridad… Ni ganas. Alissa me espera sentada en la mesa con una taza de café.
—Becca, Jeremy viene en unos minutos. Antes de que yo me vaya. Fue a su casa por unas cosas.
Alissa deberá irse un par de días por un tema personal. Es quien reemplaza a Jack como guardaespaldas in house , y Jeremy la reemplazará mientras tanto.
—Perfecto, no te preocupes.
—Cualquier cosa que pase, me llamas de inmediato. No importa que esté lejos. Quiero estar atenta a que estén bien.
—Seguro.
—¿Hasta cuándo vamos a estar huyendo del psicópata de tu ex, Rebecca? —Su voz vuelve a ser la del Mason detestable. Es increíble la facilidad que tiene para navegar entre sus personalidades. Cuando le conviene, es un ser de luz, pero no hace falta mucho para que salga su lado más oscuro.
Lo atravieso con la mirada. Alissa se tensa, pero no interviene.
—¿Sabes qué? —le digo—. La verdad es que me encanta que me acosen y me amenacen de muerte.
Estoy disfrutando cada segundo, Mason. —Pongo los ojos en blanco—.
¿Es en serio la pregunta? Conocías perfectamente mi pasado cuando te casaste conmigo, así que no entiendo la recriminación ahora.
No es que yo quisiera que pasara esto. Créeme.
Levanta las manos como en son de paz.
—No te alteres —comenta, y tengo ganas de lanzarle una taza por la cabeza y borrarle la estúpida sonrisa engreída que tiene—. Solo pregunto porque quizás ya tenías alguna novedad.
—No. Cuando pase algo, lo sabrás.
Los pasos acelerados de mi hija bajando la escalera aligeran el ambiente.
—¡ Paaaapi ! —grita, y salta a abrazarlo—. ¡Feliz cumpleaños!
—Gracias, renacuaja —comenta, y le da un beso en la frente.
—Te compré algo —dice Frannie.
—¿Sí? ¿Puedo verlo? —comenta Mason, sonriéndole.
Frannie busca en su mochila, saca una caja y se la entrega. Mason se sorprende al abrirla, o se hace el sorprendido… La verdad es que no confío ni un poco en él.
—Es hermoso, mi niña. Gracias. —Le da un beso y un abrazo.
Yo no soy una maldita tacaña, y sí le doy dinero a mi hija cuando me pide para regalarle algo a su padre. Aunque él no tenga la misma cortesía conmigo.
El portarretratos y la foto fueron elección de Frannie; yo solo le ayudé a gestionarlo. Es realmente una foto hermosa de ellos.
—Alissa —comenta Mason—. ¿Acompañas a Frannie al auto? Tengo que hablar a solas con Rebecca un momento.
Los nervios hacen acto de presencia. Hace tiempo que no me siento cómoda estando a solas con él, y menos aún luego de cómo me atacó hace unas semanas en la cocina, pero es el padre de mi hija y es por ella que debo tratar de mantener una relación cordial.
No quiero que Frannie sienta que entre nosotros las cosas no están bien.
Una chispa de curiosidad se cuela entre los nervios.
No me gusta para nada la idea, pero asiento hacia Alissa, y las dos se van.
—¿De qué quieres hablar?
Se acerca un poco más a mí, y me tenso.
—Quería invitarte a cenar.
Frunzo el ceño en respuesta porque no me esperaba eso. Me cuesta seguirle el ritmo. Un día me odia y al otro día me dice «hermosa» y me quiere invitar a cenar… Al día siguiente, me amenaza con demandarme por la custodia de nuestra hija. En fin, inexplicable.
—No entiendo.
Da un paso más hacia mí, y ahora sí que invade mi espacio personal. Trato de retroceder, pero no hay hacia dónde. Está la pared a mi espalda.
Odio sentirme así. Odio esta sensación horripilante.
Solo me reconforta un poco saber que, si hace algo, podré poner en práctica las técnicas de defensa que me enseño Ja…
Nate. Aunque realmente no quisiera tener que llegar a eso.
Además, no sé qué tan eficiente sea fuera de la seguridad de la colchoneta.
—Ya que ese hombre se fue de tu vida, creo que podemos limar nuestras asperezas, cariño. Te extraño.
¿Qué dice? Como si hubiésemos terminado por culpa de Nate.
—Mason, no sé en qué idioma explicarte que lo nuestro no existe más.
Se inclina y trata de darme un beso.
—¿¡Qué diablos haces!? —exclamo alarmada—. Vete, por favor.
—Soy el padre de tu hija, Rebecca. ¿Qué diablos haces tú? Eres una malagradecida de mierda. Te salvé del hijo de puta de Benjamin y, cuando no te sirvo más, simplemente me desechas. ¡Me usaste! Eso fue lo que fui para ti… Una cosa. Cuando no te fui útil, me tiraste a la basura.
Respiro profundo. Si me altero, todo se va a ir a la mierda, y no es la idea. Entiendo que se sienta herido, pero todo lo que dice es muy injusto.
—Jamás te usé, Mason. Me enamoré de ti y me casé contigo.
Formamos una familia y estuvimos juntos hasta que no funcionó.
Ya no estoy enamorada de ti, y aunque lo estuviera, no volvería a estar con un hombre que se ha comportado de forma violenta conmigo.
Mucho menos después de lo que viví con Benjamin.
Se acerca más y me alejo. El pánico ahora me sube por el cuerpo. Afuera está el equipo de seguridad, pero podría hacerme cualquier cosa. Estamos solos.
—¿Me tienes miedo? —pregunta al ver mi expresión.
—Sí —respondo con honestidad. No tiene sentido mentir.
—Jamás te haría daño, Rebecca. Yo te amo.
—Ya me has hecho daño, Mason. Ahora, por favor, vete.
DIEZ AÑOS ATRÁS
Tengo dos días encerrada en mi habitación sin salir. Me siento asqueada por lo que sucedió. Solo recuerdo fragmentos inconexos de aquella noche, pero incluso así no puedo borrar la sensación de ellos tocándome, de Benjamin desnudándome a la fuerza...
Nunca me preguntó si estaba dispuesta a avanzar. No esa noche.
Había bebido demasiado.
Los recuerdos vuelven con fuerza y la bilis me sube por el pecho.
No estoy ni de cerca preparada para la ceremonia.
—Déjame entrar —replica mi prometido desde el otro lado de la puerta—. Necesitamos hablar, Becky.
—No quiero hablar. —Mi voz es apenas un susurro. Siento que me drenaron la energía del cuerpo.
El golpe a la puerta es más intenso y me paralizo. El aire se congela en el centro de mi pecho.
—La semana que viene es la ceremonia. Debes prepararte.
—¡No voy a hacer ninguna ceremonia! —grito. Es la primera vez que digo que no lo haré.
Quizás es mi ego… o que tengo el cerebro lavado por lo que la sociedad me ha impuesto, pero sin dudas no estoy preparada para hacerlo. No quiero.
La puerta se abre de golpe. Con una patada demasiado fuerte, Benjamin logró romperla y acceder al cuarto de servicio donde me estoy ocultando. Me paralizo. El corazón comienza a latir a toda velocidad.
Miedo.
Sus ojos oscuros inyectados de sangre me atraviesan y no me puedo mover.
—Vas a hacer lo que me has prometido hace meses, Becky. No hay vuelta atrás. No hay salida.
Yo
¿Cómo haces para no sentir miedo?
Nate
¿Quién dice que no siento miedo?
Yo
Mmm… Supongo que solo lo asumí. ¿Sientes miedo?
Nate
Obvio. La última vez que chequeé, no me había convertido en un robot.
Sonrío ante su respuesta. Hay veces en las que dice algunas cosas que no sé de dónde salen.
Yo
¡Ja! ¿Eso fue un intento de chiste?
Yo
Depende… ¿Funcionó?
Yo
Si el objetivo era sacarme una sonrisa, entonces sí.
Nate
Quisiera ver esa sonrisa.
Por un momento se me paraliza el corazón.
Estamos navegando una línea delgada y peligrosa.
Actuamos como si nada hubiese pasado entre nosotros, como si solo fuéramos amigos, pero creo que cualquier persona que lea nuestras conversaciones se daría cuenta de que hay algo más.
Eso me hace sentir como una mierda de persona.
Su esposa debe de estar a su lado. Luego de años de haber llorado su muerte, al fin lo recuperó, y yo soy una maldita egoísta por seguir hablando con él. Pero de verdad no lo puedo evitar.
Nate
¿Sigues ahí?
Yo
Sí, perdón.
Volviendo al miedo, ¿cómo haces para lidiar con él?
Nate
No lo había analizado antes, la verdad, pero supongo que busco su lado positivo y me aprovecho de él.
Yo
El miedo es una mierda. No tiene lado positivo.
Nate
El miedo es como una alarma. Es un indicador de que tienes que hacer algo.
Es como la fiebre: si te paralizas, te puede matar, pero si actúas a tiempo, salvas tu vida.
Si no tuviéramos miedo, creo que nuestra expectativa de vida sería mucho menor.
Siempre que tengas miedo, úsalo a tu favor y actúa. Nunca te paralices.
Yo
Gracias, Nate… Siempre me dices justo lo que necesito escuchar.