Cuando nos encuentren 67 NATHANIEL VANCE
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67 NATHANIEL VANCE

Las oficinas de NV Security no quedan lejos de mi departamento. Luego de estacionarme, subo directamente al último piso, donde me tengo que encontrar con Matthew.

Cuando ingreso por la puerta principal, todo el mundo se pone de pie. Me están sonriendo como si fueran payasos satánicos. Me siento en una película de terror, maldita sea… Definitivamente, socializar no es mi fuerte. La incomodidad se cuela por todo mi cuerpo, pero me mantengo neutro.

—Señor Vance, es un placer tenerlo de nuevo con nosotros. —Una mujer amable me recibe en la recepción—. Ehmm… Soy Clare —aclara—, la recepcionista.

—Un gusto, Clare. —Le tiendo la mano. Me doy cuenta de que me estoy presentando como si no nos conociéramos, pero ella ya me conoce. Aunque conoce a Nathaniel Vance; a pesar de todo, yo sigo siendo Jack en mi interior. Es la forma en que me reconozco a mí mismo.

—Le presento al equipo, acompáñeme —agrega.

Todos están de pie alrededor de los escritorios. La oficina es moderna y elegante, y las personas allí se ven profesionales.

En el medio de las presentaciones, que parecen interminables, aparece Matthew. Una cara conocida. Bueno, más o menos conocida.

—¡Hermano! —comenta, y se acerca a mí para darme uno de esos saludos fraternales—. No puedo creer que estés aquí.

La voz se le corta un poco. Parece estar honestamente emocionado. Soy muy desconfiado, y aún no tengo claro qué papel juega en todo esto, pero este tipo de gestos no verbales son difíciles de imitar. Suena honesto.

—Me alegro de haber venido. —¿Miento? La verdad es que una parte de mí sí está feliz.

Por lo menos sé que no era un maldito asesino en serie y tengo la oportunidad de reconstruir mi vida.

Y ahora puedo decir con total seguridad que nunca más tendré que pasar una noche con hambre y frío a la intemperie.

—Ven, vamos a tu oficina. Tengo todo listo.

Los ventanales tienen unas vistas fenomenales a la ciudad, y en el interior hay un cartel que dice «Bienvenido, jefe». Algo que no logro reconocer se remueve en mi interior. Había personas preocupadas por mí. Hay gente que me quiere. Y aunque no recuerde nada, eso me hace sentir bien.

—Esta ha sido siempre tu oficina, Nate. Volvimos a ponerla tal como estaba. Con todas tus cosas. No tiramos nada, a pesar de lo que nos habían dicho.

Que estaba muerto.

—Gracias —respondo, y me doy cuenta de que estoy reprimiendo un nudo en la garganta.

—Ponte cómodo, que nos van a traer unos cafés.

Me siento detrás del escritorio y algo vuelve a mí.

Estoy sentado en mi oficina cuando Matt y otro hombre ingresan de prisa con las expresiones tensas. Las miradas perdidas.

—¿Qué pasa? —les pregunto.

—Es Graham —responde el hombre.

—¿Está bien? —Mi voz grave tiene una nota de urgencia.

—Está muerto.

Me paro de golpe y lanzo sin intención la taza de café que está sobre el escritorio.

—¡Maldita sea! —Me miran.

—Solo quedan ustedes dos —replica Matt, horrorizado.

—Tenemos que detener esto. Cueste lo que cueste.

—...ella no sabe qué más hacer. —Matt sigue hablando, pero no escuché ni la mitad de lo que dijo—. Está preocupada por ti, hermano. No puedo ni imaginar por lo que estás pasando, pero tienes que intentarlo. Es tu esposa.

—¿Qué te dijo? —pregunto cuando caigo en cuenta de qué estamos hablando.

—Solo que no sabe cómo acercarse a ti.

—No puedo forzar las cosas. No la recuerdo.

Su expresión es oscura, pero asiente resignado.

—¿Te gustaría saber cosas? —pregunta—. De tu pasado… Puedo contarte lo que quieras. No hemos hablado casi desde que regresaste.

—Lo siento, ha sido mucho. Quise pasar el primer tiempo en casa, aunque, a decir verdad, Celine me ha hecho ir a miles de eventos sociales en una semana.

—No exageres; fuiste al centro comercial un día y a merendar conmigo.

Suspiro.

—Necesito entender mi trabajo. ¿Qué hacía antes de montar esta empresa? ¿Cómo llegué a hacerlo? Hay un hombre… No lo he visto aquí, pero lo recuerdo. Creo que trabajaba aquí también. ¿Quién es?

Una nueva sombra le oscurece la expresión. Una tensión negra se apodera de cada rincón de la oficina.

—¿Recuerdas a Patrick? —inquiere. Su voz es baja. Casi un susurro, como si estuviera diciendo un secreto.

—¿Ojos azules, cabello negro y alto? —pregunto, porque no tengo idea de si estamos hablando de la misma persona.

Él solo asiente y espera mi respuesta.

—No recuerdo quién es ni qué tipo de relación teníamos. Tampoco sé cómo lo conozco. Pero lo vi. Estaba en el helicóptero conmigo.

Asiente de nuevo.

—Patrick era uno de tus mejores amigos. Sirvieron juntos en el Ejército y fundaron juntos la empresa luego de salir de allí. Murió en el accidente en el que perdiste la memoria.

Se forma un nudo en mi garganta, pero no entiendo precisamente el motivo. No lo recuerdo, pero el solo hecho de saber que ese hombre fue cercano y murió aquel día hace que me sienta un poco culpable por estar vivo. No pude hacer nada por él.

—¿Y tú? ¿También serviste con nosotros?

—No. A mí me contrataron como CEO cuando fundaron la empresa, porque necesitaban a alguien que supiera de negocios.

Desde ese momento nos volvimos inseparables los tres, pero…

—Hace una pausa, como si dudara de lo que va a decir—.

Ustedes siempre fueron muy misteriosos con todo lo relacionado a su paso por el Ejército.

Nunca hablaban de eso. Pero hay algo que debes saber.

No te lo quise decir antes para no alarmarte.

—¿Qué?

—El tema del helicóptero. No fue un accidente. Alguien asesinó a todo el escuadrón en el que estuvieron Patrick y tú. Eres el único sobreviviente, Nate. Y ahora el mundo sabe que estás vivo. Van a volver por ti.

Yo

¿Cuál es tu recuerdo más feliz de la infancia?

Becca

Pregunta interesante… Mmm… Creo que la playa. Por suerte tuve una infancia feliz, así que los recuerdos felices son muchos, pero sin dudas nadar en el océano es el mejor de todos. Hace años que no voy… Tengo síndrome de abstinencia.

Yo

Un día, te voy a llevar. Quizás me tengas que enseñar a nadar. Aún no lo he hecho, y no sé si olvidé cómo se hace.

Becca

No creo que a tu esposa le guste mucho la idea. Y tampoco creo que te cueste nadar. Tu mente no recordará muchas cosas, Nate, pero te aseguro que tu cuerpo no ha olvidado nada.

Yo

Somos amigos, Becca. No voy a dejar de verte ni de hablar contigo, pase lo que pase. Si te digo que un día te voy a llevar, es porque lo haré.

Becca

Bueno. Me gusta la idea. Pero que sea calentita y sin tiburones, por favor.

Yo

¡Dalo por hecho! Te preguntaba porque hoy recordé algo.

Estaba en la oficina, en medio de una reunión, pero se me atravesó uno de esos recuerdos que no puedo controlar.

Estaba con mi madre. La reconocí por las fotos, y estábamos yendo a escalar al bosque.

Íbamos a tener una excursión solo nosotros, pero el auto se dañó a mitad de camino y terminamos en un motel de mala muerte al costado de una ruta.

Pagó la habitación, pero no dormimos allí.

Sacó al patio las tiendas de campaña y dormimos bajo la luz de las estrellas.

Creo que era una buena mujer, una buena madre.

Es la primera vez que siento algo después de uno de esos recuerdos.

Sentí amor por ella, y luego dolor porque murió, y el único recuerdo que tengo es ese y el del día de su muerte.

Becca

De verdad lo siento, Nate. Debe de ser muy duro lo que estás pasando, y no creo que haya palabras que pueda decirte que te ayuden. Pero, por cómo describes a tu madre, puedo asegurarte que, esté donde esté, está muy orgullosa del hijo que tiene.

Yo

Eso espero… De verdad. También recordé algo más.

Sobre la oficina. Y hablé con Matthew. Uno de mis mejores amigos también murió en el accidente.

Se llamaba Patrick, y estaba conmigo en el Ejército.

No te debería contar esto, pero dijimos que nos contaríamos todo.

Al parecer, asesinaron a todas las personas que estuvieron en mi escuadrón, Becca.

Yo soy el único que queda vivo. Y ahora saben dónde encontrarme. Por fortuna me fui de tu casa, porque solo las hubiese puesto en más peligro. Habla con el equipo y estén atentos.

Becca

Mierda. Qué fuerte.

Lamento que lo hayas perdido a Patrick también, y… por favor, cuídate. ¿Estás con escoltas y seguridad? Si intentaron hacerlo, ahora que saben dónde estás, van a volver a intentarlo. Prométeme que te vas a cuidar.

Yo

Lo prometo. Y sí, estoy con seguridad.

Becca

¿Tienes idea de por qué? ¿Hay algo de los recuerdos que te haga pensar el motivo de por qué alguien los quería muertos?

Yo

No, y no te preocupes por eso. Estaré bien. Estaremos bien, Becca.