66 NATHANIEL VANCE
Hace unos días Rebecca me contó del mail que recibió. De la amenaza. Le pedí a Matthew que se encargue de rastrearlo; ya no confío en Golden Security, en el FBI ni en la policía. Ninguno ha logrado una mierda.
Estoy acostado en la cama, después de un día intenso y necesito hablar con ella.
Yo
¿Estás? Me vendría bien hablar un rato.
Becca
¿Para ti? Siempre. Cuéntame… ¿Qué pasó?
Yo
He estado recordando algunas cosas más… y empecé a ver a un terapeuta.
Becca
¡Eso es genial! ¿Quieres contarme algo? De lo que hayas recordado… o de tu día. Lo que quieras.
Después de hablar con el terapeuta, lo primero que pensé fue en Becca. Me picaron los dedos hasta que tecleé esas palabras. Pero claro que no puedo decirle eso.
Yo
Con el terapeuta empecé hoy. No hay mucho para contar aún.
Decidí ir porque… me siento muy incómodo, Becca.
No es solo la falta de recuerdos, sino que me siento fuera de lugar todo el tiempo.
No sé bien quién era antes, pero sin dudas no siento que sea el mismo.
Y con los recuerdos, la mayoría son feos…
No puedo decir mucho por aquí, por lo que ya sabes.
Además, aún queda pendiente saber quién está detrás de mí.
No han intentado nada, pero solo es cuestión de tiempo.
Quizás, si recordara algo, podría ayudar.
Becca
Es genial que hayas empezado a ir al psicólogo; estoy segura de que te ayudará…
Y por lo otro que dices, ¿por qué obligarte a ser quien eras?
No deberías tratar de encajar en algo que no sientes natural o cómodo.
Creo que deberías buscar encajar tu vida a tu nueva realidad, y que vaya fluyendo.
Forzar las cosas nunca es bueno, te lo digo por experiencia propia.
Sobre los recuerdos, quizás en persona me puedas contar. ¿Tienes pensado venir a visitar? Frannie te extraña. Bueno, ya sé que no es momento, pero ¿quizás en un par de meses?
Yo
¿Solo Jirafran me extraña?
—Hola, cielo —me interrumpe Celine.
Suena la notificación del teléfono y me pican las manos por seguir la conversación, pero me obligo a levantar la mirada hacia mi esposa.
Lleva un conjunto de encaje bastante sugerente, y sé lo que se viene.
Se acerca a mí en actitud seductora y no puedo negar que es una mujer hermosa, pero en este momento no me provoca ni me genera nada.
Se sienta a mi lado y continúa hablando.
—Quería invitar a unos amigos a cenar a casa. Creo que es hora de que vengan; quizás te hace bien para recordar. La pasaremos genial.
No estoy de humor para actuar frente a extraños como si estuviera todo bien.
—No lo sé. ¿Quizás más adelante? No creo estar preparado para eso.
—Pero, Nate… No vamos a ponernos a hablar del pasado. Todos saben que perdiste la memoria. Puedes conocerlos y pasar un buen rato. No podemos pasar todos los días solos y encerrados.
No veo cómo estar en un penthouse enorme en pleno Manhattan pueda calificar como estar «encerrados», pero elijo no decir nada y ceder. Es una cena. ¿Qué puede salir mal?
—De acuerdo, está bien —respondo, y mi voz tiene la misma emoción que la de un oso perezoso dormido.
—¡Genial! —exclama, y se acerca a mí.
Posa sus labios en los míos y me toma del cuello para profundizar el beso.
Lo sigo, y nuestras lenguas se mezclan. Tiene un aroma intenso, a perfume.
Su piel es suave y comienza a acariciarme antes de ponerse a horcajadas sobre mí.
Mi verga se tensa y me pongo duro. Obvio, no soy un maldito robot, pero que mi pene sienta algo no significa que el resto de mi cuerpo lo haga.
Suena mi teléfono de nuevo y paro. No es justo para Celine, pero, como dijo Rebecca, no debería obligarme a hacer algo que se siente forzado.
—Lo siento —comento, y su mirada se oscurece.
Debe de ser horrible para ella. Me pongo en su lugar y se me parte el corazón.
Creyó que su esposo había muerto, pero se entera de que no es así y, cuando se encuentran, resulta que él ha cambiado y ya no siente lo mismo.
Bueno, el tipo soy yo, y me siento como una mierda.
Se baja de mí y me mira con ojos tristes.
—Aún no estoy listo. Es mucho. Estoy tratando de procesarlo todo. Perdón.
Se acerca, me da un beso dulce sobre los labios y se acuesta en su lado de la cama.
—Entiendo, Nate. Perdón por presionarte.
Toma su teléfono y se pone a ver sus redes sociales.
Ansioso, busco el mío entre las sábanas, y mi corazón late con más fuerza.
Becca
No. Ella no es la única que lo hace, Nate. ¿Sigues allí?
Yo
Voy a hacer todo lo posible por ir a verlas pronto. Lo prometo.
Becca
Nos encantaría. Que descanses.