Cuando nos encuentren 65 REBECCA BEAUMONT
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65 REBECCA BEAUMONT

Nos hemos acostumbrado a la nueva rutina, y también a tener a Alissa en casa. Sin embargo, eso no quita que extrañe a Nate. Mucho. Muchísimo. Frannie también lo hace.

Ali se queda con ella en la escuela y yo sigo con Jeremy rumbo a la oficina de Bio Insights .

Sobrevivo un día más al escalofriante recorrido en el ascensor y llego a mi despacho justo cuando suena el teléfono.

—¡Isaac! ¿Cómo estás? —lo saludo al ver su nombre en el identificador.

—Señora Beaumont —dice, con ese tono formal que solo usa cuando está con otros agentes del FBI. Así que no está solo—. Todo bien. La llamaba para comentarle que estamos siguiendo algunas pistas sobre Benjamin. Nada confirmado aún, pero todo indicaría que está en Argentina.

—Eso no tiene sentido. Y si es cierto, entonces le está pagando a alguien para hacerlo posible. Por favor, den con él.

—Lo haremos, se lo prometo. ¿Alguna novedad estos días?

—Todo tranquilo, por suerte. Alissa y Frannie se llevan bien, y me da paz tener a alguien como ella cerca de mi hija.

El resto del equipo está bien y, por ahora, no he recibido nuevas amenazas.

—Dudo antes de hacer la pregunta que me carcome, pero necesito saber.

Necesito justicia—. ¿Alguna novedad en el caso de Cade?

Isaac suelta un largo suspiro al otro lado de la línea antes de responder.

—Espere un momento —responde, y yo permanezco en silencio.

Se escuchan sus pasos, el sonido de una puerta y su respiración—.

No puedo hablar de una investigación en curso con civiles, pero sé que para ti es importante.

No hay mucho, Rebecca. No hay huellas en el cuchillo ni en la nota.

Las cámaras no tienen nada. No hubo gente sospechosa que haya asistido a la fiesta o que se haya registrado en el hotel, y los empleados están limpios.

La rabia me consume, y la impotencia es un sentimiento de mierda.

—No puede quedar así, Isaac. No puede quedar impune su muerte.

—Lo sé. No pararé hasta dar con quien sea que haya sido. Lo juro.

—Mantenme informada —agrego antes de cortar la llamada, justo cuando Ava entra a la oficina.

—Hola, Ava. —Me pongo de pie para saludarla—. ¿Cómo estás?

—Bien, Becca. Solo quería decirte que ya resolvimos todo con lo de la fiesta. Emitimos algunos comunicados, contactamos a los clientes e invitados... El daño no fue tan grave.

Quizás no para la empresa, pero Cade perdió la vida. No lo digo. No sirve de nada y, además, no es su problema.

—Gracias por encargarte. Yo, sinceramente, no habría podido.

—No te preocupes. ¿Estarás en la reunión de las cuatro por el nuevo prototipo?

Asiento.

—Sí, claro. Tengo muchas ganas de escuchar el proyecto. El informe de Hailey parecía prometedor.

—Lo es. Te lo aseguro.

Me guiña un ojo y sale tan rápido como entró.

Entrenar sin Nate no es lo mismo.

Primero, porque ya no tengo la espectacular visión de sus músculos marcados bajo la camiseta empapada de sudor.

Segundo, porque no tengo idea de lo que hago, así que me siento torpe e inútil golpeando el saco de boxeo.

Tercero, porque extraño las conversaciones que siempre teníamos.

Puede que haya pasado toda mi vida sin él y que lo conozca desde hace poco, pero a veces no te das cuenta de que algo te hacía falta hasta que lo tienes, aunque sea por un corto tiempo.

Eso fue lo que me pasó con él. Necesitaba sentirme segura con un hombre.

Tuve experiencias tan malas que siempre había una parte de mí en estado de alerta.

Incluso antes de separarme de Mason, cuando él aún no se había vuelto hostil conmigo.

Pero con Nate siempre me he sentido segura.

Hasta cuando me dijo que era un asesino.

Al parecer, yo tenía razón. No era un asesino, nunca lo fue, y eso era más que obvio.

Por lo menos, para mí. Es la única persona que me ha dado una sensación de seguridad verdadera en toda mi vida.

También necesitaba poder hablar con alguien sin sentirme juzgada. Con él, siento que puedo ser completamente honesta.

Me hacía falta sentir el deseo bajo la piel. Ese deseo que no puedes reprimir. La necesidad de tocarlo, de estar cerca de él.

Nate vino a llenar vacíos en mi vida que no sabía que existían, pero ahora que se fue, me dejó como un colador, drenando por todos lados.

Sé que se supone que las mujeres debemos decir que podemos con todo, que no necesitamos a un hombre —o a una pareja, en general— para estar bien…

y la verdad es que no lo necesito. He podido sola, y puedo seguir sola.

Pero hay una gran diferencia entre necesitar y querer.

Podemos querer lo que no necesitamos. Incluso podemos añorarlo, y eso no nos hace menos valiosas.

Doy un último golpe al saco frente a mí. El sudor recorre mi cuerpo y caigo al suelo con la respiración entrecortada por el esfuerzo.

No lo necesito, pero lo quiero cerca otra vez.

DIEZ AÑOS ATRÁS

No tiene sentido que me sienta tan mal; Benjamin me ha explicado cómo funciona todo y dije estar de acuerdo. ¿Por qué entonces me entraron náuseas al verlo acabar dentro de aquella mujer?

Aun al recordarlo, las náuseas vuelven.

Los días pasaron y él ha tratado de hacerme sentir mejor, pero nada ha funcionado.

—El problema es que no participaste. —Ese es su nuevo argumento—. Si lo hubieses hecho, lo entenderías mejor.

—¿Estás loco? Casi me desmayo. No estoy ni cerca de estar preparada para la ceremonia de unión energética.

—Vas a tener que prepararte.

Una amenaza. Oculta tras esas palabras suaves.

Durante toda nuestra relación me ha llevado de a poco por este camino, y mil veces me explicó lo importante que es para él que su pareja esté en la misma sintonía.

El problema es que yo no lo estoy. Lo voy a perder.

Pero, aunque él me acepte de otra forma, ¿podría yo aceptarlo así? , ¿acostándose con otras personas?

Pero ¿qué haría sin él? Dejé de trabajar porque me lo pidió, y mi familia no me puede ayudar más.

Estoy becada, pero sería muy difícil empezar de cero en otro lugar.

No tengo dónde quedarme y me he alejado de todos mis amigos.

Además, lo quiero. Lo amo. Y lo peor es que realmente pienso que tiene razón.

¿Por qué entonces estoy tan reacia a hacer la maldita ceremonia?

—Podemos practicar antes. Para que te sientas más cómoda cuando llegue el momento —replica con aquella mirada profunda.

Titubeo.

—¿A qué te refieres?

Horas después, Elijah, Harry y Madison se encuentran en la sala de estar, bebiendo unos tragos de forma distendida. Benjamin me ha servido varias bebidas para que me relaje, y está funcionando. Me siento algo mareada y mis extremidades están un poco más laxas.

La música de fondo es seductora y la conversación, interesante.

Cada uno cuenta su experiencia luego de acceder a su llama, y todo me incita a intentarlo. Si todos ellos pudieron hacerlo, yo también puedo.

Sé que el problema es que he pasado demasiados años condicionada por la sociedad, y que no es fácil cambiar de raíz creencias tan arraigadas, pero si de verdad me lo propongo, puedo lograrlo.

—Cuando un hombre accede a la llama, ¿cómo funciona? —inquiero con curiosidad—. ¿También lo hace el Flamekeeper de la otra vez? A todo esto, ¿quién es?

—Lo hace su mujer —responde Madison—. Y luego es el turno de las mujeres de estar con el iniciado —agrega.

—Ah, no sabía que también había una mujer.

—Sí —responde Harry—. Son esposos, pero sus identidades son secretas. Solo los conocen los Guías Mayores.

—O sea que… —comento mirando a Benjamin y a Harry—. ¿Ustedes dos sí los conocen?

Ambos asienten.

—Cuando te conviertes en Guía Mayor y tienes un acceso y control superior de tu llama, hay algunas ceremonias adicionales que son directamente con los Flamekeepers. Allí, ellos están sin máscaras. Y solo así los conoces.

—Mmm —murmuro, y no puedo evitar pensar en qué otro tipo de ceremonias participa mi prometido.

—Entonces —comenta Harry, y me atraviesa con su mirada traviesa—, ¿estás lista?

Se me revuelve el estómago por los nervios. ¿Lo estoy?

No me da tiempo de responder.

Benjamin se pone de pie y se acerca a mí, que estoy en el sofá, sentada entre Madison y Elijah.

Se arrodilla frente a mí y siento que me voy a desmayar.

Sus manos se posan sobre mis muslos y me los abre. Llevo una falda, por lo que Harry, que está sentado en una butaca al frente, tiene una vista perfecta.

—Te voy a preparar. Y luego subiremos a la habitación. —No es una pregunta. Es una orden.

Me remuevo incómoda. Se suponía que me iba a preguntar, pero no lo hizo. Mete sus manos debajo de mi falda y rompe mi ropa interior, dejándome completamente expuesta.

Elijah me ofrece su bebida y me la tomo de un sorbo. Necesito más valor.

La lengua de mi prometido recorre la piel de mis muslos hasta que llega a mi sexo.

Me chupa mientras Harry observa todo con gran detenimiento y se frota sobre sus pantalones.

Su miembro está totalmente erecto y no lo puede ocultar.

Madison comienza a acariciarme sobre la ropa, y Elijah se acerca más a mí y me pone una mano en el muslo.

Mi cuerpo comienza a reaccionar. No puedo evitar sentirme excitada por todos los estímulos, pero no me siento del todo cómoda. Ni siquiera con todo el alcohol que he ingerido.

Benjamin se separa y me toma de la mano. Me guía hasta la habitación. Puso esposas en todas las esquinas de la cama.

Todos nos siguen.

Ingreso a la habitación, temblando por lo que está a punto de pasar.

—Desnúdate —me ordena mi prometido.

Yo dudo y no lo hago, por lo que él se acerca y me quita toda la ropa con brusquedad.

—Acuéstate —me ordena de nuevo, y luego me lleva a rastras hacia el centro de la cama.

El temor se apodera de mí.

Va a pasar. No tengo escapatoria.

Antes de acostarme, Harry se acerca y me da de beber de su trago. Hace que me lo tome de un sorbo, y todo a mi alrededor se vuelve aún más turbio. Comienzo a ver borroso.

Entre los tres me atan a cada una de las esquinas de la cama. Estoy totalmente expuesta ante ellos.

Se quitan la ropa y quedan desnudos.

Va a pasar y no puedo detenerlo. Primero Benjamin, después Elijah y, de último, Harry.

Los tres se apoderan de mi cuerpo y se derraman en mi interior.

No tengo control de lo que pasa. Me lamen, me besan y juegan con mi cuerpo a su merced.

Mi mente trabaja a toda velocidad. Tengo que dejar de lado mi ego, mis prejuicios.

¿Por qué es tan difícil? Esto no es nada comparado con lo que será la ceremonia. Los minutos parecen horas.

Me siento sucia. Me siento mal. El ego sigue más fuerte que nunca. No puedo liberarme de lo que impone la sociedad, por más que quiera.

El horror se apodera de mí y, en algún momento, me desmayo.

Cuando acaba la noche, tengo el semen de tres hombres en mi interior.

Y ganas de vomitar.

Vuelvo al trabajo y, aunque tengo la cabeza en cualquier lado, logro terminar unos informes que tenía pendientes sobre el prototipo del nuevo proyecto que tenemos en curso.

—Buenas noches, Rebecca —se despide Roxy desde la puerta de mi oficina—. ¿Te quedas mucho más? —pregunta, y una sonrisa triste tiñe mis labios.

Frannie no estará en casa, y siento un vacío enorme que me persigue hace días.

—Un rato más. Quiero releer unos informes antes de enviarlos.

—Nos vemos mañana, entonces. —Sonríe y se va.

Alissa está en un sofá, viendo una película en la tablet mientras yo termino de trabajar. Es tarde, debería irme y terminar mañana.

Chequeo por última vez mi casilla antes de cerrar la notebook , y frunzo el ceño ante lo que veo.

Un mail. No tengo guardado el contacto. La oscuridad de pronto se siente pesada y, a pesar de estar segura aquí, un nudo se forma en mi estómago. Miro a Alissa, que está concentrada en su película. Prefiero no molestarla. No debe de ser nada, seguro es una publicidad. Estoy paranoica.

Lo abro. No son palabras lo primero que veo, sino una fotografía.

Es Nate. Un par de semanas atrás, saliendo de Bio Insights. El corazón me comienza a palpitar errático; algunos latidos se saltan y la sangre no está llegando bien a mi cerebro, porque estoy inmóvil.

Bajo hacia el final del correo y me encuentro con un mensaje, con una amenaza:

Tu novio ya no te puede proteger, Becky. Cada vez falta menos. Pronto estaremos juntos.

Voy a vomitar.