63 NATHANIEL VANCE
NV Security.
Lo recuerdo. Es una de las empresas que había enviado Isaac, y algo me pasó al ver el logo.
Nathaniel Vance.
Supongo que ese es mi nombre.
El corazón me palpita errático en el pecho, pero mantengo una expresión neutra. No sé cómo actuar. Estas personas parecen quererme y me demuestran mucho afecto, pero yo no siento nada. El rostro de ambos se me hace vagamente familiar.
Lo que necesito en este momento es más información. Una parte de mí quería descubrir la verdad sobre mi pasado, pero la otra tenía pánico. Supongo que no me quedan más opciones, porque al parecer la verdad me encontró.
—¿Qué me pasó? No recuerdo nada, salvo los últimos tres años.
No tengo la menor intención de confesarles dónde me desperté ni cómo llegué aquí. Aún no sé si puedo confiar en ellos, y prefiero ver qué tienen para decirme.
—Ese día te llamaron para una reunión de emergencia en uno de los casos que estabas llevando.
Un magnate que había contratado seguridad porque lo estaban amenazando con matarlo por un negocio que había salido mal.
Tomaste un helicóptero para llegar a su mansión en Long Island, pero parece que hubo alguna falla técnica.
Aún no sabemos bien qué pasó porque nunca se pudo recuperar la caja negra.
El hecho es que todos murieron en el accidente.
A pesar de que tu cuerpo nunca fue encontrado, también te dieron por muerto.
Analizo y desmenuzo la información en mi cerebro. Me estremezco cuando nuevos recuerdos se cuelan por mi mente.
Escucho las aspas del helicóptero sobre mi cabeza y hay una tensión palpable en el ambiente.
—Algo se acerca a nuestra dirección, señor Vance —dice el piloto con nerviosismo—. Iniciando maniobras de evasión.
—Nate, te dije que esta mierda no pintaba bien. No deberíamos haber venido —replica un hombre sentado a mi lado, vestido de negro.
—Esto no tiene nada que ver con el señor Richardson —respondo con seguridad—. Nos encontraron. Los mataron a todos y ahora vienen por nosotros, y no pienso dejar que se salgan con la suya. Habrá represalias.
—Impacto inminente. —La voz del piloto tiembla con pánico.
—Aborten —ordeno, y salto al vacío.
El aire impacta sobre mi rostro a toda velocidad. Gritos. Una explosión. Fuego sobre mi piel.
No fue un accidente. Intentaron matarme, y luego volvieron a intentar hacerlo cuando me escapé del lugar donde me retuvieron. Pero ¿quiénes? ¿Por qué?
Celine sigue sollozando, y siento un poco de culpa. Es mi esposa y estoy actuando como un maldito robot, pero es lo que me sale en este momento.
—¿Estás bien? —La voz de Rebecca me hace volver a la realidad. Volteo a verla, y la vulnerabilidad atraviesa su dulce mirada. Sacudo la cabeza y asiento.
Me dedica una tímida sonrisa y luego giro a ver a Matthew, que sigue hablando.
—Tan pronto descubrimos que estabas vivo, incluso antes de venir por ti, contactamos a nuestros abogados, y ya están trabajando para desestimar el acta de defunción y hacer que todo vuelva a tu nombre. Hemos estado al frente de la empresa desde que desapareciste, pero ya podrás volver a ello.
—Lo siento —le digo a la mujer, porque no es su culpa y estoy actuando como un imbécil—. Lamento no poder recordar nada.
Ella ahoga un sollozo aún más profundo, se limpia las lágrimas de la cara y se acerca a mí.
Me abraza, y no puedo hacer otra cosa que rodearla con mis brazos. Me siento incómodo. Rebecca está justo allí, viendo todo, y hace unos minutos estábamos envueltos en nuestra propia burbuja de felicidad.
Celine se aleja un poco y posa sus labios en los míos. No siento nada.
—Haré que lo recuerdes todo, mi vida —me susurra sobre la boca, y vuelve a su lugar en el sofá.
Volteo a ver a Rebecca, pero no me está mirando. Parece estar haciendo un gran esfuerzo por ver hacia otro lado.
—Ahora, cuéntanos tú, Nate. ¿Qué te pasó? ¿Dónde has estado todo este tiempo? —pregunta Matthew.
Tengo tantas preguntas, pero… ¿cómo puedo estar seguro de poder confiar en Matthew? Si algo he aprendido desde que me convertí en Jack, es que no se puede confiar en nadie sin tener toda la información sobre la mesa. Incluso entonces, la confianza siempre es endeble.
—Pasé los últimos años viviendo en la calle —confieso en tono neutro—.
Hace unas semanas, conocí a Rebecca. —Me giro hacia ella, pero sigue sin mirarme—.
Me ofreció ayuda y… estoy trabajando para ella.
En su equipo de seguridad. — Hago una pausa porque resulta hasta gracioso.
Soy dueño de una empresa de seguridad y terminé trabajando para Rebecca como guardaespaldas.
— Supongo que hay cosas que la mente no recuerda, pero el cuerpo sí.
—Gracias por ayudar a mi esposo, Rebecca —le dice Celine—. Eres un ángel. Ahora él podrá volver a casa conmigo, y todo gracias a ti.
Rebecca sonríe, aunque con incomodidad, y responde:
—No… —Tartamudea—. No hay de qué. No he hecho nada, es Jack… Ehmm… Nate, el que me ha ayudado a mí.
—El helicóptero parte en un par de horas, amigo. Agarra tus cosas. Nos vamos.
No estoy preparado. ¿Irnos? A una vida que no recuerdo, con gente que no recuerdo y sin previo aviso… Además, no puedo dejar a Rebecca sola, menos después de todo lo sucedido los últimos días. Ella me ayudó, y no puedo abandonarla así como así.
—No. —Es lo primero que me sale—. No me puedo ir. Tengo un trabajo. Debo cuidar de Rebecca y de su hija.
Celine abre los ojos de par en par y mira a Matthew como pidiéndole que la rescate.
—Nate, necesitas volver a casa. Podemos enviar a cualquier persona para hacer el trabajo de campo. Tenemos demasiadas cosas que poner en orden; no te puedes quedar aquí.
Giro la cabeza y miro a mi jefa. Ahora sí me ve, y noto en su mirada una humedad que no estaba allí antes. No estoy seguro de lo que dice su expresión, y me muero por saberlo.
—Tienen razón — afirma con la voz un tanto quebrada —. Es tu oportunidad para recuperar tu vida. No es necesario que manden a nadie más; hablaré con Golden Security para que te reemplacen. No te preocupes por nosotras. Debes preocuparte por ti y por recuperarte.
Tiene sentido lo que dicen todos, pero no me quiero ir, maldita sea.
—¿Helicóptero a dónde? —pregunto.
—Nueva York. La sede principal de NV Security queda allí, y también tu departamento.
Miro a Rebecca y sus dulces ojos verdes me atraviesan por completo.
—Necesito hablar contigo —le pido—. A solas.
Se pone nerviosa y comienza a balbucear.
Me pongo de pie. La tomo de la mano.
—Ya volvemos —les comento a Matthew y Celine.
La llevo hasta mi habitación y cierro la puerta a mis espaldas. Un silencio ensordecedor nos rodea, y segundos después lo rompo.
—No te quiero dejar, Becca. —Me acerco a ella y subo la mano hasta su mejilla. Se estremece bajo el roce de mi piel—. No debería irme cuando más me necesitas.
Pero si ellos me encontraron tan rápido, no sé quién más pueda hacerlo.
Cierra los ojos por largos segundos e inclina su rostro para acercarse más.
—Debes hacerlo, Jack. —Los vuelve a abrir y me mira. Lo sé. Sé que lo que dice es así, y no por los motivos que ella cree—. Perdón, supongo que debo llamarte Nate. No me termino de acostumbrar.
—Puedes llamarme como quieras, princesa.
—Sacudo la cabeza con impotencia—. No es justo.
Me ayudaste, literalmente me sacaste de la calle, me diste un techo, un trabajo, y…
—Me río sin gracia—. Me has dado mucho más de lo que imaginé.
No quiero irme cuando estás en peligro. Pero creo que debo hacerlo.
Algo en su expresión se rompe.
—Yo estaré bien. Le preguntaré a Alissa si quiere reemplazarte y te juro que nos mantendremos en contacto.
Gracias por querer ayudarme, pero tienes algo más importante, y es reconstruir tu propia vida.
—Baja la voz, como si fuera a decir un secreto de estado—.
Si alguien intentó matarte, debes descubrirlo, Nate.
Si se enteran de que vuelves, podrías estar en un peligro incluso más grave que yo.
Eres el dueño de una empresa de seguridad privada, y seguramente tengas miles de enemigos. Prométeme que te cuidarás, por favor.
Inhalo hondo, apoyo mi frente contra la suya. Mis pulgares viajan por la piel de su cintura. Sé que tiene razón. Todos tienen razón, pero… ¿qué puedo hacer si lo único que tengo por seguro es que no me quiero separar de esta mujer?
Poso mis labios sobre los suyos, y el beso que nos damos está cargado de nostalgia y anhelo por un vínculo que estuvo destinado al fracaso incluso antes de comenzar.
—Una condición —le pido. Le rogaría por esa condición.
—¿Cuál? —La humedad en sus ojos es más profunda, y tan cerca como estoy de ella, puedo detallar cada peca de su hermoso rostro.
El corazón me late, pero la sangre no corre por mis venas. No puedo pensar.
—Hablaremos todos los días. Me contarás cualquier cosa que pase y estaré aquí para ayudarte si lo necesitas. No quiero perderte. No puedo perderte.
—Hecho. —Sonríe con tristeza y me extiende la mano—. Solo si tú prometes que harás lo mismo. Quiero saber de ti, lo que vayas descubriendo, y quiero saber que estás bien. Júralo.
—Lo juro —respondo, y lo digo en serio. La única persona en todo el mundo a la que le quiero contar mis cosas es a la mujer que tengo frente a mí en este momento.
—Ahora debes prepararte para irte con tu esposa y tu amigo, Nate.
Las miradas dicen más que mil palabras, y ese momento es prueba suficiente.
—Quiero despedirme de Frannie.
Ella niega con la cabeza.
—Prefiero no despertarla, y… —Suspira con tristeza y me toma de la mano.
Su piel es suave y tersa. El calor que emerge de ella me abraza—.
Ella no se lleva bien con las despedidas.
Mañana le contaré que tuviste que irte por un tiempo, pero que pronto volverás a despedirte.
¿Sí? Cuándo estés más estable, ¿volverás? Así sea solo para despedirte.
—Volveré. —Sello mis labios con los de ella, y siento por primera vez en lo que recuerdo de vida, que el corazón me duele.