62 REBECCA BEAUMONT
¿Nate?
¿Esposa?
¿Qué diablos acaba de pasar?
Jack no parece reaccionar. Está paralizado observando a la mujer que se encuentra en la puerta y que parece una modelo de Victoria’s Secret.
Los celos me queman por dentro luego de ver cómo lo besaba.
Me hierve la sangre. Quiero sacarla a patadas de mi casa y encerrarme de nuevo con Jack en su habitación.
Me cuesta entender. No soy consciente de mi entorno, hasta que de pronto me doy cuenta de que la mujer no está sola.
Un hombre ingresa tras ella y rodea a Jack con un abrazo cargado de camaradería.
—No puedo creer que estés vivo, hermano. —¿Esas son lágrimas?
La voz de Jeremy suena atrás de los desconocidos.
—Señora Beaumont, ¿está todo bien?
Jack voltea a verme; nunca lo vi tan confundido.
—¿Qué está pasando, Nate? —dice la mujer, y luego me ve—. ¿Quién es ella?
—¿Nate? —Es una pregunta y una afirmación a la vez lo que sale de mi boca. Porque es obvio lo que está sucediendo, solo que no lo quiero aceptar. Jack en realidad se llama Nate, y al parecer es un hombre casado. El anillo gigante en la mano de la modelo es pista suficiente.
—No sé quién eres —balbucea Jack hacia la mujer, y luego voltea hacia el hombre—. Ni tú.
Debo intervenir. Obligo a mi cuerpo a moverse y a mi boca a hablar.
—Por favor, pasen. Me parece que tenemos mucho que hablar. Jeremy, está todo bien. Luego te explicamos.
Él asiente y vuelve a su posición.
Nunca el pasillo de mi casa se sintió tan largo. Lo que generalmente tardo unos pocos segundos en atravesar, esta vez parecen horas eternas.
Los guío hasta la sala en un silencio sepulcral.
—Siéntense, por favor. ¿Puedo ofrecerles algo para tomar?
Todos niegan con la cabeza.
La modelo se sienta al lado del «hermano» y Jack se coloca en uno de los sillones individuales. Yo tomo asiento en una silla, y de pronto la mujer se pone a llorar desconsolada. Todo se vuelve aún más incómodo.
—¿Quiénes son? —pregunta Jack. Aunque, bueno, supongo que es Nate. ¿Debería llamarlo así ahora?
—Celine, cariño —dice ella—. Tu esposa. ¿No me... recuerdas? —Ahoga un sollozo y toma de la mano al hombre—. ¿Qué te pasó? Él es Matthew. Tu mejor amigo.
—¿De verdad no recuerdas nada? —murmura Matthew con la mirada sombría.
Jack/Nate niega con la cabeza.
—¿Cómo sé que es verdad lo que dicen? —espeta.
Celine toma su teléfono y comienza a buscar algo en silencio y luego se lo entrega a J… Nate. Me asomo porque no me importa ser indiscreta o metida en este momento. Solo sé que necesito más información.
En las fotos se ven ellos, juntos… El día de su boda.
Siento que el alma se me sale del cuerpo y se pierde por la estratósfera.
Una cosa es sospecharlo, oírlo… pero ¿verlo?
Lo nuestro no llegó ni siquiera a empezar y ya se acabó. Era obvio que nuestra “relación” no iba a ningún lugar, pero realmente no quiero perderlo. No tan pronto, al menos.
Me siento como una mierda por estar pensando en mí en este momento. Este hombre maravilloso acaba de recuperar a su familia, y aquí estoy yo, pensando en que no lo tuve suficiente tiempo para mí.
¿Qué diablos pasa conmigo?
Sigo siendo la misma mujer egoísta que siempre he sido.
Jack levanta la cabeza, con expresión neutra.
—¿Cómo me encontraron?
Es Matthew quien responde porque Celine está sollozando.
—Eres viral. Estás en todas las redes sociales salvándole la vida a un niño.
Cuando te vi, no lo podía creer. De inmediato llamé a Celine y hablamos con el jefe del equipo de seguridad y comenzaron a investigar hasta que dieron con la dueña de la casa, le preguntaron por ti y nos pasaron esta dirección. No fue difícil, la verdad.
Mierda, los videos de Jack salvando a Dean se viralizaron. Yo apenas uso redes sociales y no me enteré de nada, y él… menos que menos.
—¿Qué equipo de seguridad? —pregunta Nate, y es muy extraño llamarlo así. Sus preguntas son técnicas, sin emoción. Va al grano y no demuestra ningún afecto por ninguna de las dos personas que están allí.
—Eres el dueño de una de las empresas de seguridad más importantes del país, Nathaniel. NV Security. Tu nombre es Nathaniel Vance.