Cuando nos encuentren 60 REBECCA BEAUMONT
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60 REBECCA BEAUMONT

Tengo una necesidad extrema de recorrer cada centímetro del cuerpo del hombre que está tendido frente a mí.

Por fin deja que lo toque. Le quito el pantalón, y ahora su miembro está erguido frente a mí y no puedo dejar de mirarlo. Quiero tenerlo en mi boca. Saborearlo.

Pero antes quiero besar cada centímetro de su piel.

Quiero besar cada una de sus cicatrices y que entienda que es un hombre valioso. Sin importar quien haya sido en el pasado.

Su cuerpo es perfecto. Es puro músculo y fibra y lo siento en la yema de mis dedos. La electricidad nos recorre, como si por el hecho de tocarnos fuéramos a explotar.

Quizás sea posible. Quizás el cuerpo explote realmente por sobrecarga de estímulos, y eso sea lo que nos está pasando.

Aún me siento aturdida después del magnífico orgasmo que me provocó con su lengua.

Beso su pecho y su respiración se corta. Su corazón palpita acelerado. Beso cada magnífico abdominal, cada curva y cada maldita cicatriz hasta llegar a su centro.

Le doy una larga lamida y jadea.

Dios, ese sonido.

—Me vas a matar. —Su voz en su susurro ronco y ahogado.

No respondo, solo lo miro a los ojos, mientras tomo su pene con mi boca y lo recorro sin piedad.

—Princesa, para… —replica desesperado—. No voy a aguantar. Quiero estar... —No puede hablar; está haciendo un enorme esfuerzo por pronunciar las palabras sin quebrarse—. Quiero estar dentro… de ti, pero… voy a acabar si sigues haciendo… eso.

Quiero que se corra en mi boca, y verlo mientras lo hace.

No le digo nada.

Solo continúo succionándolo mientras veo cómo se estremece sin ningún tipo de control. El corazón se va a salir de mi pecho. Me siento feliz. Me siento segura, y estoy completamente excitada.

—Prin… Oh, Dios mío.

Siento como las venas se inflaman dentro de mi boca y, mientras sigo jugando con mi lengua, le acaricio el cuerpo, los muslos, los testículos.

Explota, y lo hace dentro de mí. Tal como quería. Lo veo retorcerse de placer, y gemir de una forma demasiado exquisita. Está entregado al momento, a mí.

Me trago el líquido espeso y salado, y siento gran placer al hacerlo.

Sus ojos brillan y me jala hacia él. Me besa. Me recorre todo el cuerpo con sus manos y nuestros cuerpos se funden en uno.

—Te necesito dentro de mí, por favor —le ruego.

—Mierda —dice—. No tengo condones.

¿Cómo no lo pensé antes?

En este momento, no me importa.

—No importa. Tomo pastillas.

Ya sé que eso no es lo único que importa, pero estoy en otro plano. No puedo pensar con claridad. Lo único que sé es que lo necesito dentro de mí ahora mismo.

—Pero… ¿Estás segura? —pregunta sin dejar de besarme. De alguna forma, nos estamos comunicando sin separarnos.

Asiento.

—Sí, por favor…

Niega con la cabeza y se pone de pie.

—¿Qué haces? —le pregunto desesperada.

—Creo haber visto unos en el cajón del baño.

Veo su escultural cuerpo alejarse, y su culo es perfecto. ¿Es legal tener ese culo? No debería serlo.

Vuelve a los pocos segundos con una sonrisa en los labios, y con la boca rompe el envoltorio y se pone el condón de la forma más sexy que pueda existir.

—No me preocupa por mí —dice cuando está a mi lado—, pero tengo que cuidarte… incluso de mí.

El corazón me explota porque… ¿Qué mierda? ¿Qué hombre en el planeta piensa en eso cuando una mujer le dice que no use un condón?

¡Ninguno! Esa es la respuesta. Y la realidad es que lo agradezco, porque no sé nada de Jack, y estoy muy segura de que no se ha hecho estudios. Mañana estaría bastante preocupada de no ser porque…

Oh, Dios, se restriega y se hunde en mí. Me siento completa. Comienza a entrar y a salir y la fricción del roce es demasiado. No puedo aguantarlo, y él tampoco… Gruñe, y en poco tiempo ambos explotamos nuevamente.