Cuando nos encuentren 53 JACK
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53 JACK

La sensación que tengo en este momento me desespera. Es desconocida. No, ya la sentí antes. La sentí en el momento en que me contó que iba a tener una cita y la siento ahora, cuando el imbécil que tiene enfrente no aprende a guardarse las putas manos para sí mismo.

No, no es necesario tocarla cada cinco minutos con una excusa de mierda. Menos mal que el vaso que sostengo es grueso, porque si no ya habría cientos de cristales volando por los aires.

Quiero agarrarla, sacarla de allí y llevármela a casa. Que nadie más ponga una mano sobre ella.

El vestido se ciñe a cada curva de su escultural cuerpo y me lanza una corriente directamente a la verga.

Me siento horrible porque no debería pensar en ella de esa forma, pero no puedo hacerme el idiota.

Si hay algo que no soy, es idiota, y no necesito ser un maestro leyendo a la gente para saber que entre Rebecca y yo hay chispas que saltan por todos lados.

Podríamos provocar un incendio muy fácilmente.

Eso es lo que trato de evitar manteniéndome lo más alejado posible, dadas las circunstancias.

Sé que ella hace el mismo intento, pero las miradas que cruzamos por segundos demasiado largos, los roces involuntarios… Maldita sea, esa mujer es como un puto imán. No importa dónde esté, ni qué esté haciendo, pero me atrae a ella y no me puedo controlar.

Estoy tratando de pasar desapercibido, e intento decirme a mí mismo que solo la estoy viendo de esa forma porque es parte de mi trabajo, pero no engaño a nadie.

Estoy deslumbrado, y no puedo dejar de mirarla porque no solo es un puto espectáculo por fuera, sino que también lo es por dentro.

Cada día que pasa estoy más hundido en el barro.

Ella sonríe.

Él se ríe y le vuelve a poner una mano en el brazo, y ella, segundos después, hace un gesto despreocupado y se libera del toque de Oliver. Nombre de idiota. Lamentablemente, pasó el chequeo de antecedentes.

Si hubiese sabido que verlos me generaría este nivel de ira, me hubiese inventado una excusa para no venir. No, sé que es mentira; no entiendo por qué estoy tratando de engañarme a mí mismo.

Están sentados el uno al lado del otro, y eso hace que estén aún más cerca. Necesito que esta puta pesadilla se acabe ya.

Ya terminaron de comer. Paciencia. Debe de faltar menos, aunque aún siguen bebiendo el vino, y ya se ha tomado como tres copas. La noto más achispada, más ligera. Si este imbécil trata de emborracharla o se sobrepasa con ella, no me importa lo que me suceda, pero voy a arrancarle la maldita cabeza.

Él le dice algo más y ella se ríe de nuevo. Cuando vuelve a ponerle la mano en el brazo, estoy a punto de pararme de esta silla y estallar.

Sigo mirando el perímetro; no hay moros en la costa. No hay peligro. La zona está asegurada y se han verificado los antecedentes de todos los trabajadores y asistentes a la cena.

No tengo una excusa, pero maldita sea, quiero una para llevármela a casa.

Él se acerca un poco más y… posa sus labios sobre los de ella.

¿Los humanos somos capaces de echar humo literalmente por la piel?

Porque eso es justamente lo que me está pasando.

Estoy hirviendo de la rabia, y me da miedo.

No debería sentirme así. Rebecca no es nada mío y jamás lo será.

Objetivamente, entiendo que tiene no solo el derecho de rehacer su vida, sino que además se lo merece.

Pero ¿no puede esperar a que yo esté a kilómetros de distancia? Verlo me está matando.

Justo cuando vuelvo a sentir algo, me doy cuenta de que en este momento desearía no hacerlo.

Necesito que este día acabe.

Ella le devuelve el beso, y él le agarra la cara para profundizarlo.

Ella se separa con las mejillas sonrojadas.

Aprieto más el vaso y trato de controlar mi respiración agitada. La rabia que corre por mis venas me consume.