Cuando nos encuentren 51 JACK
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51 JACK

—¿Qué están haciendo para atrapar al desgraciado? —Trato de mantener la voz baja. Frannie está en su cuarto, haciendo la tarea, y no quiero alterarla.

—No entiendo cómo pudo acercarse de esa forma a tu hija, Rebecca. —Isaac, de pie en el medio de la sala de estar, mira a Rebecca, y puedo palpar su frustración—. Hablé con los guardias, y nadie sospechoso ingresó al colegio.

—Ella me dijo que el dibujo se le dio a un niño —responde, aún con la voz quebrada. No ha salido de la depresión por la muerte de Cade, y ahora debe enfrentarse a esto—. Le dijeron que me lo entregara y me diera el mensaje. Se llama Brad. Estudia con ella.

Isaac toma el teléfono y hace una llamada.

—Necesito que envíen a un equipo a entrevistar a un compañero de Francheska. Se llama Brad. Y no me interesa cómo van a lograr que los padres accedan; hagan lo que tengan que hacer.

Cuelga y vuelve con nosotros.

—No sé cómo está haciendo, Rebecca, porque te juro que no hay rastro de él.

En ningún lugar. Hemos barrido las cámaras de seguridad de manzanas a la redonda los días que recibiste los paquetes, y la persona que deja el paquete es identificable hasta que en algún momento se pierde de vista y no podemos seguirlo.

No parece él, por la estatura y la composición corporal.

Quizás contrata gente para hacer las entregas y así pasa desapercibido, pero tampoco hemos podido dar con esas personas. Es como si fuera un fantasma.

—¿Y si no es él? —pregunto.

Ambos voltean a mirarme como si acabara de decir la estupidez más grande del mundo, pero algo cambia en los ojos de Isaac… Una duda.

—Es él —confirma Rebecca.

—¿Cómo estás tan segura? —le pregunto.

—¿Es en serio, Jack? Después de todo lo que te conté… ¿Aún lo dudas?

—Solo estoy diciendo que estas pistas no nos están llevando a ningún lugar. Deberíamos abrir el abanico.

—Tiene un punto —agrega Isaac, con la expresión pensativa.

—Tiene un punto —le dice un hombre uniformado a otro. Ambos están sentados a mi lado, en una vieja casona que parece que en cualquier momento se vendrá abajo. El frío se cuela por mis huesos.

—Tenemos años en esto. Si estuviera sucediendo eso que dices... —Me mira con una chispa de desconcierto. De negación—. Lo sabríamos. No habría forma de no saberlo.

—¿Cómo lo sabríamos si jamás lo hemos cuestionado? —replico. Me mantengo firme en mi convicción.

Ambos me miran en silencio. Luego, se miran entre ellos y, antes de que cualquiera pueda contestar, un estallido nos saca de la conversación.

—¡Estamos bajo ataque! —Un grito conocido se escucha a la distancia, opacado por el sonido continuo de las balas.

Antes de pensarlo, ya tenemos las armas cargadas y caminamos directo hacia el enemigo.

La voz de Rebecca me trae de vuelta a la realidad, y sacudo la cabeza, frustrado por los recuerdos que no comprendo y que se sienten ajenos a mí. Sacudo la cabeza y me concentro en su voz.

—¿Abrir el abanico? Benjamin es la única persona en toda mi vida que me ha llamado Becky. Estaba obsesionado conmigo, y por mi culpa tuvo que huir del país. Estoy bastante segura de que es la única persona con motivos para torturarme psicológicamente. Además, estaba mal de la cabeza, se los juro.

La frustración se escapa por los poros de su tersa piel, y la ira emana de los de la mía.

—¡Deja de decir eso! —espeto en un tono más alto del que me hubiese gustado.

Ambos giran a verme, pero ella lo hace con sorpresa.

—¿Qué tengo que dejar de decir? —No le gustó para nada mi reacción, pero a veces hay que decir las cosas aunque duelan. La forma es lo que podemos controlar, y ahí fallé.

—Que tuvo que huir del país por tu culpa, por ejemplo. Nada de esto es tu maldita culpa, y necesito que dejes de repetirlo.

Larga un suspiro y veo comprensión en su mirada. Agacha los hombros.

—Supongo que tienes razón; me expresé mal. Pero nada de eso hace que sea menos cierto lo que te digo. La única persona con motivos para buscarme es Benjamin. Tiene que ser él.

—Si hubiese entrado al país, ya lo habríamos encontrado en alguna cámara de seguridad, y nada. Es como si fuera un puto fantasma —agrega Isaac.

—Necesito que lo atrapen, por favor. De verdad no puedo seguir así. ¿Ahora ni siquiera puedo mandar a mi hija a la escuela? ¿Qué se supone que tengo que hacer?

—Ya hablé con James, y Alissa a partir de ahora la acompañará durante las clases, en su salón. Con una mujer se sentirá más cómoda. Un nuevo equipo se hará cargo de la guardia nocturna, y será de tres personas.

—No es suficiente —comento—. Necesitamos pistas. Pistas reales, y si la investigación no está yendo a ningún lugar, van a tener que hacer algo para cambiar eso.

—Lo sé, Jack. —Isaac suena molesto, pero me importa una mierda—. Créeme que lo sé, y estamos trabajando en eso. No me digas cómo hacer mi maldito trabajo.

—Pues parece que…

Rebecca interrumpe sabiamente antes de que diga algo de lo que luego vaya a arrepentirme.

—Así como no es culpa mía, tampoco es culpa de Isaac.

—No estoy diciendo que lo sea. Sé que estás ayudando desde el minuto uno, pero no estamos teniendo ninguna novedad y el hijo de puta se está acercando demasiado.

Rebecca no va a vivir toda su vida rodeada de guardaespaldas para evitar que un maldito acosador se acerque a ella. Hay que detenerlo, y ya.

—Entonces, estamos todos de acuerdo —agrega Isaac. A pesar de ser un hombre grande, su rostro emana bondad. Es mediador, y creo que eso lo ayuda mucho a hacer su trabajo.

—Estamos de acuerdo —respondo.

—Lo siguiente que voy a decir no puede salir de esta habitación —comenta él.

Busca algo en la parte de atrás de su pantalón y me entrega una Glock de nueve milímetros.

La tomo—. No puedes estar sin armas. Y no sé qué pasa contigo, pero Rebecca me aseguró que, a pesar de que no puedas acceder a una, podía confiar en ti.

No estoy haciendo eso, Jack. Estoy confiando en Rebecca, y todo lo que ha pasado me demuestra que su guardaespaldas in house no puede estar desarmado.

Lo único que te voy a decir es que si una sola bala de esa arma llega a un lugar que no debería, te vas a arrepentir...

Y me voy a asegurar de que pases toda tu vida tras las rejas.

—Gracias —me limito a responder.