Cuando nos encuentren 47 REBECCA BEAUMONT
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47 REBECCA BEAUMONT

De pronto, vuelvo a tener la horrible sensación de que alguien me está observando. Y no, no me refiero a la mirada de Jack. Esa me hace sentir protegida. Me refiero a la otra sensación. La que me da miedo.

Miro a mi alrededor, pero no veo más que a gente elegante hablando, riendo, bebiendo y comiendo.

Necesito un poco de aire y quiero hablar con Frannie, por lo que salgo hacia el pasillo en dirección al baño.

No hay prácticamente nadie de camino, pero no dejo de mirar sobre mi hombro, paranoica.

No hay moros en la costa.

Ingreso al baño y lo primero que hago es retocar mi maquillaje. En pocos minutos tendré que hablar, y quiero estar presentable.

Luego saco mi teléfono de la cartera y llamo a Mason.

—Hola, Rebecca. —Es el tono de voz que usa desde todo el problema con Jack. Pero como mi intención no es hablar con él, no me molesto.

—Mason, ¿me pasas con Frannie?

—Está por irse a dormir —responde a secas.

—Será solo un momento. Por favor.

Escucho que da unos pasos de mala gana, y luego se oye la voz dulce de mi hija.

—¡Hola, mami! ¿Cómo la estás pasando en tu gran fiesta?

Sonrío. Ya la extraño.

—Mi amor, la estoy pasando genial, pero me haces falta tú. Te extraño, pequeña.

—Yo te dije que quería ir.

—Lo sé, cariño, pero no es un evento para niños. Mañana celebramos juntas, ¿qué dices?

—¡Me encantaría! Quería comprarte un regalo por tu gran logro, pero no tengo dinero.

Su voz en esa última frase es triste y, si bien no la estoy viendo, sé exactamente la cara que está poniendo.

Se me estruja el corazón al pensar en que quería regalarme algo; que a tan corta edad tenga la idea de darle un regalo a otra persona por algo que no sea un cumpleaños. Sin dudas, algo bien estoy haciendo.

—Papi me dijo que no tenía dinero para el regalo. Lo siento, mami.

Sí, claro que el banquero no tenía dinero para que su hija me comprara algo. Pero no lo digo.

—Ay, amor, muchas gracias por pensar en mí. Solo el gesto de querer hacerlo es el mejor regalo que me puedan dar. Ahora debo irme. Te extraño. Duerme bien, ¿sí? Nos vemos mañana y celebramos.

—Te amo, mami.

—Te amo, bebé.

Corto la llamada y sonrío porque tengo la mejor hija del mundo.

Me encuentro sola en el baño, y estoy por salir cuando escucho un golpe sordo en el pasillo.

DIEZ AÑOS ATRÁS

Un golpe sordo sale de una de las habitaciones de la casona.

Es la primera vez que vengo a una ceremonia de unión energética.

Hace meses que mí prometido ha sido más abierto respecto a sus creencias, y me ha explicado más sobre The Inner Flame , la organización espiritual a la que pertenece. Es una comunidad muy unida y abierta. A todos sus amigos los ha conocido allí.

Aún no sé a ciencia cierta los detalles de su filosofía, pero todo está muy vinculada al sexo y a la energía sexual.

Camino nerviosa por la sala. Los asistentes visten ropas muy sueltas y beben un trago especial que prepararon para la noche. Su mano toma la mía y me brinda toda la seguridad que me falta.

—No pasará nada para lo que no estés preparada —me recuerda.

Le sonrío, aún nerviosa. Tomo su mano con más fuerza y bebo un sorbo de la bebida algo amarga.

Recorro la sala con la mirada. Mis ojos se posan en un cartel grande en una de las paredes: «Somos una comunidad de almas despiertas comprometidas con el despertar de la llama interior: una energía ancestral que arde en cada ser humano y nos conecta con el verdadero propósito del alma.

Nuestra misión es liberar al individuo de la opresión del ego, la mente condicionada y las estructuras sociales impuestas por el mundo moderno.

Usa tu energía sexual para acceder a la llama».

Otro golpe sordo. Cada vez llegan más personas al lugar. Lo saludan con expresión de admiración, y él me presenta a quienes no conozco como su prometida. Me siento importante. Imponente. Estar a su lado es todo un lujo.

—Hola, Becca. —Elijah me saluda con un beso—. Te ves increíble.

—¿Cómo estás?

—Todo muy bien. —Luego, saluda también a mi prometido.

—Buenas noches. —La voz ronca viene detrás de Elijah, y observo a Harry. Luego de lo que sucedió cuando lo conocí por primera vez, aún me pongo nerviosa a su alrededor, a pesar del tiempo que ha pasado.

—Hola Harry. Qué bueno verte.

Se acerca a mí y me besa la mejilla. Luego saluda a los otros hombres con un apretón de manos.

—¿Listos para esta noche? —pregunta Madison, sumándose al grupo. Su vestido de tela transparente deja muy poco a la imaginación.

—Siempre listo para alimentar la llama —responde él, y entrelaza sus dedos con los míos.

Un cosquilleo me recorre el cuerpo. El alcohol está actuando rápido. Lo agradezco. De otra forma, no sé si podré superar la noche. No sé a ciencia cierta en qué consiste la ceremonia, pero puedo imaginarlo.

Mi prometido me coloca la mano en la espalda y me guía por un pasillo. Varias personas caminan a nuestro lado en la misma dirección.

Una puerta se abre e ingresamos a una sala enorme. Las personas se aglomeran en un círculo y, en el centro de la habitación y atada a una cama, hay una mujer desnuda.

El corazón se me paraliza por un segundo. Me pongo nerviosa y comienzo a temblar.

La mujer parece un poco ida, pero está relajada y una sonrisa sutil se pinta en su rostro.

A los pocos minutos, todo el círculo se completa alrededor de ella.

—¿Estás bien? —me pregunta al oído en un susurro.

Asiento.

Pero ¿lo estoy?

Ver es una cosa, pero él quiere que me una y, para poder hacerlo, yo misma debo pasar por una ceremonia de unión energética. ¿Estoy dispuesta a ello?

No puedo negar que me da curiosidad la situación, y sobre todo que la gente lo tome tan natural.

Dentro de todo, tienen razón… El cuerpo y el sexo son un tabú en la sociedad.

¿Por qué no podemos disfrutar de nuestra sexualidad de forma libre?

La monogamia es una construcción social.

Religiosa. No es natural. Los celos y el apego solo son producto de las inseguridades, y eso se supone que nos aleja del propósito real de nuestras almas.

Ellos se ven tan libres... Viven bien incluso en lo económico; todo les fluye de forma perfecta. Estoy segura de que es porque han logrado conectar con algo superior.

Un hombre ingresa por la puerta de la habitación. La luz de las velas es lo único que ilumina el lugar, y las sombras se funden entre los asistentes.

El hombre lleva una capa blanca que cubre todo su cuerpo, así como una máscara del mismo color. Solo se ven su boca y mandíbula. Es alto. El aura que proviene de él es intensa.

—Es el Flamekeeper —me comenta al oído—. A través de él se canaliza la energía, y abre la puerta para que puedas conectar con tu llama. Por eso es tan importante esta ceremonia.

—¿Si... siempre es con él? —balbuceo, nerviosa, al pensar que tendré que pasar por eso con alguien que no sea mi prometido. Aún no he estado con otra persona desde que lo conocí, pero sé que es inevitable si quiero que continuemos juntos.

—Sí, claro —responde.

El hombre se sube a la cama y la mujer se estremece.

Él se quita la capa y deja ver su cuerpo musculoso. Todo es fibra. Su miembro se alza erecto frente a él.

Todos en la habitación se arrodillan, y no tengo más remedio que hacerlo.

Vemos la escena en silencio. Solo se escuchan las respiraciones entrecortadas de la mujer.

El Flamekeeper comienza a besar su cuerpo lentamente, y ella se remueve. Gemidos. Respiraciones.

Luego, toma su pene y la penetra sin piedad.

La escena se desarrolla frente a mis ojos. Nuestros ojos. No sé qué pensar o qué sentir.

A los minutos, él se retira de su interior, y los hombres que han estado observando se ponen de pie uno a uno y se turnan para poseer a la mujer.

Llega el turno de mi prometido, y el alma se me cae a los pies.

Una cosa es la teoría. Otra, la práctica.

Los celos se apoderan por completo de mi cordura cuando observo cómo acabó dentro de la mujer. El semen de más de una decena de hombres se escurre por sus piernas, incluido el de mi prometido.

El corazón me comienza a latir desenfrenado, y el pánico sube por todo mi cuerpo. Estoy segura de que el único rastro de color que tengo en este momento es el vestido que llevo puesto.

Retrocedo. Lo hago hasta chocar contra una pared.

No puedo moverme. No puedo reaccionar. Debería llamar a seguridad, pero estoy muy ocupada teniendo un ataque de pánico como para poder hacerlo.

La manija del baño se mueve y de pronto la puerta se abre de golpe.

Siento cómo el aire se me escapa de los pulmones, y creo que me voy a desmayar hasta que veo a Jack ingresar al baño con el ceño fruncido y una mirada de preocupación.

Permito que el aire nuevamente ingrese en mí y suspiro, aliviada.

—¿Qué fue eso? —le pregunto, y él se acerca a mí.

—¿A qué te refieres?

—El sonido. Escuché algo caer y me asusté. Mucho.

—Ah, un señor un poco borracho se cayó en el pasillo.

—Ah. Ahora me siento algo tonta por asustarme.

—Yo me asusté porque tardabas mucho en salir, y pensé que había dejado que te mataran porque entraste al baño sin avisar y no tuve tiempo de chequear el interior.

Sonrío. ¿Por qué? No lo sé, pero la preocupación que veo en sus ojos me hace sonreír.

—¿Te da risa?

—Para nada, solo que es muy específico todo lo que dijiste.

Da un paso más hacia mí. ¿Se acuerdan de la tensión que había en la casa antes de irnos? Pues aquí podríamos multiplicarla por mil. Además, el lugar, la decoración, nosotros vestidos así... Por Dios, tengo un crush por mi guardaespaldas, y es innegable. Necesito salir de aquí.

Me dirijo hacia la puerta cuando de pronto la luz se apaga y nos quedamos completamente a oscuras.

—Mierda —maldice por lo bajo—. No te muevas.

—Se mueve como un rayo y escucho como carga algo y lo apoya contra la puerta del baño que no tiene seguro.

De pronto me toma por la cintura y me pega completamente a él.

Tengo su cuerpo duro y gigante detrás de mí, y no sé si el corazón me dejó de latir por el miedo o por la excitación.

Escucho cómo abre una de las puertas de los cubículos del baño y hace que ingresemos.

No muevo un solo músculo. Apenas entramos los dos allí.

Sigo pegada a su cuerpo y su mano sigue en mi cintura. Lo único que percibo es oscuridad, el sonido de su respiración y el aroma de su cuerpo.

Se acerca a mí y me susurra al oído.

—No te muevas ni hagas ruido.

Acto seguido, habla con el resto del equipo de seguridad.

—Ojos en swan —replica en voz baja—. ¿¡Qué mierda pasó con la luz!?

—Estamos trabajando en eso. —Escucho la voz de Alissa—. ¿Dónde están?

Jack duda antes de responder.

—Si las comunicaciones llegan a estar comprometidas, estaría delatando su posición. No lo diré salvo que sea el último recurso.

—Copiado.

Se corta la comunicación y vuelve a susurrarme al oído.

—No dejaré que nada te pase, Becca. Puedes estar segura de eso.

De alguna forma, lo estoy. Estoy segura de que ese hombre, que conocí hace muy poco, daría su vida por protegerme y ni siquiera por el hecho de que le pago un sueldo por ello, sino porque simplemente es así.

Y no digo que sea solo conmigo porque soy especial, sino que es lo que haría por cualquier persona.

Así como arriesgó su vida por salvar la de mi hija cuando ni siquiera nos conocíamos.

Es más; en ese momento, tenía buenos motivos para odiarme.

A pesar del traje, el calor que emana de su cuerpo me impacta.

Su mano se encuentra firme en mi cadera, y presiona mi costado con firmeza, como si tratara de anclarme allí, al suelo.

¿Uno puede tener miedo de que un psicópata trate de matarte y a la vez estar excitada por otro hombre?

Debería volver a terapia y preguntarle eso a mi psicóloga, porque estoy bastante segura de que siento ambas cosas.

Palpito por dentro, y no sé si la adrenalina y el miedo hacen que lo sienta todo más intenso o qué, pero puedo jurar que siento su corazón latir tan fuerte como el mío.

Me giro para tenerlo frente a mí. Su mano firme en mi cintura primero hace el intento de detenerme, pero luego cede. No puedo mirarlo. No hay ventanas y ni una sola luz ilumina el lugar. Lo único que siento es su cálido aliento cerca de mí. Cada vez más cerca de mí, y las piernas me tiemblan.

¿¡Me va a besar!?

¡Dios mío! ¡Sí!

¡Por favor, que me bese!

A la mierda todos los motivos que había pensado antes. ¡Necesito sus labios sobre los míos! Aunque sea una vez. Lo necesito con urgencia. Creo que estoy empapada, y el miedo quedó desplazado por esta sensación. Si voy a morir, por lo menos moriré feliz con un beso de este hombre.

De un momento a otro, la luz me encandila y puedo observar lo cerca que estoy de Jack. No se mueve. No me muevo. Nuestras respiraciones agitadas luchan por el protagonismo, y estoy segura de que él está sintiendo lo mismo que yo. Sus ojos son lava sobre mi cuerpo, y me quemo.

Baja la mirada un poco, y sus ojos se posan en mis labios. No tengo manera de evitar hacer lo mismo y detallar los suyos. Son gruesos. Son perfectos. Dios mío, tiene los labios más perfectos que vi en mi vida, y necesito acercarme y probarlos. Morderlos. Me voy a volver loca si no los pruebo.

Algo me saca de la nube de pasión y deseo.

Es el intercomunicador de Jack.

Se enciende.

Alguien habla.

No reconozco la voz.

Solo puedo identificar lo que dice.

—Hemos perdido a Cade.