Cuando nos encuentren 42 REBECCA BEAUMONT
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42 REBECCA BEAUMONT

Nos subimos a la camioneta para volver a casa y, cuando arranco a manejar, me suena el teléfono. Respondo en altavoz.

—Hola, Rebecca, ¿cómo has estado? —La voz de Isaac siempre me pone un poco los pelos de punta. No es su culpa; son las circunstancias.

—Bien —respondo hacia el parlante. Jack permanece en silencio a mi lado—. No he recibido nada más desde la última vez.

—Me alegra oírlo. Te llamaba para contarte las novedades.

Su voz no suena alterada. Quizás son buenas noticias.

—No hubo suerte con las pruebas que recolectamos. En la caja y en las notas solo hay huellas tuyas, de Jack y de los dos empleados que recibieron el paquete. Tampoco hay novedades de que haya ingresado al país, e Interpol aún no lo localiza.

—Es decir que las novedades son que no hay novedades —replica Jack.

—No exactamente —responde Isaac—. Han aprobado que reabramos la investigación. Por lo que, además de los guardaespaldas que contrataste, vas a tener un auto de policía siempre en tu casa, y vamos a contar con más recursos para poder investigar como corresponde.

—Supongo que son buenas noticias —comento sin mucha convicción.

—Lo son. Lo vamos a encontrar, ya vas a ver.

—Gracias por todo, Isaac.

—Estamos en contacto.

Cuelga y estaciono frente a casa.

Nos bajamos y caminamos hacia la entrada.

Se me cae el alma a los pies.

Un paquete.

Jack me mira y le devuelvo la mirada de inmediato.

Le hace una señal a Jeremy, y él baja corriendo de la camioneta y se acerca a nosotros.

—¿Qué pasa?

Jack señala a la caja.

Jeremy saca el arma de su estuche y, con el pie, mueve la caja hacia un lado.

—Quédate con ella —le comenta a Jack—. Voy a revisar la casa.

—No —responde Jack—. Tú quédate con ella. Yo reviso la casa.

—Pero no estás armado —rebate Jeremy.

—No necesito armas. —La seguridad que ese hombre desprende es abrumadora, pero no resulta chocante, sino reconfortante.

Jack abre la puerta e ingresa sigilosamente. Estaba cerrada con llave. La cerradura no estaba forzada, por lo que no creo que nadie haya entrado.

Trato de afilar el oído para escuchar dentro de casa, pero lo único que puedo oír es el sonido de los autos pasar y de mi corazón palpitar descontrolado.

—Richard, ¿alguna novedad? —Jeremy está al teléfono con él, y no puedo escuchar lo que le responde.

—Estate atento. Aquí recibimos un paquete. Informa a James y a la central.

Jeremy observa a su alrededor, con el arma en la mano por si tiene que utilizarla.

Siento la respiración pesada. Ha pasado demasiado tiempo. ¿Y si le pasó algo? ¿Y si había alguien adentro y lo apuñalaron?

—Tendríamos que entrar. Ya debería haber salido —comento, angustiada.

—Esperemos un poco más.

Escucho el sonido de una puerta cerrarse, pero nada más.

Unos momentos después, unos pasos acelerados. Jack abre la puerta.

Intacto.

Siento que finalmente puedo volver a respirar.

—Despejado —confirma.

Se agacha, toma el paquete entre sus manos y entramos los tres a la casa. Vamos hacia la cocina y lo deja en el centro de la mesa.

—Es más pesado —dice Jack—. No creo que sea una nota.

—¿Podría ser una bomba? —pregunto. No quiero que mi casa vuele por los aires. Ni nosotros.

—No —responde con seguridad—. Lo que sea que hay adentro se mueve. Si fuese una bomba, ya habría explotado.

—Uf, gracias por la tranquilidad.

Abre la caja. Tenía razón. No es una bomba, sino un teléfono.

Un teléfono que de pronto recibe un mensaje.

Jack lo levanta y lo revisa. Su cuerpo está tenso y un aura intensa emana de él. Sus ojos parecen letales.

—¿Prefieres no saberlo? —me pregunta, y me da la opción de escoger si prefiero saber qué dice y probablemente alterarme si es algo grave o si prefiero no saberlo y dejar todo en manos de mi equipo de seguridad.

Por supuesto que quiero saber qué dice.

—Dime —respondo con la voz temblorosa.

Baja la vista al teléfono y comienza a leer.

—«Becky, querida. Estás más hermosa que nunca. El cabello suelto te sienta bien. Esos pantalones ceñidos al cuerpo, color caramelo… Me dan ganas de arrancártelos a mordiscos».

La sangre deja de circular por mi cuerpo.

Acaba de describir lo que tengo puesto. A pesar de todo, bajo la cabeza para confirmar lo que ya sé, pero que no quiero creer.

Cuando lo hago, pierdo la capacidad de moverme y apenas soy consciente de mi entorno. Percibo vagamente cómo Jack saca su teléfono y comienza a hablar con alguien.

—Necesito que rastrees el número… —replica en tono frío, y luego dice algunas cosas más que no logro captar—. Un móvil de policía rastreando la zona… y que revisen las cámaras de seguridad para ver quién dejó el paquete.

Está aquí, lo sé.

Cada fibra de mi ser lo siente.

No es un amigo ni un cómplice… Es él. Y de alguna manera, me encontró.