40 REBECCA BEAUMONT
Jeremy —uno de los guardaespaldas de Golden Security— está ayudando a Jack con las bandejas del catering .
—Mil gracias por la ayuda, chicos. No era necesario. Yo podía.
—No hay de qué, señora Rebecca —responde Jeremy, y Jack me sonríe.
Estoy segura de que solo me sonríe así porque quiere acabar con mi cordura. Porque Jack no sonríe. No está en su esencia, pero desde hace unos días, especialmente desde la charla en el gimnasio, ha estado mucho más… suelto… Alegre… Cercano.
—Mami, ¿para qué es toda esta comida? —pregunta Frannie mientras observa las cajas repletas de alimentos.
—Vamos a llevarlas a unos refugios, Frannie. Para colaborar con personas que tienen pocos recursos —respondo.
—¿Yo voy con ustedes? —responde entusiasmada, y me alegra que mi hija sea una niña empática.
—No, cielo, recuerda que tu padre te viene a buscar y pasarás el fin de semana con él.
Hace un puchero, pero no dice más nada; adora a su padre, y los días en casa de él son como un viaje a Disney.
La puerta sigue abierta, por lo que Mason entra sin tocar.
—Permiso —se anuncia desde la puerta, y llega hasta la cocina, donde estoy organizando todo.
—¿Dónde está mi pequeña renacuaja? —le dice a mi hija, y esta sale disparada a sus brazos.
—¡ Papiiiiii ! —Lo abraza.
—¿Qué es todo esto? —me pregunta, y no me da chance de responder porque ella lo hace por mí.
—Mami y Jack van a llevar todo esto a personas que lo necesitan. ¿No es hermoso? ¿A que sí?
La sonrisa de Mason es tensa y falsa.
Jack y Jeremy están entrando con otra tanda de cajas, y Mason comenta con desprecio:
—No solo rescatas indigentes, sino que además ahora gastas tu dinero repartiendo comida a vagos. ¿Qué te pasó?
Miro directamente a Jack y temo que le dé su merecido. No me gustaría una escena violenta frente a la niña. Pero… Jack no dice nada. Se coloca a mi lado y acomoda las cajas como si nada. Saluda a Mason con un gesto de cabeza. Estoy bastante segura de que solo lo hace porque está mi hija presente.
—Papi, no digas eso. Ayudar está bien.
Amo que sea ella quien lo ponga en su lugar.
—Escucha a tu hija —me limito a responder—. Es muy sabia.
Cualquiera que haya sido la intención de Mason, falló, y la mini Becca hace el bailecito de la felicidad en mi interior.
Frannie se acerca, me da un beso y se despide. Luego va hacia Jack y lo abraza.
— Chao , Jack, cuida a mami mientras no estoy.
—Claro que sí, pequeña —le responde con ese tono de voz que usa solo con ella.
—Jeremy, ¿tú vas con ellos o Richard? —le pregunto para saber quién se encargará de la seguridad de mi hija el fin de semana. Cuando nos separamos, uno de los guardaespaldas se queda siempre con ella, y uno conmigo.
—Richard, señora Rebecca. —Me da risa que me llame así. Creo que no sabe cómo se usa la palabra «señora»—. Yo me quedo con ustedes.
—Perfecto. Y, por favor, me siento un dinosaurio cuando me dices así. Tenemos la misma edad; llámame Becca o, por lo menos, Rebecca.
—Sí, señ… Sí, Rebecca.
Mason y Frannie se van, Jeremy vuelve a la camioneta de vigilancia y me quedo a solas con Jack. El aire a nuestro alrededor se tensa de inmediato, como todas las veces que estamos a solas. ¿Él también lo sentirá?