36 JACK
La biblioteca pública es mi lugar favorito. No tengo claro cómo funciona el tema de mi pérdida de memoria, pero no es como si hubiese tenido que aprender todo de nuevo. Lo que se borró de mi mente fueron mis recuerdos… La parte personal, pero no mis habilidades o mis conocimientos.
Cuando necesito frenar, sé que es el momento para adentrarme en un nuevo libro.
Pero hoy no estoy aquí por los libros, sino por las computadoras.
Jeremy y Richard se quedaron con ella, mientras yo salía a despejar un poco la mente. Le pedí el permiso a Rebecca y no tuvo problemas.
Quiero indagar en lo que me contó sobre su pasado y ver si puedo descubrir algo que pueda ayudarla, pero no me sentiría cómodo haciéndolo allí junto a ella.
Me sorprende que el lugar aún exista. Sigue funcionando, y no entiendo cómo es posible que crímenes tan atroces puedan esquivar la justicia tan fácilmente.
Parece normal, y no hay noticias reveladoras al respecto. Pero, por lo que me contó Rebecca, no hay nada normal allí.
Imprimo algunas cosas que considero interesantes o útiles, las guardo en un bolso y vuelvo a la oficina.
Toco a su puerta, pero me abre un hombre. Frunzo el ceño y busco con rapidez a Rebecca. Está sentada en su escritorio y no se ve alterada. Jeremy y Richard están junto a ella.
—¡Jack! Volviste. Te presento al agente Isaac Hayes.
Extiendo la mano hacia él y me la estrecha.
—Jack. Un gusto.
Es casi tan alto como yo. Viste un pantalón beige y una camisa blanca, y no parece un peligro. Lo que quiero decir es que sus rasgos son suaves y parece buena persona.
—Me alegro de conocerte. Rebecca me habló mucho de ti.
—Igualmente —respondo.
—Ya me entregó las evidencias. Me llevo todo y los estaré manteniendo al tanto. Cualquier cosa, sabes que mi teléfono está prendido 24/7. No dudes en llamar.
—Gracias, Isaac, por todo.
El agente se va de la oficina.
—Estaremos afuera —comenta Jeremy y ambos salen detrás de Isaac, dejándonos a solas.
—Parece bueno —comento.
—Lo es. Si no fuera por él, no sé qué sería de mí. Me ayudó cuando nadie más lo hizo.
—Me alegro de que puedas confiar en él. Realmente parece que quiere ayudar.
Tengo una especie de sexto sentido. Si bien en general soy desconfiado, puedo saber mucho de una persona solo con mirarla o con hablar unos minutos. Sé cuando alguien esconde algo y cuando alguien es honesto. No sé cómo, pero lo sé.
—Estaba pensando… que tú también podrías confiar en él. Puedes contarle lo que te pasó y él puede investigar. Seguro que, si le decimos que no diga nada, no lo hará.
Tiene un buen punto, pero me niego. No le digo a Rebecca que mi mayor temor no es necesariamente que alguien intenta matarme, sino… quien soy en realidad.
—No. Por lo menos, no por ahora.
La desilusión recorre fugazmente su rostro, pero no me dice nada. No me insiste. Nos miramos a los ojos por un tiempo demasiado largo, hasta que me obligo a apartar la vista.
Si no me vuelvo loco por la falta de recuerdos, quizás lo haga por esos ojos verdes.