35 REBECCA BEAUMONT
Me tiemblan las manos. Quizás todo el cuerpo.
Becky.
De solo leer ese apodo me entran náuseas.
—Rebecca —dice Jack, a pesar de que le he pedido mil veces que me llame Becca—. Dame tu teléfono.
—¿Qué?
Estoy congelada, observando la nota, pero la guarda en la caja y la cierra.
—Tu teléfono. Ahora.
Tiene la mano extendida, y se lo entrego.
Marca un número y lo pone en altavoz. Al poco tiempo, escucho la voz del agente Hayes.
—¿Volvió a escribirte? —Es lo primero que dice.
Hago un intento de responder, pero no me salen las palabras.
—Agente Hayes, mi nombre es Jack. Soy parte del equipo de seguridad de Rebecca.
—¿Ella está bien? —replica con rapidez y preocupación.
—Sí, se encuentra aquí conmigo, pero está un poco alterada porque recibió otra nota. Esta vez, en la oficina.
—Rebecca, háblame, ¿estás bien?
De alguna forma, me obligo a retomar la compostura y le respondo.
—Sí, Isaac. Solo que… no creo que sea una broma. Tiene que ser él.
—¿Qué dice la nota?
No tengo que leerla. La tengo grabada en la memoria.
—«No hay nadie que pueda alejarme de ti, Becky».
—No la tiren. Iré de inmediato a buscarla; la necesitamos como evidencia y, teniendo en cuenta todo, insistiré en reabrir la investigación. Pero, Rebecca, todos los días me han pasado el informe, y él no ha entrado al país. Por lo menos, no de forma legal.
—Eso es lo que me preocupa, Isaac. Hay otras formas de ingresar a Estados Unidos, y no son todas legales ni dejan rastros.
—Lo sé, créeme. —Hace una pausa—. ¿A quién contrataste como seguridad?
—Golden Security —responde Jack. Y no aclara que él no trabaja allí, pero lo entiendo; yo tampoco lo hubiese aclarado.
—Bien. Trabajan bien, puedes quedarte tranquila con ellos.
—Gracias por todo.
—Lamento que estés pasando de vuelta por esto. Pero si volvió, vamos a atraparlo, y esta vez no se nos va a escapar.
Cuelgo y trato de sopesar sus palabras. Se escapó una vez… ¿Quién dice que no volverá a hacerlo?
Jack no dice nada. Prácticamente no mueve un músculo. Espera mi reacción, y yo no sé cómo reaccionar, así que me limito a tomar asiento.
—Necesito saberlo. —Su voz ronca irrumpe el silencio sepulcral.
Roxy llama a la puerta, y no me da chance de responder porque él lo hace por mí.
—¡Ahora no!
Levanto la mirada para verlo, y está más serio que nunca. Este podría ser un nuevo nivel de seriedad. Quizás superserio. De acuerdo, el humor no me va a hacer sentir mejor.
—No estoy preparada. —La voz no es firme porque yo no lo estoy. No quiero hablarlo, y no es solo que hoy no estoy preparada, sino que dudo que alguna vez lo esté.
Se acerca a mí y se pone de cuclillas a mi lado.
—No quiero presionarte, Rebecca, pero soy tu guardaespaldas, y no podré hacer bien mi trabajo sin saber de quién te estoy protegiendo.
James tiene razón; ni siquiera tengo un arma, y por lo que veo esto es algo grande.
Si quieres que siga trabajando para ti, debes ser honesta conmigo y decirme qué diablos está pasando.
Tiene razón.
Inhalo lo que se siente como una tonelada de oxígeno… y le cuento mi historia.