31 REBECCA BEAUMONT
La escuela de Frannie es una de las más seguras del estado. Me aseguré de que Roxy llamara para alertar de la situación, pero no me quedaría tranquila si no voy personalmente a hablar con la directora.
Luego de dejar a mi hija en el aula, tengo la reunión y les explico que no deben dejar que salga y que nadie ajeno a la escuela puede acercarse a ella.
En los próximos días, la empresa que contrate se encargará de reforzar la seguridad, pero, mientras tanto, necesito confiar en que mi hija estará a salvo allí.
Salgo un poco más tranquila por la charla que tuve. La directora me aseguró que no tenía de qué preocuparme. Hay otros alumnos que son hijos de personas de alto perfil, y la seguridad es una de las cosas que más cuidan.
Poco después estaciono en el edificio de Bio Insights. Jack insiste en bajar primero del auto y se asegura de que no haya nadie en los alrededores. Luego se acerca, me abre la puerta y me ayuda a bajar.
—Vamos —le digo, y comienzo a caminar hacia el elevador.
Su presencia es demasiado imponente, y el traje que lleva puesto hace que me crucen pensamientos involuntarios, fugaces y completamente fuera de lugar.
El aroma que tiene no es perfume. Es una mezcla de jabón y su propia esencia.
Masculina. No puedo creer que hace unos días olía tan mal. Este parece otro hombre.
Llevo tacos, y no me siento tan pequeña a su lado. Se mantiene en silencio y a una distancia prudencial.
Es bastante evidente cómo se aleja de mí lo máximo posible cada vez que puede, pero trato de ignorar ese hecho. Tendrá sus motivos. Simplemente es un hombre profesional, y ya. Está perfecto.
Se abren las puertas y tomo una bocanada de aire. El elevador está vacío. Ingreso, y él me sigue.
Cierro con fuerza los ojos. Igual que todos los días. La diferencia es que nadie suele verme.
—¿Estás bien?
Abro los ojos y lo veo. Parece preocupado.
—Sí, solo... soy claustrofóbica.
Mira hacia el número que toqué en el elevador.
—¿Por qué trabajas en un piso veintiséis si eres claustrofóbica?
—No lo escogí yo, y es una oficina increíble. No voy a hacer que todo el mundo se mude por mi culpa. No tiene sentido. Debo superar mis miedos.
No dice nada; solo me observa con curiosidad. Se abren las puertas en otro de los pisos e ingresan dos mujeres conversando, que se bajan unos pisos más arriba. Finalmente, llegamos a las oficinas de la empresa.
Salgo y siento que puedo volver a respirar. Jack me sigue de cerca. Me acerco a la recepción, donde Marie nos recibe con una sonrisa. Posa sus ojos sobre mi guardaespaldas y se acomoda el cabello. Sus mejillas se sonrojan sutilmente.
—Buenos días, señora Beaumont. —Se pone de pie y se pasa las manos sobre su falda—. Bienvenidos. ¿Puedo ofrecerles un café? ¿Tienen una reunión? Si quiere, puedo indicarle al caballero por dónde…
La interrumpo. No puedo evitar sentir una punzada de incomodidad en el pecho.
—Buenos días, Marie. Te presento a Jack.
Jack, ella es Marie, nuestra recepcionista —me dirijo a ella y hago un esfuerzo por no hablarle en un tono más brusco que el de costumbre—.
Jack estará viniendo conmigo por un tiempo.
¿Puedes pedirle a Roxy que nos lleve unos cafés a mi oficina? Estaremos allí.
—Sí, claro, ya mismo.
—En este piso tenemos algunas oficinas, la recepción y algunas salas de reunión, pero es en el piso de arriba donde sucede toda la magia. Allí están los laboratorios, y es donde desarrollamos gran parte de nuestros productos —le comento a Jack, aunque seguramente poco le importen los detalles.
—Está espectacular —responde, y me sorprende la elección de palabras.
—Luego te muestro el resto —agrego, mientras caminamos a mi oficina.
—¿Qué hacen aquí exactamente? —me pregunta.
—Desarrollamos tecnología para centros médicos.
Tratamos de ser pioneros e innovar. Hemos llegado a la luna, pero falta mucho que recorrer en el ámbito de la salud.
Nuestro último producto utiliza inteligencia artificial para facilitar el diagnóstico temprano de enfermedades, y ayuda a los médicos a establecer tratamientos personalizados a sus pacientes.
Está siendo furor, y hemos logrado muy buenas ventas.
Se queda callado unos segundos. Abro la puerta de mi despacho, pasa tras de mí y, finalmente, habla.
—Es impresionante. Cuando me dijiste que tenías tu empresa, nunca me imaginé algo así.
Una sonrisa socarrona se dibuja en mi rostro.
—¿Qué imaginabas?
De pronto tengo demasiada curiosidad por saber qué piensa él de mí. Está claro que su primera impresión no fue de lo mejor…
Hace como si estuviera pensando, al tiempo que recorre con la mirada la oficina y posa sus ojos en el gran ventanal que deja una vista increíble de la ciudad.
—La verdad es que no me había detenido demasiado a pensarlo. ¿Finanzas?
Me río porque eso no tiene nada que ver conmigo. Prefiero pasar el día contando hormigas en África antes de trabajar en finanzas.
—Por suerte, no. Mason es quien hace finanzas y debo decir que no me parece en absoluto divertido.
—¿Y tu trabajo sí te parece divertido?
Roxy ingresa, saluda con un gesto de cabeza y, en silencio, deja unas tazas de café en el escritorio. Le sonrío antes de que se retire y retomo la conversación.
—Amo mi trabajo—. Hago una pausa y le señalo una silla para que tome asiento—. Espérame aquí; voy a hablar con mi socia y vuelvo enseguida.
Asiente, y no ignoro que su mirada me sigue hasta que salgo por la puerta.
Ava es todo lo que no soy, y por eso nos complementamos a la perfección.
Mientras ella es la persona más calculadora que conozco, yo soy el ejemplo de la impulsividad.
También es extrovertida como pocas; en eso se parece a Lina, y por eso se llevan tan bien.
Yo, por el contrario, prefiero encerrarme en un cuarto con mis libros y un café, ver una película o pintar con Frannie.
Todo lo social... Digamos que no es lo mío. Juntas somos un balance perfecto.
Nos hicimos amigas en la universidad, y por eso conoce bien mi historia. Le cuento sobre la amenaza y el detalle de los últimos días, pero me guardo todo sobre el pasado de Jack. No quiero que lo miren de otra forma. Sé que ella no es una mujer precisamente libre de prejuicios.
—Oh, Becca, lo siento. ¿Quieres tomarte algunos días libres? Hasta que estés más tranquila.
Niego con la cabeza.
—Trabajar me hace bien. Lo sabes.
—Sí, pero no te preocupes por nada y avísame si necesitas algo. Quédate tranquila, claro que puede estar tu guardaespaldas aquí. También hablaré con la seguridad del edificio para que estén atentos ante cualquier cosa.
—Genial, no sé cómo no se me había ocurrido.
Supongo que tengo demasiadas cosas en la cabeza.
—No me sorprende, con todo lo que estás viviendo. —Hace una pausa y me mira con intensidad antes de responder—. ¿De verdad crees… que volvió? ¿Es acaso posible?
—No lo sé. Pero la nota es alarma suficiente como para ser precavidos.
El agente Hayes me confirmó que solo con eso no puede iniciar una investigación oficial, pero estará atento y me pidió que le informe de las novedades.
Espero no tener que informarle nada y que todo haya sido solo un chiste de mal gusto.