Cuando nos encuentren 30 REBECCA BEAUMONT
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30 REBECCA BEAUMONT

Jack me dijo que tenía algo que hacer y me preguntó si estaría bien con que se fuera un rato.

Por supuesto, después de todo no está preso y tampoco tengo intenciones de salir.

Tengo que cocinar para la semana, y luego pretendo encerrarme en mi biblioteca y perderme en un libro hasta quedarme dormida.

Tengo una serie de Netflix en la televisión mientras pico los vegetales y trato de distraerme. Han sido unos días complicados.

Suena el teléfono. Es Lina, y no tengo demasiadas ganas de hablar con ella, especialmente por el hecho de que no sé mentirle y contarle las últimas novedades por teléfono suena… demasiado complicado, pero hace tiempo no hablamos y la extraño, así que, en contra de mi buen juicio, respondo.

—¡Lina! ¿Cómo estás? Te extraño, amiga. Hace tiempo que no hablamos.

Estoy picando zanahorias y casi me rebano un dedo cuando escucho su respuesta.

—¿No me pensabas contar que metiste a un indigente a vivir contigo?

Mierda.

Mason es más cabrón de lo que pensaba. Recurre a mi mejor amiga para ponerme contra la espada y la pared. Como si no fuera una mujer adulta capaz de tomar mis propias decisiones.

—No es lo que crees.

Luego de contarle con lujo de detalles todos los acontecimientos de los últimos días, Lina ha perdido el don de la palabra y se encuentra en estado catatónico.

—¿No vas a decir nada?

—Mierda, Becca. Es demasiado lo que me estás contando. Por una parte, te entiendo, pero… podría ser peligroso. ¡Uy! No estoy en altavoz, ¿verdad?

—No está en casa, estoy sola.

—Ah, bueno. Mejor. El hecho es que me parece peligroso, pero entiendo que te sientas en deuda con él. ¿No puedes ayudarlo de otra forma? ¿Pagarle un hotel o algo así? ¿Hasta que consiga algo mejor?

—Primero que nada, él jamás lo aceptaría…

Es demasiado orgulloso. Pero no es solo eso.

Realmente necesito un guardaespaldas, y prefiero que Jack sea quien se quede con nosotras.

Tengo que contratar a una empresa de seguridad, pero quiero que se encarguen más que todo del protocolo, de los traslados y demás.

Quizás suena extraño, porque hace poco que lo conozco, pero sabes cuando alguien te genera confianza y seguridad y no hay un motivo específico, sino simplemente es como una…

vibra. Bueno, eso me pasa con él. De verdad amaría que lo conozcas; me entenderías.

No es lo que te estás imaginando, te lo juro.

Si creyera que es un riesgo, jamás lo metería en mi casa.

Y a Frannie nunca la dejo a solas con él tampoco… por si mi vibra está equivocada.

—Bueno. —No dice más, aunque percibo la reprobación en su tono—. Espero conocerlo pronto.

—¿¡Vienes!? —replico emocionada. Hace meses que no la veo, y la extraño mucho.

—Quiero ir en noviembre, pero nada confirmado aún. Me gustaría que pasemos Acción de Gracias juntas. Extraño a mis chicas.

—¡Ay, te amo! Frannie se va a volver loca de la emoción.

—Ni se te ocurra abrir la boca, Rebecca Beaumont. Además, no es seguro. Cuando pueda confirmar, te aviso.

—No, tranquila... No le diré nada antes.

Luego de cortar, envío varios mails a las empresas que me pasó Isaac con pedido de información específica sobre sus servicios y el detalle de presupuesto. Meto en el horno los vegetales grillados con el pollo en trozos y pongo a hacer algo de arroz y pasta.

Sí, malabarista debería ser mi nueva profesión.

Mientras todo eso está en el fuego, llamo a mamá.

—Hola, mi niña.

—¡Mami! —La extraño tanto, y odio con toda mi alma que no acepte venir a vivir a Boston. No tiene sentido—. Quiero que hablemos de las vacaciones. Ya que no pudimos ir nosotras, quiero que vengas.

—Claro, me encantaría. Muero por abrazar a mi nieta. Y a ti. Las extraño mucho a ambas.

—Lo sé, y nosotras a ti. Le voy a pedir a Roxy que coordine todo para Navidad, ¿te parece? Ella se pondrá en contacto contigo con los detalles.

Paso la hora siguiente poniéndome al día con mi madre, aunque hay ciertas cosas que no le digo. Una parte de mí quisiera que no venga, porque sé que implica traerla al peligro, y cuando venga necesariamente se va a enterar de lo que pasa. Espero que en diciembre ya todo esto sea un mal recuerdo.