Cuando nos encuentren 28 REBECCA BEAUMONT
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28 REBECCA BEAUMONT

Amanezco inquieta. Mason aún no sabe de mi nuevo empleado, y en pocas horas viene por Frannie. Será imposible ocultárselo porque los niños cuentan todo, y de igual forma jamás le pediría que le mienta a su padre.

Mejor le adelanto que tengo algo que hablar con él. También debería adelantárselo a Jack, para que esté preparado.

Algo me sube por el cuerpo. Una sensación de seguridad. Saber que Jack estará presente me hace sentir segura, aunque quizás, si alguien me escuchara, diría que es absurdo. A Jack no lo conozco y Mason fue mi pareja por años. Pero Jack solo me ha protegido desde que nos conocimos, y Mason…

Yo

Buen día. Si puedes, ven unos minutos más temprano. Tengo que hablar contigo antes de que te vayas.

Mason

Oh, tranquila… Claro que tenemos que hablar.

Es una amenaza. Yo lo sé. Él lo sabe. Lo que no sabe es que no estaré sola, y seguro que no cuenta con eso.

Me da rabia conmigo misma. Nunca he necesitado de nadie para defenderme, pero con los hombres… podríamos decir que nunca he tenido una relación sana y, cuando creí que Mason me salvaría de él , terminé cayendo en otra relación tóxica de la cual también tardé demasiados años en salir.

Y ahora… siento que Jack me está salvando, pero desde otro lugar. No desde un lugar de pareja, sino de… ¿guardaespaldas? De todos modos, no quisiera sentir que necesito de alguien más para salvarme en este aspecto de mi vida cuando no he necesitado nunca a nadie en todos los demás.

Golpeo la puerta de la habitación de invitados, y un momento después se abre.

Tiene un pantalón de chándal gris y una camisa de algodón blanca.

—¿Todo bien? —pregunta.

—Sí, disculpa, no quería molestarte tan temprano, pero quería avisarte que en un rato viene Mason a buscar a Frannie… Digamos que aún no le he contado sobre nuestro pequeño acuerdo, y probablemente no se lo tome demasiado bien.

—Entiendo, pero si llega a…

—Sé que puedes defenderme, pero quisiera no tener que llegar a esa instancia. Lo mejor será que hable a solas con él; si te ve tan pronto llega, se pondrá a la defensiva.

Me mira, y la comprensión atraviesa su mirada.

—Estaré atento, pero los dejaré a solas mientras se mantenga alejado de ti.

Una emoción recorre mi cuerpo por la forma en que pronuncia esas palabras. No puedo evitar pensar en lo bien que se siente.

Intento que no se note lo que me causó con una frase tan simple y, sobre todas las cosas, intento no meter la pata con algún comentario imprudente.

Por suerte, me salva la campana. Aunque el sonido del timbre me hace temblar por un motivo totalmente diferente.

Le dedico una sonrisa nerviosa, y él no dice nada. Solo me ve salir de su habitación.

No lo puedo controlar. Es una reacción involuntaria ante lo que mi cuerpo percibe como una amenaza, y lamentablemente mi inconsciente siente que el padre de mi hija lo es.

Por lo menos conmigo. Con Frannie nunca ha sido violento, y ella lo ama.

No sé cómo sentirme al respecto. Una parte de mí siente rabia, mientras que otra parte siente celos.

Y me odio un poco por eso. ¿Cómo puede quererlo tanto?

La inocencia de los niños, supongo. Mi casa es la casa de las normas, de las responsabilidades, de la rutina, de la alimentación saludable.

La casa del padre… podríamos decir que es todo lo contrario.

No puedo negar que es un padre presente y que se preocupa por su hija, pero me lleva la contraria en todo.

Mason, la niña tiene que comer más vegetales y menos dulce. Acto seguido, cenan donuts con un batido de oreos.

Mason, no puede pasar todo el día en YouTube y jugando videojuegos sin supervisión. Debe dormir a las 8:00 p.m. para no afectar su rutina de sueño. Acto seguido, se queda despierta hasta la medianoche viendo YouTube y jugando videojuegos sin supervisión.

Es tan agotador.

Parece que lo hace solo por llevarme la contraria. Si se preocupara por ella de verdad, entendería que lo que le pido es lo básico para su bienestar. Pero al parecer es más divertido hacerme sufrir. Hacer cosas que, a pesar de que no estoy de acuerdo, no están bajo mi control.

Abro la puerta de entrada y sus ojos me escanean sin disimulo; luego, recorren el interior de la casa a mis espaldas.

—Pasa, por favor. —Intento que la voz no me tiemble, aunque no estoy segura de conseguirlo—. Frannie bajará enseguida, pero antes quería hablar contigo.

Él ingresa, me saluda con un beso en la mejilla y luego camina por el hall de entrada, directo hacia la sala. Como si nada hubiese pasado. El cinismo me sigue sorprendiendo.

—¿Quieres café? —pregunto. Él se limita a negar con la cabeza y toma asiento en el sofá de pana gris topo. Me siento en la esquina contraria y lo miro. Trato de pensar cómo explicarle lo de Jack sin que le salte el termostato, pero antes de poder hablar me sorprende con lo que dice a continuación.

—Lo siento, Becca. —Abro los ojos. Eso sí que no me lo esperaba—. Me puse como loco cuando escuché los gritos. Pensé que Frannie estaba herida, y luego ese tipo… Los días siguientes me sentí molesto, pero he reflexionado y quería pedirte disculpas.

Es una disculpa vacía. Entiendo por completo la angustia, y si yo hubiese estado en su lugar también me hubiese vuelto loca, pero, cuando me atacó, yo ya le había dicho que ella estaba bien, y eso no lo detuvo.

No sé muy bien qué decirle. Nada justifica que me haya agarrado de esa forma, con esa violencia..., pero entiendo lo que llegó a sentir. No quiero caer en una pelea interminable con él. Quiero que hagamos las paces y que mantengamos una buena relación por el bienestar de mi hija. Así que cedo.

Siempre cedo.

—De acuerdo, Mason. —Sonrío con sutileza—. Disculpas aceptadas.

Prefiero dejar el tema en el pasado. No sirve de nada seguir revolviendo la mierda.

—¿De qué querías hablar? ¿Pensaste en lo que te dije de los papeles? —Una luz de esperanza cruza sus ojos castaños. Ojos que una vez me hicieron sentir muchas cosas, pero que ahora solo me hacen ver el reflejo de la mujer que no deseo ser. Esa parte de mí que me avergüenza.

Me detengo un momento para verlo, mientras trato de tomar el valor de contarle de las amenazas y…

de Jack. Está vestido casual pero elegante, como siempre.

Sus ojos castaños son claros y tienen rayos de miel incrustados en el iris.

Su cara es equilibrada y, si bien no es el típico hombre guapo, tiene un sex appeal que no puedo negar.

Pero todas esas cosas son parte de la fachada que ha construido para ocultar su oscuridad.

Y ya la he visto. Y aunque haya conocido oscuridades mucho peores, mucho más tenebrosas …

Eso no significa que esté dispuesta a volver a vivir entre las sombras.

No cuando ya conocí la luz. Los últimos meses, luego de la separación, mi vida se iluminó.

—No, Mason. Ya te dije que no hay chance de volver. Solo quiero que nos llevemos bien por Frannie.

Noto la desilusión en su mirada, y se tensa. Su expresión cambia y pierde un poco de la calma con la que entró a casa.

—¿De qué quieres hablar, entonces?

Suena frío. Distante. No le gustó para nada mi respuesta. Pienso que lo mejor es empezar por la amenaza.

—He recibido una nota. —El terror me recorre al recordar las palabras escritas en aquel papel. Fácilmente podrían haber estado escritas con sangre—. Creo que volvió.

Sabe de quién estoy hablando. No es necesario que se lo dibuje, y me niego a decir su nombre en voz alta. Aún me produce escalofríos.

Frunce el ceño y se remueve en el asiento. Yo permanezco inmóvil. Me siento incómoda. Cualquier movimiento en falso puede romper la frágil tregua que hemos conseguido en los últimos minutos.

—¿Qué quieres decir?

Le cuento sobre la caja y la conversación con Isaac. Él me escucha con atención. Parece incluso preocupado. Es lógico que lo esté.

Se acerca un poco más a mí en el sofá. Me tenso y los nervios escalan por mi cuerpo. Me gritan que ponga un límite. Que le diga que se aleje.

—Con más razón, bebé. Déjame volver a casa. Yo las puedo proteger.

Odio que me diga «bebé». Además, es un banquero, no un policía, así que no entiendo cómo cree que puede protegernos.

—No te lo estoy contando por eso, Mason.

Solo que es importante que estés al tanto.

Especialmente por Frannie. Yo tengo pensado contratar seguridad, pero aún no he terminado de definirlo y, mientras tanto, te pido que cuando estés con ella no la pierdas de vista. Eviten ir a lugares muy concurridos.

No hay motivo para creer que mi hija pueda estar en peligro. El blanco siempre he sido yo, pero no está de más ser extraprecavidos.

No se queda conforme. Luego de tantos años juntos, logro distinguir muy bien su lenguaje no verbal.

—Deberías reconsiderar mi oferta. No tenemos que volver si no quieres; puedo quedarme un tiempo en la habitación de invitados si eso te hace sentir más cómoda.

—Ehm… Bueno, eso me lleva a lo otro que quería comentarte.

Frunce el ceño y su mirada se oscurece un poco más. Casi indescifrable.

—He contratado un guardaespaldas. Se quedará con nosotras un tiempo. Hasta que se calmen las aguas. En los próximos días, ampliaré las medidas de seguridad con alguna otra empresa.

Trato de decirlo como al pasar, pero frunce el ceño aún más. Los surcos en su frente son profundos y se le tensan los hombros.

—¿Un guardaespaldas?

Nunca le gustó cuando me tocaba tener guardaespaldas u oficiales de seguridad asignados a protegerme. Siempre fue un hombre celoso, a pesar de que hacía un gran esfuerzo para que nadie más lo notara.

—Sí, de hecho… —No puedo evitar el temblor en mi voz. No podría evitarlo ni que mi vida dependiera de ello. Porque aquí y ahora me siento vulnerable. Odio esta maldita sensación, pero no puedo controlarlo. Toso forzadamente y continúo antes de arrepentirme—. De hecho, ya lo conoces.

—¿Es el idiota de Hudson?

Fue uno de mis guardaespaldas hace unos años, y Mason lo tenía entre ceja y ceja.

—No, no precisamente.

—¿Robert, entonces?

Niego con la cabeza.

—Es Jack.

Lanzo la bomba y espero que me explote en la cara, pero Mason no parece entender a quién me refiero.

—¿Jack?

Asiento.

—¿Quién carajos es Jack, Rebecca? No conozco a ningún Jack.

Su voz es hielo en su estado más puro, hielo afilado… y me corta.

—Jack es un conocido que ha trabajado antes en seguridad —miento—. Lo conociste el otro día.

Abre los ojos al darse cuenta de a quién me refiero y se pone de pie de un salto.

—¿¡Me estás jodiendo!? ¿¡El mendigo que me atacó!? ¿¡Ese es tu nuevo guardaespaldas!? ¿¡Te volviste completamente demente!?

No me gusta cómo me habla, pero me lo esperaba y, además, no puedo negar que tiene un buen punto.

Creo que cualquier otra persona lo pensaría, pero yo me siento tranquila con mi decisión y no la voy a cambiar.

Jack no es un peligro para nosotras, todo lo contrario, y él solo está hablando así en base a sus prejuicios.

Yo ya me deshice de ellos. O, por lo menos, eso intento.

—Tienes que calmarte si quieres que sigamos esta conversación —digo con la voz lo más tranquila posible.

—No hay conversación. Ese tipo no va a entrar a mi casa. Punto.

Se pone de pie y se alza sobre mí, que aún me encuentro sentada. ¿Para qué disculparse si luego volverá a ser violento conmigo? No me está tocando, pero toda su actitud emana peligro.

—Es una decisión tomada, y esta ya no es tu casa.

—¡No permitiré que un maldito indigente se mude con mi hija!

—¡Él la salvó! —lo defiendo. No sé el motivo, pero me genera mucha rabia que se refiera a él con aquel nivel de desprecio cuando ni siquiera lo conoce.

—¡Me importa una mierda! Igual puede ser un peligro.

Sigue sobre mí. No me ha puesto un dedo encima, pero está muy muy cerca de volver a arrinconarme.

A pesar del miedo que siento, sé que no pasará a mayores.

Jack debe estar escuchando todo. Me da vergüenza que vea esto, o que lo escuche.

A pesar de todo, le agradezco que no haya salido y me deje manejar a mí la situación.

—Te recuerdo que también me salvó de ti . —Mis palabras suenan tan afiladas como las de él. Y puedo ver cómo se rompe en mil pedazos la tregua que habíamos logrado.

Esas palabras parecen golpearlo, porque retrocede.

—Nunca estuviste en peligro. Yo nunca te haría daño. Ni a mi hija.

No estoy tan segura de eso.

—No importa, no viene al caso. Es una decisión tomada, y solo quería informarte.

Quédate tranquilo, porque Frannie no se quedará a solas con él y se llevan de maravillas, pero lo que te tiene que importar es la niña.

Y Jack no es un niñero, es mi guardaespaldas personal.

Pronto estaré contratando mayor seguridad para todos, por lo que no tienes nada de qué preocuparte.

De pronto me envalentono.

—Esta es la gota que derramó el vaso. Primero tu pasado de mierda pone en peligro a nuestra hija y luego metes a un delincuente a vivir con ella. Voy a pelear por la custodia, Rebecca. Esto no se quedará así.

No es la primera vez que me amenaza con eso; también lo hizo cuando decidí separarme. No me alarmo. Tampoco aceptaré que una amenaza me haga cambiar de opinión.

Antes de poder decir una palabra más, unos pasos apresurados anuncian la llegada de nuestra hija.

—¡ Paaapi ! —Salta corriendo hacia él y lo abraza con fuerza—. ¡Te he extrañado!

—Yo también, osita. —La besa en la frente y le sonríe—. ¿Tienes todas tus cosas? Debemos irnos.

Ella asiente entusiasmada, con la mochila en su espalda.

Él la toma de la mano y camina con ella. Frannie regresa y me da un abrazo y un beso.

—Te extrañaré, mami. Nos vemos el martes. Te amo.

—Te amo, mi vida. Disfruta con papi, ¿sí?

Ella asiente y se va con él.

Mason me mira, y no necesita hablar para que entienda que va a hacer todo lo posible para que me arrepienta de la decisión que tomé.

Jack no salió en ningún momento. Logré defender sola mi postura. No voy a negar que me sentí bien sabiendo que, de ser necesario, lo tenía de apoyo… Pero también me sentí bien por no necesitar su ayuda.