27 REBECCA BEAUMONT
Frannie pega pequeños saltitos a mi lado, como si ir al cine fuera la actividad más divertida del mundo. Busco las butacas para niños y coloco una en la silla de mi hija. Me siento a su lado, y a mi izquierda —en el pasillo—, el guardaespaldas.
—¿Te gusta el cine? —le pregunto en un susurro mientras aún pasan las publicidades.
—No lo sé —responde en voz baja.
Obvio que no lo sabe. No creo que haya ido muchas veces al cine desde que perdió la memoria.
—Sí, claro, lo siento. —Me tenso en el lugar, pero Jack no cambia de expresión.
No parece importarle. Aunque bueno, sus expresiones suelen ser: 1) serio; 2) un poco más serio; 3) me pondré serio en breves segundos, pero mientras tanto tengo una expresión indescifrable.
Supongo que, en este momento, tiene la número tres.
La película elegida es El rey león (la nueva versión). La volvieron a poner hace unos días y mi hija es fan número uno de los animales, así que el resto de las películas no tenían ni la más mínima chance de ganar la batalla.
Jack parece completamente fuera de lugar allí. Antes de entrar en la sala, tuvimos que llevar las bolsas al auto, porque era imposible caminar así de cargados.
En una de las tiendas, aprovechó para llevarse puesta la ropa: una camisa blanca sencilla, jeans oscuros y zapatos deportivos.
Viéndolo, nadie podría llegar a imaginarse que hasta hace pocos días Jack vivía en la calle, vistiendo ropa rota y sucia.
Al Jack de hace unos días, una mujer no pararía ni a darle la hora (yo incluida), pero el Jack de hoy…
Uf, ese Jack ha logrado que varias mujeres casi pierdan la cabeza al pasar a su lado.
Trato de ignorar la sensación electrificante de tenerlo a mi lado, tan cerca.
¿Me imaginé lo que pasó antes? Sacudo la cabeza, y me doy cuenta de que efectivamente lo hice, porque él voltea a mirarme y nuestros ojos se cruzan de nuevo.
La luz de la pantalla ilumina los suyos y, aunque no puedo descifrar lo que pasa por su mente, noto algo en ellos.
Giro rápido la cabeza hacia el frente y me remuevo inquieta en el asiento.
No pensé bien la estrategia. ¿Voy a pasar dos horas sentada a su lado?
Dios, esto es una prueba del universo de mi capacidad de… autocontrol.
¿Autocontrol de qué, Rebecca?
Me estoy volviendo loca, estoy segura. No puedo tener pensamientos así sobre Jack.
Lina me asesinaría si se enterara. Hace meses que intenta que salga con alguien y me he negado rotundamente, así que definitivamente no le puedo decir que me calienta Jack.
Ella quiere para mí la mejor opción del mundo, un príncipe azul, y dudo que un hombre sin memoria y que casualmente es mi nuevo empleado entre en esa categoría.
Hace días que no hablo con ella, y claro que estoy evitándola.
Nunca puedo ocultarle nada, y no sabría ni por dónde empezar a contarle.
Pero ahora veo a Jack con otros ojos, sin dudas.
Es increíble… ¿Tanto puede cambiar la imagen de alguien la percepción que tenemos de esa persona?
Es como si se les otorgara más valor a determinadas personas por cómo lucen, su situación económica y su ropa.
¿Por qué? ¿Qué justifica que pasemos de largo cuando día a día vemos a tantas personas necesitadas?
Obvio, no podemos salvar a todo el mundo, pero si cada uno de nosotros miráramos a los ojos por lo menos a una de esas personas…
No digo dejarles unos centavos en la gorra, solo para no sentirnos tan mal y seguir adelante creyendo que estamos haciendo algo bueno, sino…
mirarlos a los ojos y preguntarles cómo están, si podemos ayudar en algo, qué les pasó.
Quizás conocemos a alguien que está buscando algún empleado o algo que les pueda servir.
Quizás crecieron en la calle y no conocen otra cosa, quizás…
Quizás perdieron la memoria y, a pesar de eso, son lo suficientemente buenos como para arriesgar su propia vida para salvar la de una niña desconocida.
Y lo peor de todo es que, a pesar de mis pensamientos hipócritas, me siento horrible de que el motivo por el cual cambié la perspectiva respecto de Jack no sea solo por cómo se ha comportado con nosotras.
Sé que su imagen me importa. Que una parte importante tiene que ver con eso. Y solo hace que me sienta aún peor.