Cuando nos encuentren 25 REBECCA BEAUMONT
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25 REBECCA BEAUMONT

Frannie ya está despierta, pero sigue en la cama leyendo un libro.

De tal palo, tal astilla.

—Buenos días, bebé —le digo al tiempo que ingreso a su habitación y me siento en su cama.

—Hola, mami —replica con voz de dormida, y se frota los ojos con sus pequeñas manitas.

—¿Cómo dormiste? —Le acaricio la pierna por sobre la frazada de jirafas.

—Mmm… Tuve un mal sueño.

—¿Quieres contarme? —No me sorprende. Luego de todo lo que pasó, es lo normal—. ¿Tiene algo que ver con el accidente?

—No recuerdo. Me desperté varias veces en la noche, pero luego ya pude dormir.

—Bueno, mi amor. Si te vuelve a pasar algo así, me despiertas, ¿sí? No quiero que pases la noche angustiada.

—Es que… —Me mira como si quisiera decirme algo, pero a la vez lo duda.

—¿Qué?

—Es que tú trabajas mucho, y no quiero molestarte por las noches cuando estás durmiendo.

Una punzada se clava en mi pecho. ¿Cómo es posible tener la hija más empática, buena y considerada del universo?

Me acerco a ella y la abrazo con fuerza.

—Te amo, Frannie, pero no te preocupes por mí, ¿sí? Yo estoy bien. Jamás voy a preferir que duermas angustiada. Ni que haya pasado veinte días seguidos sin dormir. ¿De acuerdo?

—¿¡Veinte días seguidos sin dormir!? ¡Esos son muchísimos días!

Me enternezco, le doy un beso en la cabeza y asiento.

—Bueno, mi amor... ¿Y sabes qué? Tengo una idea que quizás ayude con esos malos sueños. ¿Te acuerdas de Jack?

Ella asiente y modula en un susurro que no es susurro.

—¿Te refieres a Superman?

Sonrío. Siempre me hace sonreír.

—Sí, ¿lo recuerdas?

—¿Cómo olvidarlo? Es mi héroe.

—Bueno, pues él va a vivir con nosotras por un tiempo. Va a trabajar para mí.

Sonríe, pero de pronto cambia la expresión.

—A papá no le gustará nada eso.

Odio que viva pendiente de lo que le gustará o no a su padre. No quiero que crezca con esas inseguridades. Lo mejor que pude hacer, por ambas, fue separarme.

—No te preocupes por tu papá, cariño.

Para eso estoy yo.

—¿Y Jack qué va a hacer para ti?

No le voy a decir que es un guardaespaldas; no quiero asustarla después de lo que le pasó. Pero sí tendré que pensar en algo cuando comiencen los de la empresa de seguridad privada.

—Pues… será como una especie de asistente personal.

No tengo la más mínima idea de cómo serán los próximos días y cómo nos sentiremos con un hombre desconocido en nuestra casa, pero algo me dice que su presencia nos hará bien.

Espero no equivocarme. No puedo permitirme cometer otro error al interpretar las intenciones de un hombre. Espero que mi instinto ya haya aprendido la lección.

Ojalá pudiéramos saber si una decisión es correcta o no antes de tomarla, pero la vida no suele ponernos las cosas tan fáciles.

La vida es, en esencia, tomar riesgos y enfrentarse a las consecuencias.