Cuando nos encuentren 24 JACK
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24 JACK

Me despierto sobresaltado. Las gotas de sudor recorren mi frente, mi cuerpo.

Dormí en un lugar seguro y lo sé, pero al parecer a mi inconsciente le cuesta adaptarse.

Este hogar es sin dudas eso: un lugar seguro.

Tengo cuatro paredes y un techo sobre mi cabeza.

No estoy a la intemperie. No pasé frío, tampoco calor.

Cené y me acosté con el estómago lleno. Cosas que muchas personas dan por sentado sin darse cuenta de que para tantas otras es un lujo.

Mi cuerpo se relajó al dormir. Pero… las pesadillas no se fueron.

No estoy seguro de si son recuerdos o simplemente sueños.

Una cosa son los flashes de recuerdos que tengo cuando estoy despierto, pero otra muy distinta es lo que sucede cuando me duermo.

Todas las noches sueño con sangre y muerte.

No reconozco a las personas que aparecen en ellos, así como tampoco me reconozco.

El corazón palpita fuerte contra mi pecho. Me pongo de pie y me dirijo al baño de la habitación.

Suspiro frente al espejo y observo mi rostro. No sé quién soy, pero espero poder descubrirlo pronto.

El olor a café me atrae como un adicto hacia la cocina. Rebecca está con ropa deportiva. La licra rosa se adhiere a cada una de sus curvas como una segunda piel y hace que mi imaginación vuele. Lleva un top corto, a juego, y el cabello dorado recogido en una cola alta.

Se encuentra preparando el desayuno, y murmullos melódicos escapan de su garganta. No puedo evitar recorrerla con la mirada una última vez antes de fingir que toso para que se dé cuenta de que ya no está sola.

No puedo ser tan desgraciado. Esta mujer está confiando en mí, y no quiero que se sienta incómoda en mi presencia. No debería tener pensamientos de ese tipo sobre ella.

—¡Buen día, Jack! —Su voz es alegre. ¿Quién tiene tanta energía tan temprano?—. En breve estará listo el desayuno.

—Buen día. Genial, gracias.

—Luego de comer, tenía pensado ir al centro comercial. Necesitas varias cosas; la ropa de Mason te queda bastante pequeña y…

—No. No te preocupes por eso. Ya has hecho demasiado.

—Sabía que me dirías eso —responde mientras espuma la leche para el café y da vueltas por la cocina haciendo varias cosas a la vez—.

Por eso... —Abre un cajón y saca un sobre que pone delante de mí en la mesa—.

He decidido adelantar tu primer sueldo. Me pareció un buen plan; quería llevar a Frannie al cine, así que podríamos ir luego.

¿Qué te parece? O sea, salvo que tengas planes...

—Comienza a balbucear, como lo hace cuando se pone nerviosa, y es muy gracioso de ver, pero reprimo la sonrisa y mantengo el rostro serio—.

Si tienes planes, podemos hacerlo luego, o...

Bueno, quizás no quieres que te acompañemos, pero es que necesitas cierto tipo de ropa para el trabajo, y...

para ti también. Y como igual quería ir, y ahora no deberíamos salir solas por lo que te dije.

Aunque quizás puedes ir solo y luego vienes y vamos de nuevo, así no te sientes incóm…

—Está bien, vamos. Perdona la interrupción, pero me pareció oportuno rescatarte del torbellino de palabras que no paraban de salir por tu boca.

Lo digo en un tono divertido, muy ajeno a mí. Pero esa mujer es divertida, y no puedo evitar sonreír internamente.

—Menos mal que me frenaste. —Una sonrisa amplia se refleja en su rostro, y se le marcan unos adorables hoyuelos—. Podría haber seguido por horas, Jack. Al parecer eres un hombre de pocas palabras, pero yo puedo hablar por los dos.

No puedo evitarlo; se me escapa una risa involuntaria.

—Me di cuenta, Rebecca —digo, aún sonriendo, y ella pone una taza de café espumoso frente a mí.

—Becca —dice—. Llámame Becca, por favor. ¿Te gusta así?

Baja la mirada a la taza de café.

—No tiene azúcar, pero le puse leche espumosa, porque el café negro es horrible.

—Me gusta así, pero no vuelvas a decir eso del café negro, o no sé si vamos a poder seguir trabajando juntos —respondo.

Gira rápido la cabeza en mi dirección y sonríe. Su mirada brilla con picardía.

—Así que Jack también tiene sentido del humor.

—Quizás —me limito a responder.

—Ya vuelvo; quiero despertar a Frannie y contarle sobre tu nuevo trabajo antes de que baje. ¿Puedes vigilar los huevos? Los puse al mínimo.

—Claro.