Cuando nos encuentren 22 JACK
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22 JACK

Detesto que la propuesta de Rebecca tenga tanto sentido.

¿Cómo mierda rechazo algo así? Es exactamente lo que necesito para empezar de cero.

Tendré un sueldo y un techo. Podré investigar —a mi manera— sobre mi pasado.

No tendré que dormir más en la calle. Es un trabajo sencillo; solo debo acompañarla y cuidarla.

El enfrentamiento físico no es un problema para mí.

Si algo sé de mi pasado es que sabía cómo defenderme y…

cómo atacar. No quiero ser el Jack que derrama sangre, pero ¿el Jack que protege a una mujer inocente y a su hija? Ese sí.

—De acuerdo. Lo haré.

—Vaya, eso fue más sencillo de lo que esperaba. Pensé que te tendría que rogar por esto.

—Me parece que ya me has rogado bastante.

Una carcajada escapa de su pecho y sonríe.

—Supongo que tienes razón.

Nos miramos en silencio. ¿Y ahora qué?

—Bueno, imagino que te interesan los detalles de este acuerdo, así que mejor los dejamos por escrito.

Se pone de pie de un salto y va hacia los cajones a rebuscar entre ellos. Regresa con un bolígrafo y un cuaderno, lo abre y comienza a escribir.

—¿Qué haces? —La miro extrañado.

—Un contrato —responde como si fuera lo más obvio del mundo.

—¿Un contrato en una libreta?

—Sí, es solo para nosotros. Para dejar las cosas claras.

Continúa escribiendo y solo la miro en silencio.

Me permito detallarla, cosa que no había hecho hasta ese momento.

Sus labios gruesos y rosados están apretados debido a la concentración que le está dedicando al absurdo contrato en la libreta.

Tiene la mano izquierda apoyada en la mesa, y mis ojos recorren su brazo hasta llegar a una cicatriz, al parecer bastante profunda, en su antebrazo izquierdo.

Está curada. Parece vieja, pero debió de doler bastante.

¿A qué le estará huyendo esta mujer? ¿A qué le teme?

Se siente bien tener un propósito; no solo despertarme y buscar comida. Es el primer propósito real que tengo desde que perdí la memoria. Cuidar a Rebecca y a su hija. No suena mal en absoluto.

Sube su mano libre y se toca la clavícula de forma compulsiva mientras sigue escribiendo concentrada. Unos segundos después, deja el bolígrafo sobre la mesa y exhala con orgullo. Me pasa la libreta y comienzo a leer.

Mis ojos se frenan bruscamente en el monto que colocó al lado de la palabra «remuneración».

—¿¡Cinco mil dólares!?

Me mira con una sonrisa, y los hoyuelos que tiene en ambas mejillas se marcan antes de responder.

—Es un trabajo a tiempo completo —responde, nuevamente como si fuera lo más obvio del mundo.

—Es demasiado. Además, según dice aquí, voy a dormir en tu habitación de invitados, y ni siquiera voy a tener que pagar un alquiler. No puedo aceptar eso.

—Jack, por favor, deja de discutir conmigo por todo. Eso es mucho menos de lo que le tendré que pagar a la agencia profesional, y ya desconté el alquiler.

¿No se da cuenta de que es demasiado evidente cuando miente?

—Claro, ellos son profesionales. Tú lo has dicho.

—Quizás tú también. No lo sabemos. Quizás eras guardaespaldas y me estoy aprovechando de un profesional a un precio muy por debajo del mercado.

No puedo evitar sonreír.

Tomo el bolígrafo y plasmo mi firma debajo de la suya.

A la mierda. Seré el mejor guardaespaldas del puto país y me ganaré ese sueldo.