21 REBECCA BEAUMONT
Si yo pensaba que mi historia era complicada, la de Jack me aplasta. Todo es demasiado retorcido. Vuelvo a odiarme por un segundo. Por haberlo juzgado y haberle mandado a la policía. Puse su vida en peligro por mis estúpidos prejuicios. Nunca más voy a juzgar a alguien sin conocerlo. Lo juro.
No tiene opciones. Él no recuerda nada, está indocumentado y piensa que lo quieren matar. Quizás fue solo una casualidad lo que le pasó, pero quizás no. Probablemente no.
¿Cómo me sentiría yo si no recordara mi pasado? ¿Preferiría borrarlo todo? A veces pienso que sí, pero al ver a Jack y lo confundido que está, me doy cuenta de que los recuerdos, incluso los dolorosos, son también parte de quienes somos, y sin ellos estaríamos incompletos… Rotos.
CATORCE AÑOS ATRÁS
Las visitas a la cafetería mientras trabajo se hicieron recurrentes y, luego de insistir un poco, acepto salir con él.
Los nervios me van a comer viva. Voy a ir a su casa para nuestra primera cita.
No he estado con un hombre desde mi exnovio del instituto, y este hombre…
es mucho mayor que yo. ¿Qué espera de mí?
No quería negarme a ir… No quería quedar como una niña inexperta de dieciocho años. Quería demostrarle que tengo mucho para dar y que la diferencia de edad no será un problema.
Las piernas me tiemblan cuando me abre la puerta del carro.
Su casa es hermosa. Dos plantas, recubierta de ladrillos, rodeada de árboles, naturaleza y más casas similares.
Su fragancia me nubla los sentidos y, cuando me toma de la mano para guiarme al interior, pienso que las piernas me van a fallar.
¿Cómo hará para permitirse un lugar así?
Tenía la impresión de que los músicos no eran personas tan pudientes, salvo Taylor Swift y compañía, pero ¿un pianista?
Espero que no sea un asesino en serie, porque no le dije a nadie que saldría con él. Mi familia está lejos y, si les contaba, solo lograría que se preocupen.
—Cociné para ti, Becky. —Me da ternura que me llame así. Todo el mundo me dice Becca, pero él me bautizó como Becky, y me encanta.
Me hace un recorrido por su hermoso hogar. La decoración es sobria, elegante, pero a la vez acogedora. Este hombre tiene buen gusto, ¡y me cocinó! Nunca un hombre había hecho eso por mí.
—Gracias, muero por probarlo.
Me sirve una copa de vino y, aunque no estoy acostumbrada a tomar alcohol, la acepto.
El jazz que suena de fondo es perfecto para la ocasión, y con cada sorbo de vino me siento más desinhibida.
Los nervios se van disipando. A pesar de eso, una pequeña inseguridad me sigue taladrando la cabeza.
¿Y si le parezco una tonta? ¿Cómo puedo interesarle si se nota que había vivido muchas más cosas que yo?
Se pone un delantal y me siento en una butaca en la isla de la cocina para verlo en acción mientras termina de preparar algunas cosas para la cena.
—Cuéntame de ti —le pido con curiosidad. Quiero saberlo todo.
—¿Qué quieres saber? —Me escanea sin soltar el cuchillo. Lo observo por demasiados segundos y bebe un sorbo de vino.
—Mmm… ¿Por qué la música? ¿Qué te hizo querer ser pianista? —pregunto finalmente.
Sonríe de lado, y sus ojos brillan con picardía.
—La conexión con el mundo, Becky. La música nos permite conectarnos con el universo, con nuestra alma y con nuestra llama interna. La hace florecer. Nos eleva. Nos permite ver cosas que de otra forma no podríamos ver.
Dios mío. Además de parecer perfecto, también es un hombre espiritual y conectado con su lado más humano. Me caso mañana mismo.
—Eso suena hermoso —exhalo con un suspiro.
—¿Y tú? ¿Por qué estudias biotecnología?
Vuelvo a la realidad y sacudo de mi mente los recuerdos enterrados.
Jack. Es a él a quien tengo frente a mí, y una idea comienza a tomar forma en mi cerebro.
Ya dormí, no puedo culpar a la falta de sueño por esto, pero quizás no es mala idea.
En la empresa no podré contratarlo; ya repasé el listado que me pasaron de RRHH y, si bien hay algunas vacantes en mantenimiento que podrían servirle, sin papeles nunca funcionaría.
No es solo mía, y no soy yo la que dicta todas las decisiones de Bio Insights ni las leyes laborales de este país.
La solución quizás sea que lo contrate yo, de forma particular.
Se me ocurre un puesto perfecto. Por lo menos, de forma temporal.
Le pagaré un buen sueldo y lo ayudaré a que pueda arrancar con su vida.
Con una nueva vida. Muchas veces, las personas solo necesitan a alguien que no las pase de largo.
Una oportunidad. Eso necesita Jack. Y yo puedo ofrecérsela.
—Te tengo una propuesta.
Levanta la vista hacia mí, pero permanece en silencio. Es un hombre de pocas palabras. Pero no importa; el puesto que le voy a ofrecer no será de relaciones públicas.
—Necesito contratar seguridad privada. —Arquea la ceja, pero sigue escuchándome en silencio—.
Hay un asunto que me tiene algo preocupada y me recomendaron contratar guardaespaldas.
Tengo una lista de empresas que debo llamar, y no me malinterpretes, lo haré, porque somos dos y necesito gente profesional junto a mi hija, pero yo nunca me he sentido cómoda con guardaespaldas, y a ti de alguna forma te conozco.
¿Dijiste que boxeabas, cierto? Además, ya demostraste que me puedes proteger cuando…
Ya sabes… —Me da vergüenza reconocer lo que pasó, así que no lo nombro—.
Bueno, puedes acompañarnos por un tiempo hasta que todo se calme, y luego decides qué hacer respecto de tu problema.
No deberás hacer mucho, solo acompañarme al trabajo y así.
Cuando esté en casa, puedes salir y hacer tus cosas.
¿Qué dices? La empresa se encargará de los temas más importantes.
De los traslados, cámaras y esas cosas… Tú solo tendrás que acompañarnos y estar atento a cualquier situación extraña.
Cuidarnos las espaldas. —Me sonrojo por lo que estoy a punto de decir, pero es cierto—.
Básicamente, lo que has hecho desde que nos conocimos.
No me da una respuesta.
—¿Es por la caja que te dejaron?
¿Cómo sabe eso?
—¿Qué te hace pensar que...?
—Ese día te pusiste muy nerviosa, luego de la caja. Cambió tu actitud y te la pasas mirando a todos lados, como si tuvieras miedo.
—Eres bastante detallista, por lo visto. Quizás eras psicólogo, ¿no lo has pensado? ¡O detective!
Su mirada se oscurece aún más y se le tensa la mandíbula.
—Lo dudo.
—Sí, tiene que ver con la caja, pero no estoy preparada para hablar de eso. En relación con mi propuesta... ¿Qué dices?