Cuando nos encuentren 19 REBECCA BEAUMONT
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19 REBECCA BEAUMONT

¿Quién diablos se pone a hacer flexiones con la espalda destruida y con el tobillo doblado?

Jack frena en seco al escucharme y gira su cabeza hacia mí. Su mirada intensa y profunda se encuentra con la mía, y las sombras parecen definir más los músculos perfectos de su cuerpo. Retiro rápido la mirada.

Desubicada.

—No —responde.

¿Alguien le enseñó a este hombre que existen oraciones completas? No es necesario comunicarse solo a través de monosílabos.

—Te estuve esperando —le digo—. Te dije que quería que habláramos al volver del trabajo.

No duda un segundo antes de responder.

—Estuve ocupado.

Enarco una ceja. Perdón, ¿pero está mal pensar que es una mentira que estuvo ocupado? ¿Haciendo qué exactamente?

—¿Qué? —replica al ver mi expresión, y se pone de pie, elevándose frente a mí como un gigante—. ¿No puedo estar ocupado porque vivo en la calle?

—No dije eso —respondo a la defensiva.

—No, pero lo pensaste.

Quizás es vidente.

—No pensé eso —miento descaradamente.

—Rebecca, ¿qué quieres? —Suspira con hastío—. De verdad te agradezco todo lo que has hecho por mí, pero te repito que no necesito ser tu nueva obra de caridad. Toma la salida fácil. Acepta mi agradecimiento y sigue con tu vida.

— ¡Guau! , no sabía que podías decir tantas palabras juntas.

Pone los ojos en blanco, pero creo percibir un minúsculo intento de sonrisa.

—Estuve hablando con algunas personas, para lo del trabajo —comento—. Estoy segura de que vas a poder conseguir algo pronto.

Bueno, uno no me ha respondido y la otra ya me dijo que no.

—Nadie va a contratar a una persona sin documentación —responde, y la verdad es que tiene muchísima razón. Por lo menos, no lo contratarán mis conocidos de la alta alcurnia… salvo que quisieran un sicario.

—¿Tiene que ver con lo que me contaste? —Cruzo los brazos sobre mi pecho para protegerme del frío. Jack sigue sin camisa, y estoy haciendo un esfuerzo bastante grande para mantener mis ojos sobre su cara—. Lo de la memoria.

Asiente.

—No entiendo por qué no quieres ir a la policía. ¿No tienes curiosidad por saber quién eres? ¿Por saber si tienes familia?

Permanece demasiado tiempo en silencio mientras su mirada penetrante me escudriña de arriba a abajo, como si tratase de analizar si puede responder esa pregunta. Los segundos parecen minutos y ninguno aparta la mirada.

—¿Alguna vez te han dicho que eres extremadamente indiscreta?

Se me escapa una carcajada. No puedo evitar sonreír, porque lo último que me hubiese esperado de él es ese comentario. No ríe conmigo, pero se levantan sutilmente las comisuras de sus labios.

—La verdad es que no me lo han dicho así de frente, pero créeme, tampoco necesito que lo hagan. Me doy cuenta solita, es que… a mi cerebro le cuesta controlar lo que sale por mi boca.

¡Sonríe! Esta vez de verdad. Mi yo interno baila de felicidad.

Pensaba que no me iba a responder la pregunta, pero para mi sorpresa lo hace.

—Ya lo intenté. —Permanezco en silencio y trato de darle el espacio para abrirse—. Pero no terminó bien.

—¿A qué te refieres?

—Es una larga historia.

—Bueno, es viernes por la noche y yo no tengo planes para todo el fin de semana, así que podríamos decir que tengo tiempo.

Sonríe de nuevo. Tengo un estúpido crush con un mendigo. Si le contara esto a Lina, no pararía de hacerme bullying por el resto de la eternidad, aunque sea mi mejor amiga.

—Hagamos algo. Frannie está sola en casa, y ya salí demasiado tiempo. Me acompañas, tomas algo caliente. Cenas. Hablamos. Y si no llegamos a ningún acuerdo, prometo no secuestrarte como anoche y dejarte ir.

Su expresión se suaviza y, para mi sorpresa, comienza a recoger sus cosas. Se pone la camisa y camina hacia mi casa.

Supongo que es un sí.

Voy detrás de él, y continúo mirando en todas las direcciones de forma compulsiva. El miedo no se ha ido; solo lo estoy tapando con otras cosas para evitar que se apodere por completo de mí. Esta vez, soy madre… Esta vez, no puedo permitir que me destruya. Me arrepiento tanto de haberlo conocido...

CATORCE AÑOS ATRÁS

No pensé que volvería a verlo, pero el destino está de mi lado.

Finalizado el show , y luego de escuchar a algunos músicos más, salgo hacia los dormitorios.

No puedo creerlo, pero allí está él. Nuestras miradas se cruzan por segunda vez esta noche, y las mariposas se vuelven completamente locas en mi interior.

No puedo sostener su mirada; es tan intensa…

Me quedo sin aire en los pulmones y trato de pasar desapercibida y seguir mi camino, pero…

—¿Te gustó? —me pregunta justo cuando paso a su lado. No puedo ignorarlo, a pesar de que me tiemblan las piernas. Su música era poderosa y, al parecer, su voz también lo es. Me tenso.

Indecisa, me giro hacia él. Si no me estaba hablando a mí, voy a quedar como una completa idiota.

—¿Per-dón? —tartamudeo.

—Te preguntaba… si te gustó el show.

Se acerca. Un paso. Luego, otro.