Cuando nos encuentren 13 REBECCA BEAUMONT
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13 REBECCA BEAUMONT

Las oficinas de Bio Insights quedan a las afueras de Beacon Hill, sobre Congress Street. Hace cinco años fundé la empresa junto a mi socia, Ava. Nos dedicamos al desarrollo de tecnologías para mejorar el diagnóstico y tratamiento de enfermedades.

El último par de años, nuestro trabajo se enfocó principalmente en el desarrollo de una inteligencia artificial, aplicada a potenciar tecnologías en las que ya veníamos trabajando, y ha sido una locura el crecimiento que hemos tenido desde que Aethera Medical Solutions quiso invertir en la empresa.

¿Cómo se supone que debo concentrarme en la reunión después de recibir esa nota? Después de todo lo que pasó ayer...

Aún tengo que llamar a Mason y decirle que vaya a casa a ver a Frannie.

En contra de mi voluntad, lo invité el día anterior al centro comercial con nosotras, pero tuvo una reunión de trabajo y, por suerte, no pudo ir.

Le había prometido que lo llamaría para ver a Frannie cuando ella despertara y, honestamente, lo único que quiero es no tener más problemas con él. Que todo fluya, y listo.

Dijo que pronto pasaría a verla y que iba a hablar muy seriamente conmigo de lo sucedido.

Vuelvo a pensar en la nota. No puede ser la persona que creo.

Me habían garantizado que no podría ingresar al país. Tiene que ser una broma pesada. Pero solo él me llamaba así. Becky .

Concéntrate.

La reunión que había perdido era muy importante, y ya había dado una primera mala impresión al cancelarla repentinamente.

Hoy tendría que brillar. Estamos tratando de vender nuestro último producto —el EAS 5.

0 Pro— a una red de clínicas a lo largo y ancho del país, y cerrar un negocio de esa envergadura no es tarea fácil.

Estaciono mi camioneta en el subsuelo del edificio.

Pongo un pie en el ascensor en dirección al piso veintiséis y siento cómo el nudo se forma con velocidad dentro de mí.

No tengo control sobre él. Sucede todos los días…

y varias veces por día. Cada vez que me encuentro en algún espacio cerrado.

Cierro los ojos con fuerza; no quiero pensar que me encuentro en un lugar tan pequeño.

El corazón me late acelerado y las náuseas suben amenazantes por mi garganta.

Inhalo. Uno, dos, tres, cuatro. Exhalo. Repito el proceso.

Trato de enfocarme en las llaves que sostengo en mi mano derecha.

Siento su textura, sus relieves. Están frías.

Tengo los nudillos blancos de tanto apretar.

Debería mudar la empresa, pero las oficinas están ubicadas en un sector privilegiado de la ciudad, tienen una vista de muerte y, además…

No puedo mover todo porque yo sea claustrofóbica.

Ava puede ser muy comprensiva, pero seguro me asesinaría.

OCHO AÑOS ATRÁS

Un sonido, un doble clic, indica que abrió el baúl del auto. Me señala hacia allí con la cabeza.

—Entra —ordena.

¿¡Quiere que entre!?

—Pero ¡¿qué dices?! —Estoy temblando. Estoy aterrorizada de mi prometido, en medio de la ruta, y no puedo dejar de temblar.

—¡Que entres! —Su voz es más grave que de costumbre. Esa característica en él me solía gustar, pero en este momento solo me da miedo—. Entra allí ahora mismo o la alternativa será mucho peor —replica enojado, aunque manteniendo un tono de voz lo más calmo posible.

Miro el baúl y lo miro a él, y entiendo que no tengo más alternativa. Camino lentamente hasta allí y le doy una última mirada, con una súplica silenciosa que no le importa. Me empuja dentro, golpeándome la cabeza en el proceso, y cierra la puerta.

El espacio es pequeño y oscuro. No tengo mi teléfono; me lo quitó luego de aparecer de la nada y llevarme a rastras con él.

Trato de calmarme, dando respiraciones lentas y pausadas, pero siento que el aire ya no entra en mis pulmones.

Siento que me estoy asfixiando, que no puedo respirar y que me voy a morir.

El auto sigue su recorrido por demasiado tiempo, hasta que finalmente se detiene.

Pienso que la tortura terminó, pero no. No me abre la puerta.

Tampoco grito. No sé dónde estoy y me da pánico, y una parte muy pequeña e inconsciente de mí no quiere exponerlo.

Finalmente, luego de lo que parece una eternidad, abre la puerta del baúl y me ayuda a ponerme de pie.

Miro a mi alrededor, sin poder creerlo.

Manejó hasta casa. Entró y durmió plácidamente mientras yo pasaba la noche aterrorizada y encerrada.

No sé qué decir. Estoy en estado de shock. Se inclina sobre mí con una sonrisa perversa en el rostro y me besa los labios.

—Me imagino que ya has aprendido la lección, Becky.

Las puertas del ascensor se abren e ingreso rápidamente a las lujosas oficinas de Bio Insights , dejando atrás el miedo y los recuerdos.

Marie, la recepcionista, me saluda con una sonrisa amplia y me indica que la sala de reuniones está preparada. Le agradezco y voy a mi oficina para preparar los últimos detalles.

Cada tanto, se me cuela por la mente la imagen de Jack. Aún tengo una conversación muy pendiente con él. Debo pensar en un plan para ayudarlo a salir de la calle.

Me siento en el escritorio y observo la hermosa vista panorámica de la ciudad.

Enciendo la notebook y repaso una vez más la presentación.

Otro pensamiento me invade: tengo que llamar al agente Isaac Hayes Blackwell y contarle de la nota.

Quizás no es nada, pero no me voy a quedar tranquila hasta estar segura de que no volvió.