10 JACK
Su rostro se convierte en un muro de piedra pálida en menos de un segundo.
—¿Qué te pasa? —pregunto. Deja caer de sus manos una caja pequeña y guarda algo en el bolsillo de su pijama. Un papel.
Se me enciende una alarma; esa que siempre me dice que algo no va bien.
—Nada —responde. Cierra la puerta tan rápido que el golpe sordo hace retumbar las paredes. Pasa la llave a toda velocidad. Los nervios que tiene son tan obvios que podrían notarse a kilómetros de distancia.
—Estás temblando —le digo, pero no me mira a los ojos.
Quizás se dio cuenta de que metió a un desconocido a su casa y ahora tiene miedo.
—Puedo irme… Si te arrepentiste, puedo…
—¡No! —replica con mucha efusividad y la voz demasiado aguda. Camina por el pasillo y comienza a tocarse la clavícula de forma compulsiva. Las uñas rojas resaltan sobre su piel, tan blanca como la nieve—. No tiene nada que ver contigo.
Sigue caminando hacia el interior de su casa y es obvio que trata de actuar normal.
—Sígueme, vamos a tu habitación.
Algo le sucede, pero no insisto. La sigo en silencio hasta la habitación de invitados sin entender qué mierda acaba de pasar.