¿Cuándo nos convertimos en esto? Capítulo 28
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Capítulo 28

Renatta

Romeo cortó la llamada, y, acto seguido, se puso a grabarme un audio en el que me explicaba todo con lo que lo habían amenazado.

No le conté nada a Bianca, era lo que le faltaba a la pobre. Encima que no entendía el motivo de que su hijo estuviera haciendo eso, como para enterarse también de con qué lo estaban extorsionando.

Marqué el número de mi amiga, que me contestó al instante, como siempre hacía.

—No seas impaciente, que la demanda se presentó ayer.

—Natalie, tenemos que vernos.

—¿Ocurre algo?

—Ocurre todo, pero no quiero hablarlo por teléfono, quiero enseñarte algo, pero tiene que ser cara a cara.

—Está bien, ahora ya estoy acostada, pero mañana, a primera hora, me paso por tu casa.

—Jolín, no me había fijado en la hora que era. Perdóname, por favor.

—No te preocupes por eso, mañana nos vemos. Ahora, intenta descansar.

Y en eso se quedó, en el intento, porque no me podía quitar de la cabeza las imágenes de Romeo con esa mujer, como tampoco lograba sacar las palabras pronunciadas en ese audio.

Antes de las siete de la mañana, ya estaba yo levantada. Me metí en la ducha, para ver si así podía paliar un poquito lo que sentía, y me vestí con una de las camisolas de algodón que usaba cuando estaba en mi casa.

Preparé el café y las tostadas y, mientras que no se hacían, arreglé mi habitación, hice la cama y recogí la ropa que tenía en el cesto de la ropa sucia y la llevé hasta el cuarto de lavado, donde puse la lavadora.

A las ocho en punto, sonó el teléfono interior, y recordé que no le había dicho a Rodolfo que hoy tendría visita, así que, deduje que sería él para que autorizara el paso.

—Señorita Bianchi, aquí hay una señorita que pregunta por usted. Dice que tenía una cita concertada y que es la abogada del señor Acosta.

—Sí, Rodolfo, tengo tantas cosas en la cabeza que se me olvidó comunicárselo.

—No se preocupe, señorita. Ahora mismo le autorizo el paso.

—Gracias, Rodolfo, es usted muy amable.

—No hay por qué darlas, es mi trabajo. Si alguien es amable en este edificio, es usted.

Colgué el teléfono y me fui hasta la puerta, donde esperé a que Natalie subiera. Le pedía a todos los santos y ángeles del cielo que Bianca no abriera la puerta en estos momentos, y mis plegarias fueron escuchadas, porque mi amiga entró en mi casa sin que nadie más la viera.

—Cuéntame ahora mismo qué es lo que ocurre.

—No te lo voy a contar yo, mejor será que lo escuches con sus propias palabras. Después, te enseñaré las fotos que me llegaron.

Cogí mi móvil y entré en la aplicación, buscando el chat que tenía abierto con Romeo y yendo directamente al audio.

Me aparecía como que él lo había borrado en su móvil, pero seguía manteniéndose en el mío. Por si acaso, lo había descargado la noche anterior.

Cuando Natalie empezó a escuchar todo lo que Romeo contaba, lo que se había visto obligado a hacer, cuando escuchó todo el tema de las amenazas que le habían prodigado, su rostro empezó a cambiar de color.

—¿Sabes lo peor de todo esto?

—Ah, pero ¿hay algo peor?

—Siempre lo hay, amiga.

—Pues no, no lo sé, sácame de dudas.

—Que sería su palabra contra la de ellos. Tendríamos que tener las palabras de ese hombre de alguna manera, y no creo que sea tan tonto como para admitirlo y firmar una declaración.

—No, firmarlo no, pero si Romeo tiene la oportunidad de grabarlo…

—Entonces eso nos sería de gran ayuda, aunque no sería algo concluyente mientras que el juez no lo admitiera como prueba.

—Pero no tenemos nada que perder. Lo complicado va a ser cómo se lo decimos a Romeo.

—¿No lleva su móvil?

—Sí, pero tan solo lo dejan hablar cuando están ellos delante.

—Joder, esto es un secuestro en toda regla.

—¿Podemos denunciarlo por eso?

—No si no queremos que le hagan más daño del que ya le están haciendo, y no físicamente, sino a su imagen.

—Lo sé, esas imágenes no le vendrán nada bien y, si mucho no me equivoco, las empresas con las que tiene firmado algún tipo de contrato publicitario, empezarán a rescindirlos.

—Ya, pero eso a ellos les da igual. ¿No entiendes que ahora los van a pasear de platós en platós, vendiendo su historia de amor?

—Sí, pero eso tan solo será durante un tiempo. Luego tendrán que encontrar otra manera de ganar dinero, y mucho me temo cuál será.

—Acusarlo de algo ilegal e impactante.

—Veo que ya vas entendiendo de qué va todo esto.

—Amiga, creo que nos vamos de viaje a Roma. Intentaré buscar una ubicación cercana a la suya y, en el momento en el que los veamos salir, hablaremos con Romeo.

—No va a ser tan fácil, te lo aseguro.

—Pero, como tú misma has dicho antes, no tenemos nada que perder.

—En eso tienes razón.

—Voy al despacho a dejar cerrada la semana y te recojo a las cinco. No te preocupes por nada, que yo lo organizo todo a través del despacho, para no levantar sospechas.

—Gracias, Natalie.

—Uy, no me las des, que, cuando todo esto termine, voy a ser la abogada más famosa de todo el país.

Soltamos una carcajada, aunque la situación no era la ideal para estar de risas, pero no nos quedaba otra, o terminaríamos medio majaras.

Me fui a preparar una maleta, y a inventar una excusa, pues no le pensaba decir a Bianca lo que iba a hacer ni lo que estaba sucediendo.

Con todo preparado, llamé a su puerta, y me abrió como sorprendida, por la manera en la que iba vestida y la maleta que me acompañaba.

—¿Vas a alguna parte?

—Sí, Bianca, me han avisado de que hay un chico que despunta sobremanera con un balón, y voy con una amiga a echarle un vistazo.

—¿Cuándo vuelves?

—Pues, ciertamente, no lo sé. Si logro hablar con la persona con la que tengo que hablar en estos días, volveré pronto. Si no, hasta que no logre hacerlo, no podré volver.

—Ten mucho cuidado, porque tengo una sensación muy fea, como si algo estuviera sucediendo o estuviera a punto de suceder.

—Lo tendré, pierde cuidado.

Le dejé un beso en la mejilla, y me subí al ascensor, pues Natalie ya me había avisado de que estaba en la calle, esperándome.

—Menos mal que no has tardado, ya sabes que me desespera estar de brazos cruzados.

—Chica, me dijiste a las cinco, y son menos cuarto.

—Ya, pero es que he terminado antes y quiero partir hacia allí antes de que se haga de noche.

—¿Vamos a ir en coche?

—Sí, de ese modo no dejaremos ni rastro.

—¿Has encontrado casa cerca?

—Y tan cerca, justo la de al lado.

Me contó que, al parecer, ese era un complejo turístico, en el que se alquilaban las casas enteras, con su piscina y demás, por lo que no tendríamos que dar datos a nadie.

—¿La has alquilado a tu nombre?

—No, porque, si se ponen a rascar un poco, podrían conectarte conmigo.

—¿Entonces?

—Lo he hecho a nombre del despacho. He hablado con mi jefe, le he expuesto el caso y me ha dado carta libre para que haga todo lo que considere necesario.

—Pues vamos allá, y terminemos con ellos.

—Joder, amiga, eso ha sonado como si fuéramos de la mafia siciliana.

—Ganas no me faltan, te lo prometo.

Fueron unas cuatro horas en coche las que tardamos en llegar hasta la casa que Natalie había alquilado.

Sería muy complicado ver cuándo se marchaban, porque los setos que dividían una propiedad de otra eran demasiado altos y espesos, pero ya encontraríamos la forma de hacerlo.

Escuché a Romeo en el jardín, decir que necesitaba su teléfono para llamar a su madre, o se preocuparía al no dar señales de vida.

—Como se te ocurra enviarle un mensaje a mi hija, dile adiós a tu carrera.

—Ya te he dicho que no pienso llamarla a ella. Si quieres, te quedas aquí, a mi lado y escuchas todo.

—Está bien, te daré tu teléfono, pero no te vayas a pensar que soy tonto, porque sé rastrear perfectamente todo lo que se haya borrado.

Me salió una risa, que tuve que acallar con mi mano. ¿Mi padre puede rastrear un móvil? Venga ya, como no hubiera contratado a alguien para hacerlo, porque él no sabía ni subir una foto al Instagram.

Escuché cómo se marchaba, y cómo Romeo hablaba con la madre, y supe que era el momento correcto para decirle que estábamos aquí, en la casa de al lado.

Renatta: En cuanto leas este mensaje, bórralo, y no te preocupes por mi padre, que no sabe casi ni poner el pin del móvil. Estamos en la casa que hay justo a la izquierda de la que estáis. Necesitamos que te busques la forma para poder venir.