Cuando nadie mira (Saga en las sombras 1) VEINTITRÉS #2
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VEINTITRÉS #2

Claire no me mira.

—Sí.

Al menos no lo niega.

—¿Y no vas a contármelo?

—No.

La simplicidad de La respuesta me hace reír.

—Fantástico.

—Sarah.

—¿Qué?

Ahora sí gira hacia mí.

—Mantente lejos de él.

No añade ninguna explicación.

Eso casi resulta peor.

—Eso ya me lo ha dicho el Círculo.

Su expresión cambia.

—¿El Círculo sabe que sigue apareciendo?

—Sabe suficiente para haberme llamado a una reunión y explicarme que si no obedezco pueden revocarme el beneplácito.

Claire se queda muy quieta.

—¿Te amenazaron?

—Sí. Safiya incluso tuvo la cortesía de no llamarlo de otra manera.

—¿Con qué?

—Credenciales, coche, piso, salidas sin acompañamiento. Si sigo ignorándolos, pasarían a algo más restrictivo.

Claire aparta la mirada.

No parece especialmente sorprendida de que tengan capacidad para hacerlo.

—No estoy diciendo que crean que el Silente es peligroso porque quieran controlarme —continúo—. Lo es. Tengo una demostración bastante buena. Lo que me jode es otra cosa.

—¿Qué?

—Que todos podéis usar información que yo no tengo para decirme qué debería hacer.

Claire guarda silencio.

—Todos sabéis algo que yo no. Y ninguno puede contármelo, pero todos llegáis perfectamente a la misma orden: mantente lejos.

—No puedo contarte lo que sé.

—Ya.

—No significa que no tenga motivos.

—Tampoco he dicho eso.

Me cruzo de brazos.

—Estoy cansada de que siempre haya una habitación más a la que no puedo entrar porque alguien ha decidido que todavía no necesito verla.

Claire baja los ojos.

No se defiende.

Eso me quita parte del impulso que llevaba preparado.

—Sé que es peligroso —añado—. No necesito que me lo expliquéis. Lo sabía antes de la mujer y ahora tengo una prueba bastante definitiva. Que me guste besarle no ha conseguido volverme imbécil.

Claire alza una ceja.

—No he dicho eso.

—Lo estabas pensando.

—No.

—Decepcionante.

Algo mínimo aparece en su boca.

Después desaparece.

—Solo te estoy diciendo que tengas cuidado.

—No has dicho «ten cuidado». Has dicho «mantente lejos».

—Sí.

—No es lo mismo.

—No.

Y ahí termina.

No intenta convencerme con un discurso sobre límites, equilibrio o especies que ni siquiera sabe si existen. Permanece a mi lado como si ya hubiera dicho todo lo que piensa decir.

Quizá por eso continúo.

—Además, esta noche no ayuda.

Claire vuelve la cara hacia mí.

—¿Con qué?

—Con todo esto de los límites.

Su expresión cambia lo suficiente para que sepa que entiende de qué hablo antes de que continúe.

—Pregunté cuánta gente murió dentro.

Claire no responde.

—Después pregunté si todos estaban atacando cuando los matasteis.

El silencio me da suficiente.

No necesito que me cuente lo que ocurrió debajo de la iglesia. Parte de mí ni siquiera quiere saberlo todavía.

—No viste lo que pasó —dice finalmente.

—Exactamente.

La palabra sale demasiado rápido.

—Ese es el problema.

Claire me observa.

—No sé qué ocurrió ahí abajo. Ese es el problema. Volvéis, ponéis las muestras sobre una mesa, contáis los muertos y seguimos adelante.

Claire continúa callada.

—No es lo mismo que matar a una mujer porque interrumpe. Pero tampoco voy a fingir que no reconozco la facilidad.

Su mandíbula se endurece.

—No fue fácil.

La voz sigue baja.

—No he dicho que lo fuera para ti.

El vampiro que Claire encontró sentado en el enclave se queda entre las dos.

—No digo que sea lo mismo. Quiero saber dónde coño ponéis la línea.

—A veces se mueven.

La respuesta es baja. Nada más. La miro.

—Entonces deja de llamarlos universales.

Claire no discute.

Eso casi me irrita más porque estaba preparada para hacerlo yo.

Me apoyo otra vez contra la barandilla y observo el agua. Un par de personas cruza el puente por la acera contraria sin prestarnos atención. Puedo escuchar sus corazones mientras pasan y continúan calle abajo hasta mezclarse con otros ritmos.

—No matar innecesariamente debería ser bastante básico —digo.

Claire asiente apenas.

—Sí.

—¿Y quién decide qué es innecesario?

Esta vez tarda.

—No siempre se sabe en el momento.

La respuesta me hace girarme. No es la que esperaba. Claire sigue mirando el canal.

—A veces decides con lo que tienes. Y a veces te equivocas.

Eso sí pertenece a ella.

No al Círculo.

No a una norma.

A ella.

—Muy tranquilizador.

—No pretendía tranquilizarte.

Dejo escapar una risa breve.

—Últimamente nadie pretende hacerlo.

—Probablemente sea mejor.

Nos quedamos calladas. Hace unas horas varias personas salieron vivas de aquella instalación porque ellos entraron. Humanos retenidos, vampiros utilizados como sujetos y pruebas suficientes para seguir investigando la sangre alterada.

Eso también es verdad. Alguien murió dentro sin que yo sepa exactamente por qué.

También.

Las dos cosas caben en la misma noche. Empiezo a odiar bastante esa característica del mundo.

—Se preocupan por ti —dice Claire al cabo de un rato.

—Eso dicen.

—Yo también.

La frase sale distinta. Más baja. Me hace mirarla.

Claire no aparta los ojos del agua.

—No quiero perderte.

Tardo un segundo en responder.

—¿Perderme cómo?

Se toma su tiempo.

—No lo sé.

Eso me sorprende más que una explicación perfecta.

—Gran discurso.

—Estoy trabajando en ello.

Una sonrisa pequeña se me escapa.

Claire también parece a punto de hacerlo.

—No creo que pueda controlar al Silente —digo después.

—Bien.

—Tampoco creo que sea bueno.

—Mejor.

—Me gusta besarle.

Claire cierra los ojos un instante.

—Seguías pudiendo ahorrarme esa parte.

—No.

Esta vez sí aparece una sonrisa.

Breve.

Pero suya.

La observo desaparecer y vuelvo a mirar el canal.

—No quiero ser como él. Lo que me jode es que, como no recuerdo quién era, todos creáis que podéis decidir quién voy a ser ahora.

Claire no responde inmediatamente.

—Yo no.

Dos palabras.

Eso es todo.

Pero consiguen callarme.

Permanecemos un rato mirando el agua mientras el tráfico disminuye. La advertencia de Claire sigue entre nosotras y, aun así, unos ojos plateados vuelven a aparecer cada vez que dejo la cabeza en silencio.

—No quiero seguir hablando de esto ahora —digo finalmente.

Claire asiente.

—Bien.

La facilidad de la respuesta me desconcierta un poco. Habría sido más sencillo si intentara detenerme, convencerme o sacar otra conclusión de todo lo que acabo de soltar.

Me separo de la barandilla.

Empiezo a cruzar el puente hacia la avenida. A estas horas quedan pocos peatones y los escaparates apagados devuelven farolas, coches y fragmentos de las fachadas de enfrente.

Nunca nuestras siluetas.