DIECISIETE #3
—Algún día vas a darme una respuesta completa y voy a preocuparme muchísimo.
—Espero estar allí para verlo.
Sigo caminando.
El refugio vuelve a extenderse a mi alrededor en capas de pasos, puertas, tuberías y corazones demasiado lejanos. Todo conserva una nitidez agotadora, pero ahora al menos sé dónde empezó.
Podría ir directamente a mi habitación y esperar a que llegue el amanecer. En cambio, tomo otro corredor casi sin pensarlo y solo reconozco adónde voy cuando la distribución de las puertas empieza a resultarme familiar.
La habitación de Claire.
Quiero contarle lo del Silente y verle la cara cuando pronuncie el apodo. Por una vez, también quiero hablarle de algo que no incluya cadáveres ni órdenes del Círculo.
La puerta está entreabierta.
Eso me hace reducir el paso.
Empujo con dos dedos.
—¿Claire?
Nadie responde.
Entro.
Durante los primeros segundos pienso que simplemente habrá salido, pero la habitación no se parece a la que vi cuando regresó de la misión.
Aquella vez apenas tuve tiempo de mirar alrededor antes de que empezara a hablar, pero recuerdo perfectamente la manta negra arrugada sobre la cama, la ropa abandonada encima, los libros en la mesilla y todas aquellas pequeñas cosas repartidas por el escritorio que conseguían que una habitación construida igual que muchas otras del refugio pareciera inequívocamente suya.
Ahora la cama está hecha.
Demasiado hecha.
La manta negra permanece doblada a los pies y el respaldo de la silla está vacío.
No hay ropa encima de la cama ni libros amontonados junto a ella.
Han desaparecido las horquillas, las monedas, los bolígrafos y la caja metálica que ocupaban el escritorio.
La lámpara de pie continúa junto al sillón y la estantería sigue contra la pared, pero faltan tantos libros que los huecos entre los que quedan llaman más la atención que los propios lomos.
Miro el estante donde estaba la fotografía boca abajo.
También ha desaparecido.
Se me encoge algo dentro del estómago.
No porque necesite respirar para que ocurra.
Avanzo hasta el escritorio y apoyo los dedos sobre la superficie vacía.
También ha desaparecido el vaso que vi allí la otra noche.
Han retirado casi todo lo que indicaba que Claire vivía en esta habitación, y lo han hecho con una eficacia bastante inquietante.
Los muebles, una lámpara y alguna cosa demasiado genérica para merecer una caja continúan allí, pero nada de eso pertenece realmente a ella.
No hay nota.
Eso me molesta más de lo razonable.
Con Claire habría esperado cualquier cosa menos desaparecer dejando una cama perfectamente hecha.
—¿Buscas a Claire?
Me giro.
Una vampira está detenida al otro lado de la puerta.
La he visto varias veces por la zona administrativa, normalmente con carpetas o llaves en las manos, aunque nunca hemos hablado.
Hoy lleva unos documentos apoyados contra el pecho y me mira primero a mí y después al interior de la habitación con una expresión que deja claro que sabe perfectamente por qué está vacía.
—Sí.
—Se ha marchado.
Miro otra vez la cama.
—Eso lo había deducido.
La vampira no parece decidir si estoy siendo desagradable o simplemente evidente.
—La han enviado a Italia.
La palabra devuelve toda mi atención hacia ella.
—¿Cuándo?
—Hace unas horas.
Eso sí me detiene.
Hace unas horas Claire estaba aquí.
No conmigo, pero aquí.
Después de volver con Lucien había pasado la mayor parte de la noche encerrada, entrando y saliendo de zonas del Círculo y evitando bastante bien cualquier oportunidad de que yo pudiera preguntarle si estaba mejor. Supuse que habría tiempo.
Últimamente supongo demasiado eso.
—¿Por qué?
La vampira acomoda la carpeta contra el pecho.
—No lo sé.
—¿Quién la envió?
Hay una pequeña vacilación.
—El Círculo.
Claro.
—¿A qué parte de Italia?
—Verona.
El nombre no me dice nada más allá de lo que debería saber cualquier persona que todavía conserve restos razonables de cultura general. Italia. Norte. Una ciudad que existe en algún lugar de un mapa que probablemente sería capaz de señalar con bastante menos seguridad de la que me gustaría admitir.
—¿Cuánto tiempo?
—No había fecha de regreso en la orden.
Miro otra vez la habitación.
Eso suena peor.
—¿Se fue sola?
—No tengo esa información.
La respuesta es administrativa de una forma casi ofensiva.
Asiento antes de que mi irritación termine buscando a la persona equivocada.
—Gracias.
Ella continúa por el corredor.
Me quedo dentro.
La habitación huele a tela limpia y madera encerada. Claire regresó de una misión con polvo en la ropa, sangre seca en una manga y suficientes dudas para llenar este espacio de voces. Ahora solo quedan una cama perfectamente colocada y varios huecos en la estantería.
Pensaba enseñarle las llaves. Habría criticado el coche antes de preguntar cualquier cosa importante y después habría revisado algo que yo no le pedí que revisara.
Me siento en el borde de la cama. No sé cuándo volveré a verla y la habitación no tiene ninguna respuesta.