TRECE #2
—No podían caminar. Había más personas en otras habitaciones y no sabía cuántas quedaban en la zona que no había revisado. Si rompía las sujeciones o la jaula, perdíamos el lugar en ese momento. Podían mover a los demás antes de que consiguiéramos volver.
—¿Consideraste que podían morir antes? —pregunta Alaric.
—Sí.
No añado nada.
La respuesta queda entre nosotros.
Éléonore continúa observándome antes de apartar la mirada hacia Lucien. Hablan brevemente sobre la intervención que prepararán para esa noche y la necesidad de no permitir que las rutas desaparezcan antes de localizar al menos otro punto de distribución.
Después vuelve a mí.
—Sarah, tu situación dentro del refugio ha sido excepcional desde que llegaste.
No sé si eso pretende tranquilizarme.
Probablemente no.
—No conocíamos a tu creador, no sabíamos cuánto control conservabas y habías despertado después de un periodo que ninguno de nosotros podía explicar. Por eso todas tus salidas han estado supervisadas.
Ahí está.
No misiones .
No entrenamiento exterior .
Todas mis salidas.
—Durante estas semanas has demostrado que puedes alimentarte sin atacar a quien tengas delante, retirarte de una situación cuando el hambre aumenta, actuar fuera del refugio y tomar decisiones sin una supervisión constante.
Pienso en Víctor.
No necesito decir nada para que Éléonore añada:
—Eso no significa que no hayas fallado.
Bien.
Al menos nadie va a fingirlo.
—Pero un fallo no elimina todo lo ocurrido después. Lucien recomienda levantar la restricción de movimiento.
Miro hacia él.
Lucien no aparta la vista.
No esperaba esa parte.
Éléonore continúa.
—El Círculo te concede su beneplácito para abandonar y regresar al refugio sin autorización previa.
No respondo.
La frase es sencilla. Su efecto no. Hasta ahora cada vez que he visto una puerta de salida sabía que no podía atravesarla porque sí. Podía acercarme, podía aprender dónde estaba y podía marcharme si Lucien o Claire iban conmigo por algún motivo autorizado.
Ahora puedo decidir que quiero salir. Simplemente eso. La posibilidad me golpea con una intensidad absurda.
—¿Sola?
—Sola, si así lo deseas.
Miro otra vez a Lucien.
No corrige nada.
Éléonore explica el resto. Tendré credenciales propias para los accesos exteriores autorizados y un vehículo que podré utilizar durante mis desplazamientos.
Seguiré sometida a las normas de ocultación, tendré que responder a las convocatorias formales y existen zonas que continuarán restringidas, pero ya no necesitaré que Claire, Lucien o cualquier otro miembro del Círculo autorice cada vez que quiera salir.
Un coche.
Una llave. Una puerta exterior que pueda atravesar porque yo he decidido hacerlo. Un lugar al que ir. Quiero todo eso con una fuerza que me sorprende. Precisamente por eso también noto el precio.
No me están entregando libertad porque confíen de pronto en mí; es una recompensa por haber aprendido a contenerme. Detrás de aquella puerta gris sigue la mujer que dejé encerrada.
Eso no convierte el beneplácito en algo que no quiera. Solo impide que se sienta completamente limpio.
—Entendido.
Éléonore me estudia.
—Has avanzado con rapidez.
—He tenido bastante práctica.
Alaric baja los ojos hacia los papeles, aunque detecto algo parecido a diversión antes de que lo haga.
Lucien permanece neutro. La reunión continúa con las primeras medidas para seguir las rutas del restaurante y la preparación de una intervención en la zona oculta.
Presto atención cuando hablan de los cautivos.
No sé si la mujer seguirá viva cuando lleguen. Nadie puede prometerlo.
No pregunto.
Cuando por fin salimos al corredor, el refugio permanece igual.
Las mismas paredes. Las mismas puertas. Las mismas cámaras.
Sin embargo, saber que la próxima noche puedo caminar hasta uno de los accesos y atravesarlo sin que otra persona tenga que decidir si me acompaña hace que todo resulte ligeramente distinto. Lucien camina conmigo.
—Has hecho bien el trabajo.
Lo miro.
—¿Eso era un cumplido?
—Una constatación.
—Algún día vas a sorprenderme.
Una esquina de su boca se mueve.
—No cuentes con ello.
Pasamos junto a una sala de entrenamiento donde dos vampiros practican sobre una superficie acolchada.
Más adelante, un trabajador humano descarga cajas de un carro y saluda a Lucien al cruzarse con nosotros.
El refugio continúa funcionando con la misma indiferencia de siempre ante algo que para mí acaba de cambiar bastante.
Tengo tiempo.
La idea aparece con una facilidad nueva. Tiempo y, por primera vez, algún sitio fuera de estas paredes donde gastarlo. Lucien rompe el silencio.
—Las credenciales estarán listas mañana por la noche. El coche también.
—¿Fuera de aquí de verdad?
—Sí.
—¿Y podré ir cuando quiera?
—Mientras respetes el amanecer y los protocolos de seguridad, sí.
Eso me hace reducir ligeramente el paso.
Hasta ahora cada espacio que me han dado pertenecía de alguna manera al Círculo: una habitación dentro del refugio, una silla en la biblioteca, un lugar en una sala de entrenamiento o un piso franco al que había llegado acompañada porque formaba parte de una misión.
Ahora voy a tener una llave.
No debería importar tanto.
Importa.
—¿Voy a estar sola?
—Si quieres.
—¿Sin alguien comprobando cada diez minutos si sigo sin comerme a los vecinos?
—La supervisión será mínima.
—Ahí está.
—Sigues siendo una neófita.
—Empiezo a odiar esa palabra.
—Sobrevivirás.
Hay una familiaridad nueva en el intercambio. Muy pequeña todavía, pero suficiente para que Lucien haya dejado de sentirse únicamente como el hombre encargado de decirme qué puedo y qué no puedo hacer.
Al llegar a la bifurcación que conduce hacia mi habitación, se detiene.
—Sarah.
Espero.
—El beneplácito significa que ya no necesitamos decidir por ti cuándo puedes salir.
La formulación reclama toda mi atención.
—También significa que, cuando lo hagas, las decisiones serán tuyas.
Una hoja escondida dentro del cajón de mi escritorio reaparece con demasiada facilidad.
Te están mintiendo.
—Últimamente parece que tengo práctica.
Lucien me observa unos segundos, como si hubiera algo en mi respuesta que no termina de encajar.
No pregunta.
Nos separamos.
Esta vez, mientras avanzo hacia mi habitación, no pienso en todo lo que continúa cerrado.
Pienso en una salida.
Y en que mañana por la noche no necesitaré que nadie me diga que puedo cruzarla.