Cuando nadie mira (Saga en las sombras 1) CINCO #2
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CINCO #2

Vuelvo a mirar la ilustración de Lilith y noto que el libro ya no pesa igual entre las manos. Hace diez minutos estaba buscando una respuesta. Ahora tengo delante una versión.

Probablemente vaya a encontrar muchas.

La conversación deriva hacia mi situación casi sin proponérnoslo.

Comento que esperaba que el Círculo tuviera una explicación mucho más concreta después de la seguridad con la que Éléonore afirmó que mi despertar no era normal.

Alaric puntualiza que una cosa no tiene demasiado que ver con la otra.

Pueden desconocer el origen de nuestra especie y, al mismo tiempo, disponer de suficientes registros sobre neófitos como para reconocer cuándo algo se desvía demasiado de lo habitual.

—Lucien dice que soy más fuerte de lo normal.

La expresión de Alaric cambia muy poco, pero lo suficiente para que lo note.

Le cuento también lo ocurrido durante el combate: movimientos que no recuerdo haber aprendido y un cuchillo que mi mano supo colocar antes de que yo supiera cómo sujetarlo. No entro en todos los detalles. Tampoco hace falta.

Alaric permanece pensativo unos segundos antes de hablar de memoria procedimental.

Podemos perder el acceso consciente a una experiencia y conservar habilidades adquiridas mediante ella.

Un movimiento repetido durante años puede permanecer incluso cuando la escena en la que lo aprendimos ha desaparecido.

Miro mis manos.

—Así que mi cuerpo recuerda cosas que yo no.

—Es una manera sencilla de decirlo.

No sé si me tranquiliza o provoca justo lo contrario.

Porque si mi cuerpo sabe pelear, lanzar un cuchillo y reaccionar antes de que yo comprenda por qué, en algún momento tuvo que aprender.

Y yo no sé quién era cuando lo hizo.

Alaric recoge el libro que había traído consigo y se levanta. Antes de marcharse vuelve a señalar el volumen de Lilith y me recomienda que no trate nada de aquella sección como una verdad absoluta, aunque esté escrito por alguien que lleve siglos muerto.

—Sobre todo si lo escribió alguien que lleva siglos muerto —añade.

Lo veo alejarse entre las estanterías y desaparecer detrás de una columna antes de bajar otra vez la mirada.

Cuando regreso a mi habitación no estoy sola mucho tiempo.

He encendido únicamente la lámpara del escritorio y una de las luces indirectas del techo, así que parte de la piedra clara queda sumida en sombra.

Las hojas que encontré el primer día ya no están perfectamente apiladas, uno de los bolígrafos ha perdido la tapa y hay una chaqueta abandonada sobre el respaldo de la butaca.

Son detalles pequeños, pero suficientes para que el espacio haya empezado a parecer ocupado en lugar de preparado para cualquiera.

Claire aparece menos de una hora después con dos bolsas de sangre en una mano.

Lleva otra vez la chaqueta negra sobre una camiseta y el pelo recogido en una coleta alta de la que se han escapado varios mechones junto al flequillo.

Entra cuando le doy permiso, deja una de las bolsas sobre el escritorio y se queda con la otra antes de instalarse en la silla como si llevara haciéndolo mucho más tiempo del que realmente lleva conociéndome.

Me pregunta qué tal ha ido la biblioteca y le cuento que he descubierto algo bastante decepcionante: los vampiros tampoco saben de dónde vienen.

Claire no parece especialmente impresionada.

Por lo visto, encontrar versiones contradictorias sobre el origen es prácticamente inevitable en cuanto una criatura vive suficiente tiempo para empezar a convertir recuerdos, religiones y teorías en la misma cosa.

Abro mi bolsa y bebo antes de formular la pregunta que los registros no han conseguido responder.

—¿Cómo se crea un vampiro?

Claire deja de beber.

No parece sorprendida por la pregunta. Solo tarda un momento en responder, como si estuviera decidiendo cuánto necesito saber.

—Normalmente tienes un creador.

—Eso ya me lo habéis dicho todos.

—Porque es importante.

Se acomoda mejor en la silla y durante los siguientes minutos lo explica sin convertirlo en otra de las exposiciones que llevo varios días recibiendo.

Un vampiro no aparece porque otro le clave los dientes y tenga mala suerte.

Tampoco basta con matar a alguien mientras se alimenta.

La transformación es deliberada. Requiere un proceso concreto, intercambio de sangre y una serie de pasos que el creador debe completar sabiendo perfectamente qué está haciendo.

Miro la bolsa entre mis manos.

—Entonces todas esas películas en las que te muerden y despiertas siendo vampiro…

—Son películas.

—Qué decepción.

—Te recuperarás.

Según Claire, crear a otro vampiro tampoco es algo que cualquiera pueda hacer cuando le apetece. El Círculo mantiene control sobre las transformaciones y registra quién crea a quién porque el problema no termina cuando el nuevo vampiro abre los ojos. En realidad, empieza ahí.

Los neófitos tardan en controlar el hambre.

Claire no necesita preguntarme qué se me ha pasado por la cabeza.

Continúa explicando que durante ese periodo el creador es quien permanece cerca, enseña a alimentarse, impide que el recién convertido se exponga y se responsabiliza de los problemas que pueda provocar hasta que empieza a dominarse.

No todos evolucionan igual ni existe una medida exacta que sirva para cualquiera, pero dejar solo a un neófito recién despertado sería una estupidez.

—Una estupidez ilegal —añade.

—Eso suena más propio de vosotros.

—Del Círculo.

—Eso he dicho.

Claire me lanza una mirada y sigo bebiendo.