Cuando me veas (Warren & Quincy 2) CAPÍTULO 32 #2
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CAPÍTULO 32 #2

Tengo la cabeza apoyada en el hombro de Keith.

Su brazo me rodea, sus dedos acarician distraídamente mi piel.

Es una sensación tan relajante que siento cómo se me cierran los ojos.

Entonces me obligo a abrirlos. Debería dormir, pero tengo demasiado miedo de que, cuando me despierte, todo esto haya desaparecido.

Seremos presa de la incomodidad de la mañana siguiente.

O tal vez la magia se esfume para Keith.

Por fin ha conseguido lo que tanto desea desde hace años.

La única superviviente de un infame depredador.

Siento que me alejo. Keith también lo nota.

—Para —me ordena.

—¿Qué?

—Lo que sea que estés pensando.

—¿Qué estoy pensando?

—No lo sé. —Me levanta la barbilla—. Tienes pensamientos oscuros, Flora. Lo entiendo. Pero no hay nada oscuro en mis intenciones. No hay nada oscuro en lo que siento por ti.

—¿Sientes algo por mí?

—Sí.

—¿Eres un asesino en serie?

—No lo creo. Y, puesto que mi afición son los crímenes reales, imagino que lo sabría a estas alturas.

—Siempre has querido conocerme.

—Es cierto.

—Porque te gustan los crímenes reales, ¿y qué entusiasta de los crímenes reales no querría hablar con alguien como yo?

—Quería conocerte. Y lo hice. Y entonces... quise más. Pero eso no tiene nada que ver con tu pasado, sino con quién eres en el presente. Y con cómo me haces sentir ahora mismo.

—¿Podemos abordar ese «ahora mismo»... ahora mismo?

—La mayoría de las relaciones empiezan así.

—Vale —digo.

—Vale —asiente él. Un momento después, añade—: ¿Necesitas descansar, ducharte, comer o cualquier otra cosa?

Niego con la cabeza apoyada en su hombro.

—Bien. Porque la primera vez, aunque ha estado genial, ha sido un poco apresurada. Ahora... creo que podemos hacerlo aún mejor.

Abro un poco los ojos. Entonces él se mueve, desplazando su peso hacia arriba. Jadeo. Sin hablar, sin pensar; solo siento. Él demuestra que lleva razón: la segunda vez es aún mejor.

Justo antes de quedarme dormida, me doy cuenta de algo.

Ya no estoy sobreviviendo.

Por fin estoy viviendo.

Me despierto de repente. Noto un peso extraño en la cama, un intruso en la habitación. Instintivamente, arremeto contra él. Pulgares, codos, rodillas. Las mujeres quizá no seamos tan fuertes como los hombres, pero hay formas en las que podemos hacer mucho daño.

—¡Mierda! ¡Flora, Flora, soy yo!

Una mano me agarra del brazo. Me giro hacia el agarre, dentro de la zona de ataque de mi agresor, donde puedo clavarle el pulgar en los ojos.

—¡Flora, despierta!

Estoy desnuda. Él está desnudo. Me sujeta los brazos con sus manos. Debería, debería... Keith. Me acosté con Keith. Me quedé dormida con Keith. Estoy con Keith. Dios mío, ¿qué he hecho?

Tan rápido como he atacado, retrocedo, liberando mis brazos, y me giro.

—¡Para!

Se enciende la lámpara de la mesilla. Aparece el rostro de Keith.

—Flora Dane, no te muevas ni un centímetro.

Lo miro con ira.

—Suenas como mi madre.

—¿En serio? ¿También atacas a tu madre en mitad de la noche?

—Alguna que otra vez. Es peligroso despertarme.

—No lo he hecho.

—Entonces, es peligroso dormir conmigo.

—Tampoco lo estaba haciendo.

—¿No? —Ahora frunzo el ceño—. Yo estaba dormida.

—Lo sé. Y eres demasiado adorable cuando duermes. Pero yo no estaba durmiendo. Estaba pensando.

—¡Siempre estás pensando!

—Le dijo la sartén al cazo. Ven aquí. Relájate. Prométeme que no me matarás y yo te prometo contarte lo que he estado pensando.

Parpadeo, dudosa. La verdad es que esta situación es humillante. No iba a sentirme incómoda a la mañana siguiente, no, sino homicida. Sin embargo, Keith está totalmente impasible. Se sienta contra el cabecero y luego extiende el brazo con expectación, moviendo los dedos en una orden silenciosa.

Me acerco despacio a él. Sigue moviendo los dedos. Poco a poco, me coloco a su lado, piel desnuda contra piel desnuda. Suspira, bastante feliz, diría.

—Para ser un asesino en serie, eres muy simpático —le digo entre dientes.

—¿De verdad crees que soy un asesino en serie?

—Te pareces a Ted Bundy y estás obsesionado con el crimen.

—Uy. Si lo dices así...

Ambos nos quedamos en silencio.

—Vamos a tener que resolver el tema del sueño —dice al cabo de un rato—. Un centímetro más y esa rodilla tuya habría acabado con esta nueva y excitante aventura antes incluso de que hubiera empezado.

—Lo siento.

—En el futuro, prefiero que vayas a por mis ojos. Si lo piensas bien, también te conviene a ti.

Cierro los ojos; vuelvo a sentirme humillada. Él me acaricia los brazos.

—No pasa nada, Flora —dice en voz baja—. Todos tenemos nuestros demonios. Lo resolveremos. Solo es la primera noche.

No digo nada, pero giro la cabeza hacia él y siento el tacto de su hombro contra mi mejilla.

Su piel es muy suave y cálida. Huele de maravilla.

No quiero pensarlo, pero no puedo evitarlo: Keith no se parece en nada a Jacob.

No es viejo, gordo y repugnante. Keith es justo el tipo de chico que, en otra época, me habría llevado a casa.

Y me doy cuenta de que estoy increíblemente agradecida, y puede que un poco alterada también, por sentirme así por fin, por tener este momento de nuevo.

—¿Es que tú no duermes? —le pregunto.

—No mucho. No tengo terrores nocturnos como tú, pero, desde que era joven, mi mente es incapaz de descansar. Soy inquieto en ese sentido. Además, soy una persona nocturna. Es cuando mejor trabajo.

—Al menos tenemos eso en común.

—¿Quieres oír mi brillante idea o no?

Pongo los ojos en blanco. Me gusta acurrucarme contra él. Me gusta que me rodee los hombros con el brazo. Lo cual está bien, porque, por si no se había notado, mi medio novio —que para nada es un asesino en serie— es bastante arrogante.

—Cuéntame tu brillante idea.

—Cuantas más cosas aprendemos sobre este pueblo...

Todas esas víctimas a lo largo de los años, la implicación del alcalde y su mujer, la presencia de Jacob Ness y su padre, e incluso el tipo del motel que intenta echarnos...

Estoy convencido de que nos enfrentamos a algún tipo de organización criminal.

No es un solo crimen, sino muchos. No hay un solo autor, sino una multitud de ellos.

Una idea lúgubre.

—Vale.

—Ahora bien —Keith se anima con el tema—, piensa en lo que aprendimos el año pasado sobre la dark web.

No puedes entrar en una sala de chat criminal como si tal cosa.

Primero, tienes que conseguir que algún otro pervertido asqueroso dé fe de tu adicción a la pornografía, o debes proporcionar pruebas explícitas de tus propias fechorías, lo que te hace tan culpable como todos los demás en la sala.

Básicamente, tienes que demostrar que eres un criminal antes de poder relacionarte con otros criminales.

—Vale.

—Martha Counsel, su trasplante ilegal de riñón.

Eso la convirtió en culpable. Lo que, a su vez, también la hizo apta para la organización.

Jacob Ness era un violador en serie. No hay problema a la hora de dar cuenta de que era un criminal.

Luego está ese tipo misterioso que podría haber matado a Martha Counsel, tal vez incluso a las chicas del bosque.

Definitivamente, se ha ganado su membresía.

Asiento, con la cabeza apoyada en su hombro. En estos tiempos, los depredadores colaboran cada vez más. Quizá no siempre en persona, pero al menos en Internet, a través de la dark web. Incluso Jacob, un lobo solitario, aprendió muchas cosas en diferentes salas de chat.