Cuando me veas (Warren & Quincy 2) CAPÍTULO 30 #3
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CAPÍTULO 30 #3

—Con su alfombra marrón mierda y todo —murmuró Flora. Hizo girar la botella de agua entre sus manos.

—De acuerdo. —Kimberly volvió a la pizarra. Aunque, una vez más, no estaba segura de qué debía anotar exactamente.

Tenían a un depredador en serie que había estado en Niche al menos ocho años atrás.

No coincidía con los cuatro restos humanos que habían descubierto, pero ¿quién podía asegurar que Jacob no hubiese estado yendo y viniendo durante años antes de decidir hacerle una visita a su querido padre?

Había nacido allí. Conocía Niche, Georgia.

Tenían su primera conexión. Pero... ¿dónde los situaba eso?

—Cuando tuvimos acceso al ordenador de Ness el año pasado —intervino Keith—, quedó claro que chateaba con otras personas en la dark web. Un solitario en la vida real, pero sociable en Internet.

Kimberly aguardó.

—Quizá uno de esos contactos estaba aquí. O puede que haya algún tipo de red de prostitución clandestina en esta zona. Jacob era un adicto al porno, es probable que viniera de visita.

—No estamos planteando la teoría de que existiese una organización criminal, por una parte, y un depredador solitario, por otra. ¿Estamos diciendo que tal vez ese depredador solitario formara parte de la organización criminal?

—Exacto. —Keith sonrió.

Kimberly tuvo que darle crédito al analista informático. No era una mala teoría, sobre todo sabiendo que Jacob había estado en contacto con otros depredadores.

—Pero yo no vi a nadie más —susurró Flora. Suspiró e hizo un esfuerzo por recomponerse—. Si Jacob se había unido a una... red de prostitución..., ¿por qué no venían otros al sótano? ¿Por qué siempre era solo él?

Keith se encogió de hombros.

—El hecho de que Ness estuviera dispuesto a quedar bien con los demás para obtener algún tipo de beneficio personal no significa que dejara de ser él mismo. Ni que estuviera dispuesto a compartir sus juguetes.

—¿Eso soy? ¿Un juguete? —preguntó Flora.

—Eres la mujer que lo destruyó —dijo Keith en voz baja—. Eres la mujer a la que secuestró, y eso le costó su miserable vida.

Algo pasó entre los dos. Kimberly no pudo evitar apartar la mirada. La mayoría de los presentes en la sala compartieron ese impulso.

Kimberly se encontró observando al sheriff y luego a Franny, al fondo de la sala. Ambos parecían atónitos. Lo que Keith describía no podía estar sucediendo en su propio pueblo. Se preguntó si alguna vez superarían ese trauma.

Sobre todo el sheriff. Era su trabajo mantener la seguridad. Y ahora Kimberly se descubrió pensando cosas que no le gustaban ni un pelo. Todas las operaciones criminales necesitaban protección. La primera persona a la que tratarían de sobornar sería el sheriff del condado.

Pero al observar al sheriff Smithers, con sus rasgos demacrados, no quería creer tal cosa, aunque sabía que su trabajo era mantenerse alerta.

Ese maldito caso. Todo parecía empeorar por momentos.

Kimberly respiró hondo, esperó un segundo, se aclaró la garganta y volvió a llamar la atención de los presentes.

—Antes de profundizar demasiado en teorías sin fundamento —aconsejó—, hablemos de las tumbas. ¿De qué tiene que informar el ERP?

La jefa del equipo, Rachel, hizo los honores.

—Hoy hemos terminado la excavación de la fosa común.

No hemos descubierto nuevos hallazgos en cuanto a restos médicos, ropa o cualquier otra cosa útil, pero la doctora Jackson ya tiene todos los restos óseos para su análisis.

También hemos podido estudiar las paredes de la tumba.

Parece que se utilizó un pico o una herramienta similar para excavar el suelo y cavar una zanja poco profunda.

Franklin y Howard también continuaron la búsqueda de los huesos que faltaban de la primera tumba.

Encontraron decenas de huesos pequeños. Algunos de ellos, según la doctora Jackson, podrían pertenecer en realidad a conejos.

—Rachel fulminó con la mirada a sus dos compañeros de equipo.

—No soy antropólogo forense —dijo Harold con aire burlón. Se giró hacia Franklin—. ¿Tú eres antropólogo forense?

—No, señor.

—Pues ahí lo tienes. —Harold se recostó en su asiento, satisfecho con su defensa.

Rachel puso los ojos en blanco.

—En un principio, nuestro plan era regresar a Atlanta mañana. Sin embargo, una de las razones de nuestro, eh, aspecto actual, es que en uno de sus viajes paralelos, Harold ha hecho un descubrimiento. Harold.

—No puedo estar seguro del todo —dijo el larguirucho agente con cautela—.

El sol se estaba poniendo, estábamos bajando la montaña y la iluminación no era buena.

Tenemos que regresar mañana para examinarlo más a fondo.

Claro que este tipo de depresiones pueden producirse de forma natural en el bosque.

Kimberly, en la parte delantera de la sala, se quedó paralizada. Ya sabía lo que Harold iba a decir a continuación. Y estaba tan cansada y abrumada que deseaba que no lo hiciera. Pero no hubo nada que pudiera hacer cuando Harold se enderezó y anunció:

—Es posible, probable de hecho, que haya encontrado otra tumba.