CAPÍTULO 30 #2
—Trata de personas, distribución de drogas, trasplantes ilegales de órganos u otros procedimientos médicos —enumeró con rapidez—.
Quizá incluso una red de pornografía, aunque la mayoría de esos delincuentes prefieren quedarse en casa con sus ordenadores.
Una red de prostitución, por otro lado, encajaría mejor.
Kimberly miró fijamente al analista informático.
—Gracias —dijo.
—En todos esos escenarios —Keith se inclinó hacia delante, entusiasmado con el tema—, la constante es que Niche sirve de centro neurálgico.
Los participantes vienen aquí, utilizan nombres falsos y luego vuelven a sus casas.
Por aquí pasan muchísimos turistas, así que tienen la tapadera perfecta, ¿no?
Un visitante que pasa el fin de semana aquí no llama la atención.
La ubicación de Niche, en el interior del norte de Georgia, a poca distancia en coche de cuatro estados limítrofes y con conexión directa con Atlanta y un importante aeropuerto, la convierte en el lugar ideal.
«Por último, su pequeño tamaño y su economía limitada facilitan una posible coacción. Sobornar a los vecinos o amenazarlos para que guarden silencio, cualquiera de las dos cosas funciona. Francamente, me sorprende que no se utilicen más pueblecitos de montaña para desarrollar actividades ilegales.
Keith se recostó en su asiento. El sheriff Smithers se frotó la cara.
El pobre hombre parecía al borde del colapso, mientras que al fondo de la sala, Franny, alta y fornida, estaba a punto de desmayarse.
Agarrada a la delicada cruz de oro que llevaba alrededor del cuello, negaba con la cabeza, como para alejar unas palabras que no podían ser ciertas.
—Jacob Ness estuvo aquí —dijo Flora, con un tono de voz perfectamente inexpresivo—. Hoy hemos conocido a su padre, Walt Davies, y nos ha llevado a la cabaña abandonada donde Jacob me retuvo hace ocho años.
—¿Walt Davies? —El sheriff Smithers reaccionó, incrédulo—. ¿Es el padre de Ness?
—Cultiva microvegetales —dijo Flora.
Keith le cubrió la mano con la suya.
Kimberly miró la pizarra blanca que tenía a su lado. Se dio cuenta entonces de que no había escrito nada. Porque era ese tipo de reunión informativa: mucha información, pero muy poca que tuviera sentido.
—Bien, vayamos punto por punto. Jacob Ness tiene vínculos con Niche.
—Kimberly destapó el rotulador y escribió el nombre de Jacob en la parte superior de una columna.
Luego añadió «Huéspedes fantasma» como primer elemento de otra columna.
A continuación , «Hotel Mountain Laurel», desde donde dibujó varias líneas hacia abajo para Martha Counsel, el alcalde Howard, el sospechoso no identificado y la cocinera .
Flora miraba fijamente la mesa. Kimberly se dio cuenta de que no solo estaba agotada, sino también conmocionada. La adrenalina que le había proporcionado su descubrimiento rompedor se había desvanecido y ahora la mujer estaba derrumbándose.
Keith tomó la palabra.
—Sí y no. Walt es el padre de Ness, pero ha afirmado que Jacob y su madre desaparecieron hace cuarenta años.
Walt ni siquiera sabía si seguían vivos.
Entonces, una noche, Jacob apareció en una taberna del pueblo y se presentó a Walt.
Eso fue justo después del secuestro de Flora, hace unos ocho años.
Kimberly asintió y dibujó una línea cronológica en la pizarra.
—Según Walt, si Jacob había estado en el pueblo antes de eso, no lo sabía.
—Walt es un ermitaño —dijo el sheriff.
Kimberly entendió lo que quería decir.
—Lo que significa que Jacob podría haber estado en el pueblo sin que Walt lo supiera.
—Jacob llevó a Walt al lugar donde tenía retenida a Flora —dijo Keith—, una cabaña abandonada en el bosque. Por eso nadie había podido encontrarla. No es una propiedad registrada.
Kimberly añadió « Cabaña abandonada» bajo el nombre de Jacob.
Nunca se le había ocurrido pensar siquiera en algo así.
Pero, teniendo en cuenta la observación de Keith de que Niche contaba con una ubicación perfecta para usarse como punto de distribución, las cabañas abandonadas en el bosque también serían excelentes lugares de encuentro para los intercambios.
—¿Sabía Walt qué vehículo tenía Ness?
—Una camioneta vieja. Tenía una pegatina del ayuntamiento, así que era un vehículo local.
Kimberly frunció el ceño. Tomó nota.
—¿Era prestada o propia?
—No lo sabemos. Walt ha afirmado que se opuso a lo que Jacob estaba haciendo. Incluso volvió para rescatar a Flora, pero Ness ya se habían marchado, llevándosela consigo.
El sheriff Smithers intervino.
—¿Lo creéis?
Keith tardó en responder.
—Diría que sí. Pero Walt... sin duda es un personaje peculiar.
—¿Sabía algo más sobre Jacob? ¿Dónde había estado durante los últimos cuarenta años, qué había hecho? —preguntó Kimberly.
—Walt ha afirmado que no entraron en detalles. Estaba demasiado sorprendido por la visita de su hijo después de tantos años como para hacerle muchas preguntas.
—Pero ¿estaba seguro de que Jacob era su hijo?
—Un hombre reconoce a su propia sangre —recitó Keith con solemnidad.
Kimberly miró a Flora. Su rostro carecía de expresión alguna, aunque al menos ahora Kimberly entendía por qué.
—Walt os ha llevado a la cabaña donde Flora estuvo retenida.
Keith asintió.
Kimberly no necesitaba hacer la siguiente pregunta para saber la respuesta. El rostro de Flora lo decía todo.
—¿Y era ese lugar?