CAPÍTULO 25 #2
—¿Cuándo fue la última vez que habló con ella?
—Sobre las ocho. Vino a la cocina para hablar del menú de la mañana.
—¿Parecía alterada?
—No.
—¿Preocupada?
—No.
—¿Qué hay para desayunar? —preguntó Kimberly desde atrás.
La cocinera gruñó, cansada de ese juego.
—Panecillos con salsa y salchichas. El desayuno favorito del alcalde.
—¿Quién tomó esa decisión?
—La señora Counsel.
—¿Y no estaba preocupada ni alterada?
—¡Ya le he dicho que no!
—Aunque se ha suicidado pocas horas después.
—Ella no haría algo así... —Una vez más, la cocinera se dio cuenta de la trampa—. Quiero decir, nunca he visto ninguna señal.
—¿Qué cree que ha ocurrido? —preguntó D. D. con curiosidad.
Su cambio de tono pareció tomar desprevenida a la cocinera.
—¿Qué quiere decir? He oído que la han encontrado ahorcada. Hay una nota. Está claro que ha sido un suicidio. ¿Qué más podría haber pasado?
—Eso mismo tratamos de averiguar —comentó Kimberly desde atrás.
—¿Cree que la señora Counsel se ha suicidado? —repitió D. D.—. ¿Apenas unas horas después de hablar con usted y organizar el desayuno?
—Sí, claro —respondió la cocinera con brusquedad.
No, señaló Bonita. Por su parte, Hélène emitió un sonido agitado con la garganta. La cocinera miró con ira a las dos criadas. Estas bajaron la vista al suelo de inmediato.
—¿Quién más estuvo aquí anoche? —dijo Kimberly, ahora junto a la cámara frigorífica.
—Ocho huéspedes, el alcalde Howard, las chicas y yo.
—¿Dónde duermen los empleados? —volvió a preguntar Kimberly.
—Tenemos habitaciones en el sótano. Son buenas habitaciones. —La cocinera miró a Hélène con enojo.
—¿Cada una tiene su propia habitación?
—Sí, sí. Son buenas habitaciones.
—¿Y en verano? Está claro que aquí hacen falta más de dos criadas durante la temporada alta, ¿no?
—Esta casa se construyó en una época en la que los sirvientes vivían aquí. Hay mucho espacio.
—Quiero ver sus habitaciones —dijo D. D.
—Tendrá que preguntarle al alcalde. Es su casa.
—¿Cuánto tiempo lleva trabajando aquí, Hélène? —preguntó Kimberly.
La criada no sabía cómo responder. D. D. volvió a agacharse junto a ella.
—No pasa nada. Si le preocupa su seguridad, puede venirse con nosotras ahora mismo. Yo me aseguraré de que esté bien. —Miró a Bonita mientras decía esto.
—Oiga, no me gusta lo que está insinuando...
—¿Hélène?
—Empecé en enero —susurró la chica.
—¿Tiene habitación propia?
—Sí.
—¿Con baño?
—Lo compartimos. Cuatro chicas por baño. Es mejor... mejor que lo que tenía antes.
—¿Qué piensa de la señora Counsel?
—Nos cuidaba muy bien.
—¿Habló con ella anoche?
—Yo recogí la mesa cuando ella y el alcalde terminaron de cenar.
—¿Habló con usted?
—No.
—¿Cómo los vio a ella y al alcalde?
Encogió los hombros de forma incómoda.
—Mi trabajo es recoger los platos.
¿Era imaginación de D. D. o la cocinera parecía un poco más relajada?
—Después de recoger los platos, ¿qué hizo?
—Me fui a la cama.
—¿Escuchó algo?
—Solo... las sirenas. Pasadas las cuatro. He subido las escaleras. El alcalde... Estaba muy alterado. Estaba... estaba llorando.
D. D. asintió. Así que la muerte de su mujer había afectado al alcalde profundamente.
D. D. centró su atención en Bonita.
—¿Viste a la señora Counsel anoche?
—¡No puede hablar! —explotó la cocinera.
—Puede decir que sí o que no con gestos.
—Es estúpida...
—¡Cállese o la echaré de esta habitación! —espetó Kimberly con dureza.
La cocinera frunció los labios llena de ira, pero se calló.
—Bonita, ¿viste a la señora Counsel anoche?
Un leve asentimiento con la cabeza.
—¿Después de cenar?
Negó.
—Les llevó la cena —intervino Hélène—. Ella sirve, yo recojo.
Otro asentimiento.
—¿Oíste algo en mitad de la noche?
Bonita dudó. Negó con la cabeza, pero a su lado, su mano se movió. Un dedo, lo que significaba que sí. Hélène se sobresaltó ligeramente, como si se hubiera dado cuenta de que algo podía estar pasando. La criada mayor desvió la mirada con rapidez.
—¿Oíste algún ruido que pareciera de una discusión?
Otra sacudida de cabeza. Un movimiento de dedo.
—¿Violencia? —preguntó D. D. con intensidad.
Negación con la cabeza. Afirmación con el dedo.
D. D. parpadeó, pensando en cómo formular su siguiente pregunta.
—¿Crees que la señora Counsel se ha ahorcado?
—¡Por el amor de Dios! —exclamó la cocinera.
Kimberly dio un paso adelante y le puso una mano sobre el hombro a la mujer para calmarla.
—Una palabra más...
D. D. mantuvo la mirada fija en Bonita. La chica miró a la cocinera. Hizo un gesto de impotencia con los hombros. D. D. empezaba a reconocer el papel que estaba interpretando. Creían que era estúpida y ella les dejaba creerlo. Mientras que a un lado...
Dos dedos: no.
Bonita había oído algo en mitad de la noche. Había habido una discusión, algún tipo de altercado. La señora Counsel no se había ahorcado.
—Muy bien. —D. D. se levantó con suavidad.
Se dirigió a la cocinera.
—Gracias por su tiempo. Eso es todo por ahora. Buena suerte con el desayuno.
Kimberly no dijo nada, simplemente siguió a D. D. fuera de la cocina.
—¿Qué has averiguado? —preguntó Kimberly en cuanto salieron.
—La señora Counsel no se suicidó y tenemos que sacar a esas dos chicas de aquí, ahora mismo.