Cuando me veas (Warren & Quincy 2) CAPÍTULO 19 #2
38%

CAPÍTULO 19 #2

—Lo que ha demostrado vuestra teoría —admitió a regañadientes—.

Y agradezco vuestra investigación. Transportar cadáveres, herramientas y, si tenemos en cuenta que una de las víctimas podía estar enferma o incapacitada hasta el punto de necesitar una vía intravenosa...

un quad es el medio de transporte con más sentido.

—También hemos descubierto que muchos de los habitantes del pueblo tienen quads y que incluso crean sus propios senderos privados —dijo Keith.

Miró al sheriff Smithers—. Por lo tanto, es posible que el sospechoso ni siquiera llegara por la ruta principal, sino que accediera al camino secundario desde un sendero que él mismo hubiera abierto.

—Es cierto que los quads son muy populares por estos lares —consideró el sheriff—. Puedo pedirle a uno de mis ayudantes que lo investigue.

—Lo que nos lleva a vuestro día —dijo Kimberly, centrando la atención en el sheriff y en D. D.

—Hemos interrogado a los líderes del pueblo y a la secretaria municipal —informó el sheriff—.

Nos hemos puesto en contacto con los hoteles de la zona para que nos faciliten todos los informes que puedan sobre los huéspedes de los últimos quince años.

No obstante, la cronología es un problema.

El hotel más grande de Niche es el Mountain Laurel, regentado por el alcalde y su mujer.

Instalaron un nuevo sistema informático hace diez años, por lo que no pueden decirnos quién se alojó allí antes de esa fecha.

—Miércoles —murmuró Kimberly, recordando el discreto eufemismo del sheriff en su primer encuentro.

—Exacto. Eh... —El sheriff se aclaró la garganta—.

Tenemos un nombre que investigar, Walt Davies.

Al parecer, es un tipo antisocial. Vive solo en el bosque y prefiere que sea así.

Es posible que elabore su propio alcohol ilegal e incluso cultive su propia hierba.

Puede que la situación se tense si un grupo de agentes uniformados aparece de repente en su propiedad.

—¿Alcohol y marihuana? —preguntó Flora.

El sheriff asintió. Flora se recostó en su asiento y entrecerró los ojos, pensativa. El sheriff carraspeó y continuó:

—Enviaré a un par de mis muchachos a visitarlo mañana. Son agentes locales, y espero que le resulten menos amenazantes que, digamos, los federales. En cualquier caso, lo mejor será actuar con cautela.

—¿Quieres pedir refuerzos? ¿El SWAT? —preguntó Kimberly con calma.

—No. Me temo que aparecer con toda la caballería provocaría una guerra.

Creo que primero deberíamos probar por las buenas.

Y a partir de ahí, ya veremos. La secretaria municipal nos ha proporcionado una lista de propiedades que encajan con lo que buscamos: posibles cabañas en las que Ness pudiera haberse escondido hace ocho años.

Deberíamos asignar a un par de binomios que comprueben en persona estas propiedades.

¿Quieres participar? —El sheriff miró a Flora.

—No la vi por fuera, así que no serviría de nada que examinara el exterior de las cabañas. Pero el sótano... Quizá pueda reconocer el sótano. Sobre todo la moqueta marrón. Pasé mucho tiempo observándola.

—¿Cuántas propiedades? —preguntó Kimberly.

—Dieciocho.

Ella asintió.

—De acuerdo, envía a tus chicos. Si encuentran alguna propiedad que sea especialmente prometedora, por ejemplo, que esté lo bastante alejada de los vecinos y tenga un sótano con moqueta marrón, Flora puede ir a visitar a las finalistas.

—Creo que tenemos que andarnos con pies de plomo con la gente del pueblo —intervino D. D.

Kimberly hizo un gesto a la sargento para que continuara.

—Cuando hemos hablado con la secretaria municipal, Dorothea, ha mencionado que los negocios por aquí son estacionales.

En primavera y verano hay mucha actividad con los excursionistas, lo que significa que alguien como Jacob, u otro depredador, podría aparecer o desaparecer sin que nadie se diera cuenta.

Ahora bien, creemos que al menos una de las tumbas se cavó en primavera.

Si combinamos eso con la información que hemos conseguido sobre los quads —D.

D. asintió con la cabeza hacia Keith y Flora—, yo diría que se trataba de alguien que conocía muy bien la zona.

¿Quién sabría dónde enterrar los cadáveres cuando los senderos están llenos de excursionistas?

¿Quién sabría acceder a esa zona sin ser visto?

¿Y quién dispondría de un quad que no llamase la atención?

—¿Crees que no fue Jacob? —preguntó Flora en voz baja.

D. D. se encogió de hombros.

—No lo he descartado. Pero tenemos cuatro cadáveres, tres de ellos en una misma fosa... Esto es diferente. No parece ser obra de un depredador solitario, al menos no de los depredadores solitarios de los que yo haya oído hablar.

Keith asintió.

—Creo que volvemos a la teoría inicial —continuó D. D.—. El asesinato como deporte de equipo.

—¿Y cómo se explica la vía intravenosa? —insistió Kimberly.

—No tengo ni idea.

—¿Dónde está el hospital más cercano? —preguntó Kimberly al sheriff.

—Hay un par de ellos —respondió el sheriff Smithers—, pero no están muy cerca.

—Yo no iría directamente a los hospitales —ofreció D.

D.—. Empezaría por personas con formación médica.

Enfermeras, técnicos de emergencias, médicos jubilados, incluso veterinarios.

Colocar una vía intravenosa no es tan difícil, ¿verdad?

—Se giró hacia el sheriff—. ¿Crees que Dorothea podría ayudarnos con eso?

Ella conoce la vida de todo el pueblo al fin y al cabo.

El sheriff Smithers asintió.

—Podría preguntárselo.

—¿Dónde se consigue una vía intravenosa? —preguntó Keith.

—En una empresa de suministros médicos —respondió Kimberly—. O en una tienda en línea. Se lo pregunté a la doctora Jackson. Tubos, cánulas, esparadrapo... Esos artículos son fáciles de conseguir.

—Sobre todo por aquí —añadió el sheriff—. En las montañas siempre hay gente que se dedica a la supervivencia, y suelen tener una buena cantidad de suministros médicos a mano. Ya sabéis, por si llega una plaga o algo así.

Más asentimientos en la sala.

—Muy bien —dijo Kimberly—, este es el plan. Mañana enviaremos equipos de dos personas a visitar las propiedades de nuestra lista. Sheriff, estás a cargo de esa tarea.

Él asintió.

—Sargento Warren...

—Seguiré entrevistando a los locales —intervino inmediatamente D. D.

Miró a Kimberly con detenimiento y esta lo entendió al cabo de unos segundos. La chica. D. D. no tenía claro a quién había conocido antes, pero pensaba volver a verla. Kimberly no las tenía todas consigo, pero confiaba en el instinto de D. D.

—De acuerdo. Tenemos que empezar a revisar las listas de huéspedes de los hoteles, por largas que sean.

Como era de esperar, sus compañeros asintieron. Analizar grandes cantidades de datos era el pan de cada día de cualquier agente del FBI, y era precisamente a quien Kimberly quería para hacer ese trabajo.

—Y... —Se dirigió a Keith y Flora, y entonces se dio cuenta de que no sabía qué asignarles—. ¿Seguid comiendo? —sugirió.

—No, gracias —dijo Flora.

—Creo que deberíamos dar una vuelta por el pueblo —dijo Keith—. Visitar tiendas y otros establecimientos. Deporte en equipo, ¿no? —Keith miró a D. D.—. A ver si alguien reconoce a Flora. O si su presencia...

—¿Asusta a alguien? —completó D. D., lanzándole una mirada incisiva a Keith.

—Exacto.

Kimberly se encogió de hombros. Eran civiles, así que difícilmente podía asignarles tareas oficiales.

—Pues a asustar —ordenó.

Esperaba que esas palabras no volvieran para atormentarlos.