Cuando me veas (Warren & Quincy 2) CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

KIMBERLY

Las unidades especiales también deben alimentarse.

Por eso Kimberly estaba muy agradecida con Franny, la recepcionista del sheriff Smithers, encargada de las listas de control y madre protectora del grupo, además de una mujer extremadamente grande.

Cuando Kimberly y su equipo regresaron a rastras de la montaña, ya eran casi las ocho de la tarde.

Kimberly se dio una más que necesaria ducha y luego se dirigió a las dependencias del sheriff del condado de Mosley para la reunión informativa de la noche, donde descubrió que sus compañeros investigadores ya habían tomado posiciones en la sala de juntas y disfrutaban de lo que parecía ser un bufé libre de guisos caseros.

—De parte de las señoras de la Primera Iglesia Congregacional —dijo Franny, tras aparecer junto a Kimberly—.

Saben lo duro que están trabajando y querían mostrarles su agradecimiento.

Tiene que probar el pastel de chocolate.

Patty lo hace todos los años para el concurso de cocina de otoño. Es el mejor.

Para sorpresa de nadie, al otro lado de la sala, D.

D. estaba junto a un cuenco de cristal gigante que contenía lo que parecía ser una serie de capas de pudín de chocolate y nata montada.

La sargento estaba relamiendo una cuchara y tenía una expresión que probablemente podría considerarse poco decorosa fuera de un dormitorio.

—¿Hay lasaña? —preguntó Kimberly—. Huele a lasaña.

Llevaba catorce horas de pie y había subido y bajado una montaña media docena de veces. Si había pasta en esa sala, se la había ganado.

—La tercera bandeja de la derecha. Y no se preocupe, hay más.

Franny se apresuró a cambiar las bandejas y repartir más platos. Kimberly decidió que esa era la mejor reunión de una unidad especial a la que había asistido. Lo cual era bueno, porque tenían mucho terreno que cubrir.

Comió. Sin vergüenza alguna. Luego fue a por el pastel, a pesar de que D. D. la miró con el ceño fruncido y emitió un sonido sospechosamente parecido a un gruñido.

—El cuenco es mío —dijo la sargento de Boston.

—Piedra, papel o tijera.

Una nueva mirada fulminante de D. D.

—No te va a servir de nada —la informó Kimberly—. Tengo dos hijas que practican esa mirada a diario. Además, me he pasado el día exhumando esqueletos. ¿Y tú?

—Vale. Yo me quedo con la bandeja de brownies.

—Trato hecho.

—¿Por qué no come Flora? —preguntó Kimberly al poco rato, apoyándose en la pared junto a D. D. y saboreando el pastel. Tenía trocitos de chocolate. Y toffee . ¿Quizá de barritas Heath?—. ¿O es un síntoma del trastorno de estrés postraumático?

—Lleva todo el día comiendo.

—¿Lleva todo el día comiendo?

—Ya te contaré. ¿Qué tal tu día?

—Ya te contaré. —»Tras otra cucharada de pastel», decidió Kimberly.

—¿Dónde está la gente de tu Equipo de Recogida de Pruebas? —preguntó D. D.

—Se han quedado en el hotel; están agotados y tienen que volver mañana a primera hora de la mañana. Pero tengo el informe de lo que hemos encontrado.

—¿Y la doctora Jackson?

—Lo mismo. Está deseando regresar a su laboratorio, no asistir a una reunión en la que lo único que podría decir es «esperad a que tenga mi informe».

Nos queda al menos un día más de trabajo de campo, luego el equipo y la doctora Jackson volverán a Atlanta.

Mientras tanto, tenemos novedades de las que hablar.

—Tengo una nueva pista —dijo D. D.—. Es menor de edad, no sabe hablar, leer ni escribir y, al parecer, tiene daños cerebrales debido a una lesión infantil. Pero tengo un presentimiento sobre ella.

Kimberly arqueó una ceja.

—Después de la reunión —murmuró D. D. La sargento tenía la mirada fija en el sheriff Smithers que, sentado al otro lado de la sala, devoraba una ensalada de taco—. Este pueblo, los vecinos... Hay cosas que me preocupan.

—¿Quieres decir que el encanto pintoresco de Main Street no ha conseguido enamorarte?

—No después de saber lo que hay enterrado en las montañas.

Kimberly no podía discutir con eso. Se aclaró la garganta, indicando que era hora de empezar. Y, de repente, la sala se quedó en silencio.

Kimberly se colocó en el centro de la sala.

—Muy bien. En primer lugar, un fuerte aplauso para las señoras de la Iglesia Congregacional por esta increíble cena. Un gran avance respecto a la dieta habitual de la unidad especial, que consiste en pizza, pizza y más pizza.

Todos aplaudieron con entusiasmo. Mientras recogía las bandejas, Franny se detuvo, se sonrojó y toqueteó la delicada cruz de oro que llevaba alrededor del cuello.

—Ahora bien, tenemos varios asuntos sobre los que ponernos al día. Empezaré yo con el informe de la segunda fosa.

Kimberly esperó un instante. Los investigadores apartaron con premura los platos y encendieron sus ordenadores portátiles y tabletas.

—La segunda tumba ha revelado tres conjuntos más de restos óseos. La doctora Jackson ha confirmado que los tres eran esqueletos femeninos. Al menos dos eran adolescentes y una prepuberal.

—¿Qué edad tenía? —preguntó D. D. con tono inexpresivo.

—Nueve o diez.

Silencio.

—No se ha recuperado ninguna prenda de ropa de la tumba —continuó Kimberly con voz tranquila—, aunque hemos encontrado algunos objetos sorprendentes, como un pequeño trozo de tubo de plástico, una tira de cinta adhesiva y un par de guantes de látex.

Keith levantó la mano y Kimberly le indicó con un gesto que hablara.

—¿Van a analizar los guantes en busca de huellas? ¿Y el interior? ¿Y también el ADN por contacto?

«Mira quién ha vuelto a pasar un buen rato de calidad con Google», pensó Kimberly.

—Todas las pruebas se someterán a un examen forense completo. Como hipótesis de partida, la doctora Jackson piensa que uno de los cadáveres podría haber tenido un tubo intravenoso pegado con cinta adhesiva en el dorso de la mano en el momento del entierro.

—Pero eso significaría que la persona habría recibido atención médica —dijo Flora.

—Es posible.

—Jacob no tenía fobia a las agujas precisamente, pero ¿asistencia médica? Yo podía dar gracias si me daba un par de aspirinas.

—La presencia de una vía intravenosa parece no coincidir con Jacob Ness —admitió Kimberly—.

Aun así, las pruebas son las pruebas. La cinta adhesiva podría contener restos de ADN, algo que nos ayude a identificar a la víctima o al agresor.

Mientras tanto, la doctora Jackson llevará a cabo un análisis completo de cada uno de los restos. Sabe que necesitamos respuestas pronto.

—¿Cree la doctora que la segunda tumba es de la misma época que la primera? —preguntó el sheriff Smithers.

—Según sus propias palabras, no es una conclusión descabellada, pero será necesario realizar más pruebas.

—El primer esqueleto —continuó el sheriff Smithers—, Lilah Abenito.

Kimberly asintió.

—Ella no era de por aquí. Desapareció en Alabama. Lo que significa que estas otras chicas también podrían ser de fuera. Tiene sentido, si lo piensas bien. La desaparición simultánea de cuatro chicas de la misma zona llamaría mucho la atención. Pero si son de diferentes puntos...

—Vamos a tener que consultar los registros de adolescentes desaparecidas de todo el país, remontándonos quince años atrás, quizá incluso veinte.

—Serán muchos nombres.

—Sin duda, nos espera mucho trabajo.

—¿Causa de las muertes? —preguntó D. D.

—Nada que podamos saber a simple vista. Una vez más, la doctora Jackson espera obtener más información en el laboratorio.

—Asfixia —murmuró Keith.

—Es muy posible. Hemos conseguido un avance.

En esta segunda fosa hemos encontrado varias vainas de semillas, y todo apunta a que fueron enterradas con los cuerpos.

Según un análisis preliminar —»Gracias, Harold», pensó Kimberly—, podemos suponer que los cuerpos se enterraron a principios de primavera.

Eso al menos nos da un punto de partida para establecer una cronología más exacta.

—Solo que no sabemos de qué año —intervino Keith.

—Empezaremos quince años atrás y trabajaremos a partir de ahí. Ahora, contadnos qué habéis conseguido hoy —dijo Kimberly, dirigiéndose a Keith y Flora.

—He comido —dijo Flora.

—Eso he oído.

Todo el equipo especial centró la mirada en Flora con curiosidad. La mujer carraspeó y se enderezó. Parecía estar a la defensiva, pero quizá eso no era tan descabellado teniendo en cuenta que se trataba de una superviviente rodeada de profesionales de las fuerzas del orden.

—A Jacob le gustaba la comida. Le volvía loco.

—Flora miró alrededor de la sala, hacia las bandejas de aluminio vacías.

A Kimberly le costaba no sentirse culpable—.

La sargento Warren me recomendó que comiera en algunos de los establecimientos locales, para ver si algún plato me resultaba familiar.

Pero, eh..., no sé. Ha pasado demasiado tiempo.

No recuerdo lo suficiente. —La mujer se dejó caer en su silla bruscamente.

Kimberly tenía la sensación de que había algo más. Esperó, pero Flora no volvió a hablar.

—Keith y tú habéis hecho un gran descubrimiento hoy. —Kimberly le indicó a Keith que tomara la palabra con un gesto.

—Hemos trabajado en el problema logístico de acarrear cuatro cadáveres por la ladera de una montaña, además de las diferentes herramientas necesarias para cavar una tumba —dijo Keith—. A nuestro parecer, y después de haber subido y bajado varias veces hasta la ubicación de la tumba a pie...

Todos los presentes asintieron con la cabeza.

—... pensamos que esa no era la forma más factible de acceder a la zona. Y desde luego no es algo que nuestro principal sospechoso, Jacob Ness, fuera a intentar siquiera.

Más asentimientos.

—Tras investigar más a fondo, un quad parecía el medio de transporte más probable.

Así que nos hemos puesto en contacto con un proveedor local, hemos comprobado que hay al menos un sendero justo encima de las tumbas que facilitaría el acceso a estas y, bueno, hemos alquilado un quad.

Como cabría esperar, hemos llegado a la segunda fosa bastante rápido.

—Casi os metéis de cabeza en la segunda fosa —corrigió Kimberly.

Ni Keith ni Flora dijeron nada.