CAPÍTULO 15 #3
—¡Por supuesto que no! —respondió Martha—.
Y lo habríamos sabido de ser así. Seguimos todo lo que sucedió en las noticias, la redada del FBI en el motel, el rescate de esa pobre chica.
Si hubiéramos visto a ese hombre en nuestro pueblo, puede estar seguro, sheriff, de que lo habríamos llamado inmediatamente.
¡Gracias a Dios que un hombre así nunca pasó por nuestra comunidad!
—¿Y este vehículo?
A continuación, el sheriff les mostró una foto de la cabina del camión de Ness. Esta vez, ambos negaron con la cabeza.
—¿Se les viene a la cabeza algún otro lobo solitario? —insistió el sheriff—. Piensen el tipo de vecino que la mayoría intenta ignorar, pero que pone un poco nerviosos a todos.
Los Counsel intercambiaron miradas. Sus hombros se habían relajado. Antes parecían conmocionados con la idea de que un violador en serie hubiera pasado por su comunidad, pero ahora estaban más tranquilos. De vuelta a los inadaptados. Todos los pueblos tienen alguno que otro.
—Está Walt —Martha rozó el dorso de la mano de su marido, como buscando confirmación—, Walt Davies.
Vive en una cabaña en la cresta de la montaña, en un antiguo campamento familiar.
Es muy reservado, uno de esos tipos que pasan desapercibidos.
Solo lo vemos cuando viene al pueblo a comprar provisiones.
Digamos que no es el hombre más sociable... ni el más higiénico.
—Nunca he considerado a Walt peligroso —intervino el alcalde, frunciendo el ceño—.
Supongo que destila su propio alcohol. Qué diablos, tal vez incluso tenga un pequeño negocio botánico, ya me entienden.
Pero nunca ha hecho nada inapropiado. Nosotros lo dejamos en paz y él nos devuelve el favor.
Dicho esto, sheriff, dudo que le caigan bien los tipos del Gobierno.
Antes de visitarlo, sería recomendable tomar algunas precauciones.
El sheriff Smithers asintió con la cabeza ante la advertencia y tomó nota.
—¿Alguien más? ¿Quizá algún huésped al que vean regularmente, pero que no encaja del todo? ¿Alguien que no lleve botas de senderismo ni le interese la montaña o que parezca más aislado de la cuenta?
Martha hizo un gesto con la mano para restarle importancia a la pregunta.
—Muchos de nuestros huéspedes son solitarios que se mantienen al margen. Vienen a las montañas buscando alejarse de todo. Llegan aquí con sus propios problemas. Y agradecen que no los atosiguemos.
—¿Tienen registros de los huéspedes de los últimos quince años? —preguntó D. D.
El alcalde miró a su mujer. Ella se encogió de hombros.
—Tendría que comprobarlo. Instalamos el nuevo sistema informático... ¿Hace diez años, quizá? Pero puedo mirarlo.
—Le agradeceríamos cualquier registro que pudieran ofrecernos —le aseguró el sheriff Smithers.
—¿De los últimos quince años? Son miles de nombres, sheriff.
—Lo sé.
Martha suspiró, resignada a su suerte.
—Estupendo. —D. D. se puso de pie—. Volveremos mañana a por los registros.
Smithers parpadeó ante su tono brusco, pero no la reprendió por ello y también se puso de pie.
—Gracias por el café, señora. —Hizo un gesto con la cabeza a Martha y le estrechó la mano a Howard.
D. D. no se molestó. Ya estaba a medio camino de la salida. El sheriff Smithers se apresuró tras ella.
—¿De qué iba todo eso? —preguntó, enfadado, cuando finalmente la alcanzó fuera.
D. D. no respondió de inmediato, sino que esperó hasta que se alejaron un poco.
—Creo que nos están mintiendo.
—¿Sobre qué?
—Sobre muchas cosas. Por ejemplo, sobre su sobrina.
—Esa pobre chica...
—Esa pobre chica entiende más de lo que parece.
El sheriff frunció el ceño y la agarró del brazo.
—¿Has hablado con ella? ¿Por eso te la has llevado al baño?
—No puede hablar, eso es cierto. Pero eso no significa que no pueda comunicarse. Y oye perfectamente. Cuando estabas interrogando a los Counsel, le he pedido que participara también. Un dedo para decir que sí, dos dedos para decir que no.
El sheriff se quedó mirándola.
—¿Es capaz de hacer eso?
—Sí. Y atento: cuando has sacado la foto de Jacob Ness...
—Espera. Ness murió hace siete años. Incluso si hubiera venido por aquí justo antes de morir, esa niña habría sido muy pequeña.
—Las niñas pequeñas tienen ojos y oídos. Sobre todo las que se pasan la vida contra la pared de una habitación, esperando para servir más té.
El sheriff seguía sin estar convencido.
—¿Ha respondido? Cuando he mostrado la foto de Jacob, ¿ella ha respondido?
—Ha levantado tres dedos.
—¿Tres dedos? Creía que solo eran uno o dos.
—Lo sé. Y eso demuestra lo inteligente que es. Su respuesta no ha sido sí o no. Creo que se ha inventado un nuevo código en ese momento: tres dedos para tal vez.
—Eso no nos dice nada.
—Nos dice que sabe más de lo que los Counsel creen que sabe.
Y me dice que voy a encontrar la manera de volver a hablar con ella.
A solas. Esa chica nos necesita, sheriff.
No sé exactamente qué está pasando aquí, pero el descubrimiento de estos restos es un comienzo, no un final.
Y más vale que nos pongamos al día rápido, porque ya sabes lo que ocurre cuando salen a la luz viejos esqueletos: la gente se asusta.
Y esto conlleva que aparezcan nuevos cadáveres.
Algo sucedió aquí, algo muy malo. La verdadera pregunta es: ¿ha terminado?