CAPÍTULO 13
KIMBERLY
Kimberly se reunió con el Equipo de Recogida de Pruebas poco después de las cinco de la mañana.
Se vieron en el vestíbulo del motel antes de que se preparara el café y se añadieran los pasteles envueltos en celofán a la cesta.
Formaban un buen equipo, con mucha experiencia y gran atención a los detalles.
Kimberly confiaba en cada uno de los miembros con su vida, y así lo había hecho la última vez que recuperaron cadáveres de una montaña en Georgia.
Rachel Childs, agente especial al mando y jefa del equipo, era la jefa del circo designada.
La pelirroja de metro y medio había crecido en Chicago y tenía una mandíbula que desalentaba cualquier discrepancia.
Por el contrario, Harold Foster, un largirucho de metro ochenta y cinco que la superaba con creces en altura, era el experto en actividades al aire libre.
Había recorrido todo el sendero de los Apalaches antes de ir a la universidad y estaba deseando volver a hacerlo.
También era un gran conocedor de la flora, la fauna, los animales depredadores y las serpientes venenosas.
Kimberly tenía la costumbre de caminar cerca de Harold en la naturaleza... cuando podía seguirle el ritmo, claro.
Harold y Rachel habían llevado consigo a otros dos agentes.
Franklin Kent, a quien Kimberly no conocía, pero cuyo acento era del sur profundo, estaba tan bien equipado como Harold, por lo que era otro experto en la montaña.
Por último, Rachel presentó a Maggie Sharp, que parecía llevar consigo una herramienta de topografía para cartografiar la escena del crimen. Una unidad informática andante.
Todos intercambiaron las debidas muestras de cortesía.
Kimberly explicó el hallazgo de las dos tumbas y el papel de la doctora Jackson, la antropóloga forense que se encargaría de la exhumación.
Mientras tanto, el ERP ayudaría a establecer el área de búsqueda, trabajaría en el perímetro exterior y, sí, recuperaría cualquier otro hueso que pudiera encontrar.
Se dividieron en dos vehículos y condujeron hasta el comienzo del sendero.
Kimberly y Harold se adelantaron para establecer el centro de mando móvil en la base del sendero y reunirse con la doctora Jackson.
Así pues, la líder del equipo, Rachel, quedó a cargo del café y los bocadillos, posiblemente la tarea más importante.
Justo cuando Kimberly y Harold llegaron a su destino, la doctora Jackson apareció en una furgoneta blanca de médico forense y Kimberly hizo las presentaciones.
Solo había trabajado con la antropóloga forense un par de veces, pero Kimberly apreciaba su enfoque sensato y directo.
Esa mañana, la mujer vestía ropa holgada y botas de montaña.
Kimberly vio una pila de monos en la parte trasera de la furgoneta, que pasaron al interior de una mochila al poco tiempo.
También había cubos, paletas, tamices y lonas.
Kimberly empezaba a preguntarse si no sería mejor utilizar un caballo o un burro para que transportara la carga cuando el resto de su equipo se presentó y, sin decir palabra, empezó a meter los suministros en sus propias mochilas y a colgarse los cubos en los diferentes ganchos de su equipamiento.
Entonces se pusieron en marcha. Harold iba en cabeza, seguido de cerca por Rachel. Kimberly les había dado las coordenadas, así que no estaba preocupada.
Ella adoptó un ritmo más tranquilo, quedándose al lado de la doctora Jackson.
La mujer, algo más mayor, lo estaba haciendo muy bien, teniendo en cuenta que habría pasado la mayor parte de su vida en un laboratorio.
Pero el camino, de un kilómetro y medio, era empinado y no estaba de más hacer algún que otro descanso.
—Cuando les dije que me encontraran más huesos —refunfuñó la doctora Jackson—, no me refería a esto.
—¿Ha visto las fotos que le envié?
—Por supuesto.
—Dejamos de excavar en cuanto vimos la parte superior de los cráneos. No quería arriesgarme a dañar los restos.
—Por fin, una federal con sentido común.
—A veces pasa —le aseguró Kimberly.
—Intenta encandilarme. Quiere que le cuente cosas que sabe que aún no puedo contar.
—Quiero saber la antigüedad de la fosa. Cuanto antes, mejor. ¿Nos hemos topado con algo antiguo o con algo actual?
—El estado de los esqueletos apunta a que es antiguo. Pero tendré que llevarme los restos a mi laboratorio para poder decirle más.
Kimberly asintió, aceptando el veredicto mientras continuaban el ascenso.
La primera tumba ya había sido examinada a fondo hacía un mes.
Sin embargo, dada la necesidad de recuperar más huesos, Rachel asignó a Harold y Franklin la tarea de seguir estudiando la zona por si se les había pasado algo por alto.
Harold era famoso por recorrer kilómetros de montaña con un solo paso.
Kimberly aún no sabía por qué era famoso Franklin.
El agente parecía concentrado, dedicado y completamente autónomo.
Un cachorro y una pantera. Sería un día interesante para ambos.
Kimberly condujo al resto del equipo hasta la nueva fosa común. Allí encontraron a dos ayudantes del sheriff, que se habían encargado de la vigilancia nocturna del lugar. Se levantaron agradecidos cuando Kimberly y su equipo emergieron de entre la densa maleza.
—Buenos días, señora.
—¿Café caliente?
—¡Sí, por favor!
Kimberly aprendió al principio de su carrera que eran los pequeños detalles los que hacían que el trabajo saliera bien.
Todos se tomaron un momento para descargar el equipo y sacar las cosas de las mochilas.
Se aseguraron de mantener una distancia prudencial con la fosa para evitar la contaminación cruzada, aunque Kimberly era más que consciente de que todos estaban ansiosos por echar un vistazo.
Los ayudantes del sheriff descendieron la montaña con la nueva tarea de dormir un poco.
A su debido tiempo, llegarían dos nuevos.
Nunca estaba de más contar con un equipo de vigilancia que prestase atención a cualquier posible amenaza, ya fueran coyotes o curiosos, ya que el equipo forense tendría los ojos centrados en el suelo.
Rachel ordenó a su equipo que se preparara.
Maggie sacó la estación total, un instrumento que en un principio empleaban los equipos de topógrafos para crear modelos tridimensionales de carreteras y patrones de tráfico, y que luego se adaptó para renderizar imágenes en 3D de escenas del crimen complejas.
Tal y como Kimberly ya le había explicado a Mac, los restos no estaban dispuestos de forma ordenada.
Por el contrario, y hasta donde ella podía deducir, los cuerpos habían sido arrojados juntos.
Luego, con el paso del tiempo, a medida que la carne y los tendones se descomponían, los huesos se habían mezclados unos con otros.
De vuelta en el laboratorio, la doctora Jackson reconstruiría cuidadosamente cada esqueleto, mientras que las imágenes digitales de la estación total servirían para conservar la información del estado en el que se encontraron.
Una vez que tuvieron los suministros preparados y organizados, Rachel consultó con la doctora Jackson el plan de ataque.
A pesar de lo que mucha gente solía suponer, el objetivo principal del Equipo de Recogida de Pruebas del FBI era recolectar pruebas, no analizarlas.
Ninguno de ellos era experto forense, aunque algunos, como Harold, habían desarrollado ciertas áreas de interés a lo largo de los años.
La doctora Jackson se puso un mono sobre su equipo de senderismo. Luego repartió sendas prendas al resto del grupo y todos se vistieron, no sin poner mala cara ante la idea de añadir una capa adicional de ropa sobre su ya sudada indumentaria.
Los pájaros cantaban en la distancia. Una agradable brisa soplaba entre los árboles mientras la doctora Jackson caminaba con cuidado sobre las líneas y se dirigía al centro de la cuadrícula.
Kimberly ya sabía lo que iba a ver: una ligera depresión en la tierra junto a un montículo de tierra.
Los profanos en la materia asumían que el montículo era la tumba.
No era cierto. La depresión era la tumba; el montículo estaba formado por la tierra que el asesino había extraído del suelo para arrojar los cuerpos.
Con el paso del tiempo, la descomposición reducía la masa en la tumba, lo que provocaba que la tierra se asentara y creara un patrón característico que todos los técnicos forenses habían aprendido a identificar: un montículo junto a una depresión equivalía a una tumba sin identificar.
O, en ese caso, una tumba con tres cráneos redondeados que asomaban entre la tierra suelta.
La doctora Jackson cogió la primera paleta. Se pusieron manos a la obra.