CAPÍTULO 7 #2
—Exacto. Porque tienes las habilidades necesarias. Porque conseguiste más avances rastreando los pasos de Jacob en Internet en dos días que el FBI en siete años. Deberías estar delante del ordenador. En cambio, mañana te vas al bosque.
Keith miró de reojo a Flora. Con su chaqueta de cuero y su jersey de cachemira verde oscuro, destacaba entre los comensales de la cafetería.
Iba demasiado engalanado para un sitio como aquel.
D. D. supuso que el atuendo que tenía preparado para adentrarse en los bosques conseguiría que estuviera aún más fuera de lugar.
Sin embargo, tuvo que darle el crédito que merecía.
Por la mirada que le echaba a Flora, iría donde ella fuera.
—Si queréis buscar, buscaremos —accedió D. D.—, pero no podemos limitarnos a ser simples peones en la unidad especial. Tenemos que aportar valor. Es decir, ¿qué podemos hacer, qué sabemos nosotros que nadie más sabe?
Miró a Flora con vehemencia.
—Quieres que me dé una vuelta por Niche —dijo Flora—, a ver si reconozco algo. Pero es que nunca vi el pueblo. —Su voz se aceleró—. Pasé de ese estúpido sótano a ese estúpido camión...
La camarera regresó con el cuenco de gachas. Miró a Flora con nerviosismo. Flora se recostó en la silla y dejó que le pusieran el cuenco delante. A eso le siguió la fruta. Luego, el yogur. Flora miró la comida con una falta de optimismo evidente.
—Vas a comer —le recordó D. D. de nuevo, mientras la camarera se alejaba—, o te meteré en un avión de regreso a Boston.
Eso le valió una mirada fulminante, lo cual era bueno. La Flora enfadada era más útil que la Flora triste.
D. D. dejó que se tomara la primera cucharada. Flora puso cara de asco.
—Ponle sirope de arce —dijo Keith—. O miel.
—¿Y tú qué sabrás? —le preguntó ella.
—Leo.
—¿Sobre gachas?
—Si uno viene a Atlanta...
Flora lo miró con los ojos entrecerrados, pero cogió el sirope de arce. El segundo bocado pareció saberle mejor.
—Puede que no recuerdes el pueblo —dijo D. D.—, pero es posible que sigas teniendo un vínculo con él. Creo que eso es lo que Keith y tú tenéis que resolver.
—¡Oye, yo pensaba que era un gurú de los ordenadores!
—Por desgracia, el portátil se lo queda esa agente del FBI tan guapa. Además, recuerda lo que ha dicho. Puede que averiguaras la contraseña y el nombre de usuario que usaba Jacob en la dark web, pero llegaste unos seis años tarde. Necesitamos algo más o, al menos, algo actual.
—Maldita sea esa agente del FBI tan guapa —refunfuñó Keith, con lo que se ganó una mirada de reprobación por parte de Flora.
La camarera apareció con su tortilla de claras y el especial de D. D.
D. D. se acercó su plato rebosante y gruñó en señal de conformidad. No había estado tan feliz en días.
—Bueno —continuó, cogiendo el tenedor para pasar al ataque—, sigues siendo el tipo de los ordenadores. No te preocupes por el portátil de Jacob, al menos por ahora. Y recuerda que hay dos cosas que estamos buscando.
—Huesos —intervino Flora, pasando al yogur.
—Y la cabaña de Jacob, donde te retuvo en un principio. Ahora bien, ¿alguno de nosotros está especialmente cualificado para localizar restos óseos?
Ambos negaron con la cabeza.
—Creo que tú y Keith deberíais ir por ahí con la foto del camión de Jacob y preguntar a la gente del pueblo. Tú —señaló a Flora con el tenedor— puedes ver si reconocen su camión. Y Keith puede centrarse en si alguien te reconoce a ti.
—¿Crees que alguien en Niche podría conocerme? —Flora había dejado de lado su comida.
—Debe haber una razón por la que Jacob vino a las montañas. Esto no está en ninguna ruta de transporte, tampoco hemos encontrado ninguna casa a su nombre. De lo que debemos suponer que...
—Tenía ayuda —apuntó Keith—. Un cómplice o, al menos, un amigo.
D. D. asintió.
—Es una teoría que vale la pena investigar, sobre todo ahora que la policía ha descubierto otro cadáver que encaja con el modus operandi de Jacob.
—No era de aquí —dijo Flora—. Todos sus lazos familiares estaban en Florida. Sin embargo, me trajo a las montañas, y probablemente también a Lilah Abenito. ¿Por qué al norte de Georgia? ¿Por qué este pueblo?
—¿Y quién puede respondernos a esas preguntas? —concluyó Keith.
—Estrategia —anunció D. D., con la boca llena de galleta—.
El truco para sobrevivir a una unidad especial es elegir bien tu vía de acción, aprovechar tus puntos fuertes y, por mucho que el comité se interponga en tu camino, conseguir resultados.
No hemos venido aquí para quedar bien con los federales.
Hemos venido aquí para aprender todo lo posible sobre Jacob Ness. ¿Queda claro?
Flora y Keith asintieron.
—Sigo queriendo ir al bosque mañana —dijo Flora en voz baja.
—¿Por qué?
—Es solo que... necesito ver. Necesito saber.
—Torturarte a ti misma no nos ayuda a cumplir nuestra misión, Flora.
—Lo sé. Pero no dejo de pensar en lo que ha dicho la doctora Jackson. Todos los niños quieren volver a casa. Si pudiera encontrar algo, aunque solo fuera una costilla, podría traer ese pedacito de ella a casa... —Flora miró fijamente la mesa—. Necesito hacerlo.
—De acuerdo. Mañana jugaremos con la unidad especial. Luego...
—¡Iremos por nuestro lado! —exclamó Keith.
D. D. se quedó mirándolo.
—Creo que te estás emocionando más de la cuenta.
Él sonrió.
—Es por la compañía. —Volvió a mirar a Flora, lo que hizo que D. D. sacudiera la cabeza.