CAPÍTULO 5 #3
Kimberly hizo un gesto con la cabeza hacia una de sus compañeras del FBI, una despampanante mujer de veintiocho años de brillante cabello negro.
—Su Chen —Kimberly se dirigió a la agente— es una de nuestras mejores analistas informáticas. Lleva varios meses estudiando el ordenador portátil de Ness.
Keith se enderezó en su asiento, como si estuviera observando a la competencia. Kimberly se percató de la mirada hostil que Su le lanzó antes de coger sus notas.
—La identificación del nombre de usuario y la contraseña de Jacob Ness ha sido fundamental.
—Ligero gesto de aprobación hacia Flora y Keith—.
Lo bueno de los foros en línea es que se pueden buscar; una vez que tenemos un nombre de usuario, podemos rastrear gran parte de las actividades en línea del sujeto.
Por desgracia, la web es un entorno en constante evolución.
No he tenido suerte a la hora de identificar ningún grupo concreto de hace siete años.
—¿Has pensado en hacerte pasar por Ness y esperar a que alguno de sus antiguos socios se ponga en contacto contigo? —preguntó Keith.
Kimberly entendió la pregunta; nueve meses atrás, Keith había utilizado esa misma estrategia en otra investigación de homicidio.
Tuvieron la suerte de que Ness utilizara un seudónimo en Internet, lo que significaba que muchos de sus contactos en la dark web no eran conscientes de que era un asesino en serie que había muerto en una redada del FBI años atrás.
—En estos momentos, estoy manteniendo conversaciones virtuales con dos sujetos diferentes —respondió Su con frialdad—.
Hasta ahora, su interés se centra en el contenido pornográfico, de donde supongo que viene su relación con Ness.
Llevaba siete años sin hacer acto de presencia, por lo que estoy segura de que los otros miembros de los foros desconfían de la repentina reaparición de Ness.
Puede que la estrategia no funcione de la noche a la mañana, pero tengo plena confianza en ella.
—¿Puedo volver a examinar el portátil? —pidió Keith.
—¿Qué esperas encontrar? —preguntó la experta informática.
—¿Qué daño puede hacer un segundo par de ojos? —replicó Keith.
La agente Chen estudió a su homólogo civil durante unos instantes.
—Veré qué puedo hacer —dijo con rudeza.
«La batalla de los frikis», pensó Kimberly.
—¿Alguna otra pregunta?
—¿Y ahora qué? —preguntó el sheriff, Hank Smithers.
—Vamos a Niche —respondió Kimberly— y ampliamos la zona de búsqueda a partir de la ubicación de los restos.
—Crees que podría haber más —dijo el sheriff.
—Jacob es sospechoso de la desaparición de otras cinco mujeres. Lilah Abenito no es la única víctima, solo la que se ha encontrado primero.
—Mi... ércoles —murmuró el sheriff, enmascarando con delicadeza la palabrota.
—Es posible que haya más tumbas —continuó Kimberly—. Además, la antropóloga forense está tratando de averiguar el momento exacto de la muerte para darnos un margen de investigación más preciso. Esto significa que sería útil recuperar más restos del esqueleto.
El sheriff Smithers asintió.
—Puedo conseguir un equipo canino, así como rastreadores locales. Hay gente de la zona que conoce esos bosques como la palma de su mano.
—Perfecto. Entonces, dejando a un lado el ordenador, nos espera un trabajo de campo a la antigua usanza. Comprobad los registros de propiedades. Difundid la foto de Ness. Quince años es mucho tiempo...
—No en mi condado —interrumpió el sheriff—. Lo que le falta en tamaño, lo compensa en recuerdos. —Miró a D. D.—. Yo que tú trataría de ocultar ese acento. Y, por el amor de Dios, no menciones que eres del norte.
Kimberly no sabía si el hombre estaba bromeando o no, pero supuso que a D. D. no le importaba lo más mínimo.
—¿Cómo llegó Jacob a las montañas? —continuó Kimberly—.
¿Tenía un vehículo que no conocemos para ir a esa propiedad que nunca hemos encontrado?
¿Tenía algún socio que lo ayudó, quizá algún contacto personal en el pueblo?
Hay que enseñar la foto de Jacob a los propietarios de los moteles, camareros y dependientes.
Si se alojaba en una cabaña de la zona, tendría que ir al pueblo a por comida, alcohol y drogas.
Antes buscábamos por todo el norte de Georgia; ahora tenemos una comunidad.
Esperemos que eso nos lleve a hacer el avance que hemos estado esperando. ¿Alguna pregunta?
Nadie levantó la mano. Con un último gesto de asentimiento, Kimberly cerró su carpeta, dando por concluida la reunión. Justo cuando se puso de pie, Flora tomó la palabra.
—¿La doctora Jackson está completamente segura de que los restos pertenecen a Lilah Abenito? Has dicho que el esqueleto ni siquiera está completo...
—Además del reconocimiento facial, la doctora Jackson pudo relacionar una lesión infantil que figuraba en el historial médico de Lilah con una fractura sanada en el esqueleto.
—De acuerdo —dijo Flora.
Kimberly la miró con recelo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Voy a conocer a Lilah Abenito —anunció Flora—. Es el mejor punto de partida, ¿no? La propia víctima.
Entonces, sin esperar permiso ni aprobación, Flora se levantó y se marchó.