Cuando me veas (Warren & Quincy 2) CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

KIMBERLY

La agente especial Kimberly Quincy había perseguido a asesinos, detenido a falsificadores de arte y combatido la corrupción gubernamental.

Su padre, Pierce Quincy, era uno de los perfiladores de más renombre del FBI, lo que significaba que ella contaba con un gran pedigrí y una enorme reputación.

Aun así, dirigir una unidad especial multijurisdiccional era un reto en sí mismo.

Era como domesticar a una manada de leones.

Tenía a varios compañeros agentes en la sala, además del sheriff del condado.

Al grupo se sumarían una policía de Boston, una superviviente de secuestro y un fanático de los crímenes reales/analista informático.

La detective que había en Kimberly estaba un poco molesta; la investigadora que había en ella estaba genuinamente impresionada.

Kimberly fue la agente que identificó a Jacob Ness como un depredador en serie y dirigió la redada que se llevó a cabo en la habitación del motel donde se había atrincherado con Flora Dane.

Kimberly llevaba una carrera llena de momentos memorables, pero nunca olvidaría ese día.

La forma en la que Jacob Ness, con los ojos y la nariz irritados por culpa del gas lacrimógeno, había atendido a Flora antes que a sí mismo, envolviéndole la cara con una toalla húmeda.

Con ternura. Justo antes de entregarle su pistola.

La misma que Flora utilizó para volarle los sesos.

Luego, Flora se dio la vuelta y contempló al equipo del SWAT con la expresión más impasible que Kimberly había visto jamás.

Había leído acerca de los efectos traumáticos de un secuestro prolongado, pero verlos en persona era algo muy distinto.

Kimberly tardó casi una hora en conseguir que Flora respondiera a su nombre.

Esa hora fue una de las más largas de la vida de Kimberly, tanto que temió que, después de todo, quizá no hubieran rescatado a una mujer, sino solo a un caparazón hueco.

¿Acaso era la misma Flora que acababa de entrar en la sala ahora, evaluando a los demás agentes del orden con la cabeza alta y una mirada desafiante en los ojos?

Esa mujer distaba mucho de ser el fantasma manchado de sangre que Kimberly había recuperado de la habitación de aquel motel.

Pero Kimberly sabía que, aunque la chica se hubiera hecho más fuerte, seguía siendo la personificación del trastorno de estrés postraumático.

Tal y como Kimberly había discutido previamente con la sargento D.

D. Warren por teléfono, no estaba segura de si incluir a Flora en la investigación era una buena idea o no.

Por otra parte, Flora no solo había sobrevivido a Jacob Ness, sino que lo había estudiado, se había adaptado a él e incluso, por así decirlo, había trabado amistad con él.

Ella representaba su legado y, en los días venideros, la unidad especial necesitaría de sus conocimientos para llevar a cabo la tarea.

D. D. proporcionó a Flora y Keith sendos asientos.

Ella ocupó el tercero y más cercano a Kimberly al final de la mesa.

El trío había llegado a Atlanta poco después de medianoche, aunque ninguno parecía cansado.

Por suerte, las dependencias del FBI, construidas hacía poco, se encontraba a escasos kilómetros de un Marriott, lo que les facilitaba el trayecto matutino.

Kimberly se aclaró la garganta y empezó a repartir las carpetas que había estado preparando toda la noche.

Se hicieron las debidas presentaciones, incluyendo a Flora y Keith.

Independientemente de lo que pensaran los demás agentes del orden sobre la presencia de dos civiles entre sus filas, fueron lo bastante profesionales como para no decir nada.

Kimberly fue directa al grano.

—Como muchos de vosotros sabéis, la mayoría de los depredadores en serie tienen dos listas: la lista oficial de víctimas y la que llamamos «lista de asteriscos».

Es decir, víctimas que las fuerzas del orden atribuyen a dichos depredadores, pero cuya implicación nunca han podido corroborar, principalmente por la falta de restos humanos.

De ahí que los datos oficiales indiquen que Ted Bundy asesinó al menos a treinta mujeres, pero ese número probablemente se acerque más al centenar.

¿Por qué esta discrepancia? Porque no podemos probar el resto de los asesinatos.

«En el caso de Jacob Ness, que como todos sabéis operaba en esta zona geográfica y fue abatido en una redada del FBI en la habitación de un motel a las afueras de Atlanta, se lo ha relacionado con múltiples casos de violación y asesinato.

Pero, tras su muerte, sigue siendo sospechoso de la desaparición de seis mujeres.

Todas encajan en su victimología y en la cronología de sus acciones.

Pero no se ha podido recuperar ninguno de estos cadáveres, lo que nos deja con seis casos abiertos y muchas preguntas sin respuesta.

«Hasta hace diez semanas, cuando se encontraron restos óseos junto a una ruta de senderismo en la pequeña localidad montañosa de Niche, Georgia.

La antropóloga forense identificó el cadáver como Lilah Abenito, una de las mujeres que se cree que fue víctima de Jacob Ness, aunque nunca se ha podido demostrar.

Creo que todos comprendemos la importancia que tiene para sus padres obtener respuestas de una vez por todas; que su hija sea algo más que un nombre en la lista de asteriscos de un depredador infame.

Kimberly esperó un momento antes de continuar.

—Lo que sabemos es que Lilah era una joven de origen hispano de diecisiete años, cuya desaparición se denunció hace quince años en Alabama.

Las circunstancias reales de la desaparición de Lilah no están bien documentadas.

Sus padres eran inmigrantes ilegales y esperaron varios días antes de ponerse en contacto con las autoridades.

Su padre trabajaba en un restaurante como friegaplatos; su madre se dedicaba a lavar ropa.

Según ellos, Lilah no era una chica problemática.

Era una estudiante aplicada y no tenía novio, que se supiera.

Debería haber ido directamente del instituto a su trabajo en un salón de manicura.

Nunca llegó. Cuarenta y ocho horas después, sus padres presentaron una denuncia.

La policía local llevó a cabo una investigación rudimentaria y sin resultados.

Kimberly miró a los miembros de su improvisada unidad especial.

La mayoría hojeaban los informes que ella había fotocopiado la noche anterior.

Las conclusiones de la investigación inicial formaban parte de esos documentos.

No era ni la mejor ni la peor investigación que Kimberly había leído.

Resultaba evidente que la policía se había inclinado por la idea de que Lilah se fugó, aunque sus padres lo habían negado rotundamente y los interrogatorios realizados a sus compañeros de clase no revelaron ningún indicio de que hubiera problemas en el ámbito familiar.

Desde el punto de vista del FBI y sabiendo que había un depredador en serie actuando en la zona, la investigación fue, en el mejor de los casos, superficial.

Según lo que sabían las fuerzas del orden locales en ese momento...

—Hace quince años —continuó Kimberly—, las redes sociales aún estaban en pañales.

Así que, en oposición a la cantidad de información que estamos acostumbrados a encontrar sobre un adolescente promedio en la actualidad, apenas hay datos de Lilah.

Sus padres afirmaban que era una buena chica, que estaba deseando ir a la universidad en otoño y convertirse en la primera persona de su familia en graduarse.

Excepto que, una soleada tarde, desapareció. Hasta hace diez semanas.

Kimberly hizo otra pausa para que todos asimilaran la información.

Creía en la utilidad de personalizar los casos, algo que había aprendido de primera mano de su padre el perfilador.

La víctima tenía que importarles, porque sabía Dios que en las semanas y meses que estaban por llegar todos iban a tener que sacrificar partes de sus vidas personales para encontrar justicia.

—¿Cómo se convirtió Jacob Ness en sospechoso de la desaparición? —D. D. fue la primera en hablar.

Kimberly se fijó en que Flora Dane permanecía inexpresiva. Bien podrían estar hablando del tiempo. Pero Kimberly no dudaba de que Flora estaba registrando cada palabra.

—La edad y el sexo coincidían con los objetivos típicos de Ness. Además, la ciudad donde desapareció Lilah está cerca de un importante punto neurálgico de camiones.

—Su secuestro ocurrió dentro del territorio de caza de Ness —tradujo D. D.

—Exacto.

—¿Causa de la muerte? —preguntó Flora. Miró a Kimberly con aire siniestro.

—Se desconoce. El examen forense se vio limitado por la ausencia de tejido blando y por el hecho de que faltan muchos huesos.

—¿No se ha recuperado el esqueleto completo?

—Por desgracia, los animales carroñeros causaron estragos, ya que el cuerpo se enterró a poca profundidad.

Al examinar lo que se recuperó, la doctora Jackson identificó una fractura en el hueso hioides, lo que puede ser un signo de estrangulamiento.

Sin embargo, en una chica de esa edad, es común que el hueso hioides no esté completamente formado, por lo que la doctora Jackson no puede afirmar de forma concluyente que esa fuera la causa de la muerte.

—Él prefería los cuchillos —dijo Flora.

Todos los investigadores centraron su mirada en ella. Flora mantuvo la vista fija en Kimberly.

—Es cierto. Pero recuerda el momento de los hechos. Si Lilah Abenito realmente murió a manos de Ness, su desaparición, hace quince años, la convertiría en una de sus primeras víctimas.

—Maltrataba a su mujer. Violó a una adolescente. Ella no fue la primera.

—La primera que mató —corrigió Kimberly, manteniendo un tono tan objetivo como el de Flora.

El sheriff del condado de Mosley levantó la mano.