Capítulo 28 #2
—¡Andoni! ¡Andoni! —grité por toda la casa. Pero no tuve respuesta.
Me pegué al cristal de la ventana de la cocina, que daba a la parte trasera, y los vi junto al cobertizo.
Estaban hablando, aunque no podía oír lo que decían.
Me disponía a abrir la ventana cuando capté un movimiento brusco de Jon.
Cogía a Andoni por el cuello de su camisa tratando de levantarlo del suelo.
Aunque le sacara varios centímetros de altura, Andoni era mucho más fuerte y Jon no conseguía alzarlo ni un ápice.
Salí de la casa corriendo como un rayo y la rodeé hasta alcanzar su posición, sin aliento. Andoni ya se había soltado de Jon y lo separaba de sí poniéndole una mano en el pecho con el brazo estirado, manteniéndolo a distancia.
—No me obligues a hacer algo que no quiero —le advertía mientras él forcejeaba para apartar la mano de Andoni.
—¿Qué demonios pasa aquí? —Mi mirada iba dirigida a Jon.
Ambos retrocedieron un paso y se soltaron, sin dejar de mirarse con desconfianza. Ninguno dijo nada.
—¿Alguien me va a explicar qué hacíais? —insistí, clavando mis ojos esta vez en Andoni.
—He venido a advertir a este intruso que se aparte de ti si no quiere tener problemas. —Jon habló con tono amenazador.
—Edurne, es mejor que me esperes dentro. Enseguida estoy contigo —me pidió Andoni con un tono muy distinto. Parecía que me suplicaba que me fuera de allí.
—Ni hablar, no entres en esa chabola. —Jon me miró con fuego en los ojos—. Sube a mi coche. Nunca debiste acercarte a este tipejo. No sabes la clase de chusma que es.
—¿De qué estás hablando? —¿Por qué decía algo tan horrible de Andoni?
—No sabes nada. Cierra el pico y lárgate de mi casa —le ordenó Andoni y se dirigió a mí—. Vamos, ven conmigo.
—¡De eso nada! —Jon me agarró de la muñeca y tiró de mí hacia él, haciéndome chocar contra su cuerpo.
—¡No la toques! —gritó Andoni, me arrancó de sus brazos y me escondió detrás de él—. No permitiré que le vuelvas a poner ni un solo dedo encima.
Me sentí como una muñeca de trapo zarandeada de mano en mano.
—¿Le has contado a Edurne que mataste a tu padrastro, pero que te libraste del trullo por ser demasiado joven y, por lo tanto, inimputable?
—Él no lo mató. Fue un accidente, y no fue culpa suya —le aclaré a la vez que abrazaba a Andoni por la cintura desde atrás.
Jon recibió mis palabras como una bofetada, aun así, su gesto volvió a ser soberbio cuando añadió:
—¿También te ha contado lo de los problemas que causó en un centro de menores tras otro, con peleas y movidas con drogas?
¿Te ha hablado del chaval que murió, casualmente, de un modo muy similar al de su padrastro?
Solo que esta vez ya sabía lo que tenía que decir para escurrir el bulto y se libró de que lo acusaran.
Él sonrió al ver mi gesto de confusión. Andoni no me había contado apenas nada sobre las dificultades que había tenido en esos centros de internamiento y yo no había querido preguntar.
Sabía que me hablaría de ello cuando estuviera preparado.
Pero no podía imaginar que hubiera otra muerte de por medio ni temas de drogas.
Aunque estaba segura de que no era culpable de nada de todo aquello.
Pero Jon debió de interpretar mi sorpresa como duda y se sintió vencedor.
—Ya decía yo que no podía estar contigo sabiéndolo. —Miró a Andoni con mayor desprecio si cabe—. Es demasiado melindrosa como para estar con un delincuente.
—¡Andoni no es ningún delincuente! —exclamé encarándome con él como si me hubieran impulsado con un resorte. Acabé de puntillas y con la frente casi pegada a su nariz.
Dudo que se sintiera intimidado, pero al menos logré borrarle esa estúpida sonrisa.
—Tranquila, Edurne, no tenemos que darle explicaciones a este... amigo tuyo. Sin embargo, voy a aclarar esto ahora. Pero que conste que lo hago por ella y no por lo que tú o tu papá, el policía, podáis pensar de mí.
Así que eso había sido. Jon le había pedido información sobre Andoni a su padre, que era inspector, y no solo se la había dado, sino que alardeaba de ello como si no fuera contra la ley husmear en la información personal de alguien y airearlo después.
—No me interesan tus explicaciones, solo quiero que te alejes de mi chica. —Jon volvió a agarrarme por la muñeca. Esta vez me hizo tanto daño que gruñí antes de tratar de liberarme y espetarle:
—¡Yo nunca he sido tu chica! —No quería que Andoni pensara algo que no era cierto—. ¡Suéltame, Jon, me haces daño!
Vi a Andoni dirigirse hacia nosotros y distinguí en su mirada una ira que no había visto jamás en él.
—¡Te he dicho que no le pongas las manos encima! —Volvió a arrancarme de sus brazos acoplándome a su espalda y retorció con una llave la mano derecha de Jon, haciéndole girar sobre sí mismo y quedando agachado de espaldas a nosotros.
—¿Yo? Eres tú el que has puesto mucho más que tus indecentes manos sobre su piel.
Os vi anoche desde la carretera. —Apenas podía hablar con la postura forzada, pero no se quejó y continuó—: ¿Ves cómo tenía razón cuando te decía que tenías dos caras?
—Se giró un poco para poder verme—. Hace un par de meses, me gané una torta por intentar darte un simple beso y ahora te acuestas con el primero que encuentras, como una fulana.
Andoni soltó a Jon y le empujó con fuerza haciendo que cayera contra el suelo antes de avisarlo por última vez:
—¡Lárgate de aquí antes de que te rompa esa bocaza!
Jon se puso en pie y se rio mientras se sacudía los pantalones.
—¿Saben tus padres que vienes por las noches a casa de este matón de poca monta?
Andoni cogió impulso para lanzarse contra él, pero lo agarré de un brazo para impedirlo, ya que estaba claro que la intención de Jon no era otra que provocarlo y después poder alegar que le había atacado sin motivo, incluso denunciarlo.
Me puse delante de él y pasé sus brazos por mi cintura de forma que tuviera las manos ocupadas abrazándome.
Me negaba a que el imbécil de Jon tuviera un solo rasguño con el que poder buscarle problemas.
—Saben lo que tienen que saber, que estamos juntos. Es más, Andoni está invitado a ir a mi casa cuando quiera. Este mismo domingo va a venir a comer con mis padres.
Me giré para mirarlo y hacerle un gesto cómplice. Él achicó los ojos con confusión. No quise que Jon descubriera que no sabía nada y me apresuré a echarle de allí cuanto antes.
—No sé qué habrás descubierto a través de los contactos de tu papaíto, pero no hay nada del pasado de Andoni que no sepa. —Me eché un farol—. Así que no hay nada que puedas hacer para separarme de él. Es mejor que te vayas, no voy a ir contigo a ningún lado.
Andoni me besó en la mejilla y me abrazó más fuerte contra él.
—Ya has oído a mi chica. —Puso énfasis en el posesivo, lo cual hizo apretar la mandíbula a Jon—. Fuera de aquí.
—No sabes lo que haces, Edurne. —Retrocedió un par de pasos, todavía mirándonos—. Yo te lo he advertido, luego no me vengas llorando cuando compruebes que estás con un tío muy chungo y que todo lo que te digo es cierto. Eso si vives para contarlo.
—Tranquilo, eso no va a ocurrir nunca.
—Ya lo veremos —masculló con rabia y se giró para marcharse y desaparecer tras la casa. Pude oír el sonido del motor arrancando y un derrape cuando aceleró para alejarse a toda velocidad.
—¿Estás bien? —Andoni me giró hacia él, pero sin alejarme del círculo protector que formaban sus brazos. Alzó mis manos e inspeccionó mis muñecas—. ¿Te ha hecho daño ese animal?
—No, estoy bien. —Le sonreí. Él estaba muy serio.
—Quiero explicarte algo, vamos adentro.
Lo seguí, caminando junto a él de la mano, pero le aclaré:
—No me tienes que explicar nada. No creo ni una palabra de lo que ha dicho. Jon es un idiota, no sé a qué ha venido lo que... —No me dejó terminar.
—Algo de lo que ha dicho sí tiene algo de cierto, pero quiero explicártelo yo mismo. Debería habértelo contado antes.
Lo miré preocupada. Había una sombra de culpabilidad en su rostro que me hizo estremecer.
—Está bien, explícame lo que quieras. Pero nada de lo que me digas va a hacer cambiar lo que siento por ti.
Lo besé y tiré de su mano para redirigir nuestro camino hacia el muelle. No quería entrar aún en la casa, necesitaba respirar aire fresco después del horrible encuentro con Jon.