Capítulo 27 #4
—Está bien, te lo paso por esta vez. —Sonrió al ver que por fin había confesado. Era única sonsacándome la verdad—. Da gracias a que tu padre estaba agotado del viaje y se ha dormido enseguida. Has hecho bastante ruido al sacar la bici del garaje.
Me sentí la peor fugitiva del mundo.
—¿No le vas a decir nada? —pregunté con tono de súplica.
—Eso depende de lo que me cuentes ahora.
Me pareció que el juego no iba a ser limpio. ¿Mi madre pensaba chantajearme con chivarse a papá si no le contaba con quién había estado? Ella sí que sabía cómo hacerme confesar de manera rápida y eficaz.
—¿Qué quieres saber? —Me hice un poco la loca.
—¿Tú qué crees, Edurne? Adónde has ido y con quién has estado. Que me cuentes lo que habéis hecho... lo dejo a tu elección —dijo cerrando los ojos y sacudiendo la cabeza—. Ya eres una mujercita. Solo te pido que tomes precauciones, ya me entiendes...
Aluciné. Solo quería saber quién era el chico y no le importaba si entre él y yo había pasado algo o no. Bueno, seguro que le importaba, pero me daba la confianza para que yo decidiera si era el momento y la persona adecuada. Mi madre me resultaba cada vez más enrollada.
—Está bien, te diré quién es. Pero antes quiero que sepas que no hemos hecho...
eso que estás pensando. —Me puse colorada a pesar de no ser la primera vez que hablaba de sexo con mi madre.
Tal vez fuera porque, a diferencia de las otras, en esta ocasión estábamos hablando sobre mis relaciones con un chico con nombre y rostro, y no sobre uno hipotético por el que no podía sentir lo que ahora sentía por Andoni—. Y el día que pase... me cuidaré.
—Gracias, hija —exhaló un largo suspiro—. Me dejas mucho más tranquila.
Decidí que era mejor que lo supiera antes de darle el nombre de... ¿mi novio?
—En realidad ya lo conoces.
—¿Es ese amigo del novio de Natalia? —trató de adivinar comprimiendo el rostro.
—No, no es Jon. ¿Y por qué pones esa cara?
—Ay, menos mal. Es que no me gusta nada ese muchacho. Sobre todo, después de aquel cumpleaños en la discoteca.
Mi madre sabía que esa noche había pasado algo, pero no qué. Mi media historia del día siguiente le habría dejado con la mosca detrás de la oreja. Y su talento para ver más allá seguro que le había hecho atar cabos.
—Bueno, pero no es él, ni ningún otro amigo de Ager.
Mi madre se quedó pensativa. No había demasiadas opciones. Bera contaba con pocas cuadrillas de chicos de más o menos nuestra edad, y nosotras solíamos ir con los amigos de Ager, que eran de otro pueblo.
—Venga, hija, no te hagas de rogar. Dime quién es.
Mi madre empezaba a sonar impaciente y curiosa. Me resultó familiar, como cuando mis amigas se querían enterar de algún jugoso cotilleo.
—Es Andoni.
—¿Andoni? —Tardó unos segundos en identificarle—. ¡El carpintero!
—No grites, mamá —le advertí cruzando el dedo índice sobre mis labios.
Bajó el volumen de golpe.
—Es un chico muy trabajador. —Hizo una pausa y me guiñó un ojo—. Y muy guapo.
—¡Mamá! —la regañé por su comentario, pero me reí.
—Podrías decirle que vuelva por casa algún día —me propuso mientras se levantaba de mi cama.
—¿Y qué le diríamos a papá?
—La verdad. —Al ver mi reacción, que probablemente era de espanto, se explicó—. Antes te he dicho que si me lo contabas no le diría a tu padre que te habías escapado esta noche. Pero seguro que le gustaría saber que tienes novio.
—Jo, mamá, dame un poco de tiempo. No quiero agobiarlo diciéndole que venga a casa y esas cosas.
Ella puso los ojos en blanco, como si le pareciera una chiquillada.
—Tú propónselo. Que él venga cuando quiera. Ya nos conoce, no va a ser tan traumático. —Se rio, pero yo no pude encontrarle la gracia. No con su pasado y ciertos traumas reales que aún no sabía si había llegado a superar, ni si sería capaz de dejarlos atrás de verdad algún día.
—Está bien —accedí. Sería mejor que la decisión la tomara él—. Le invitaré un día. ¿A comer? —Se me ocurrió de pronto.
—Sí, es una buena idea. Seguro que agradece una comida casera si vive solo en esa vieja cabaña. —De pronto achicó los ojos, como si una nueva idea hubiera aterrizado en su cabeza—. ¿Has estado mucho por allí?
—¡Mamá! —volví a regañarla—. Ya te he dicho que no hemos...
—Vale, vale —me cortó—. Y yo te he dicho que me lo contaras cuando tú quisieras.
Resoplé y dejé caer los hombros con resignación.
—Sí, sí he estado allí. Varias veces. —Volví a satisfacer su curiosidad.
—Vale. Es suficiente por hoy —concluyó. Se levantó de mi cama y abrió la puerta del dormitorio—. Mañana hablaremos con tu padre.
Asentí con la cabeza y me resigné a que las cosas fueran a hacerse de dominio público en menos de veinticuatro horas.
Seguramente, mi hermana recibiría la noticia en ese mismo plazo, así, como de pasada por una llamada que tuviera otra excusa.
Hasta mi tía sería conocedora de que su sobrina se había echado un novio por primera vez, aprovechando la llamada de primera hora de la mañana para contarle qué tal el viaje de vuelta.
Aunque la idea me irritaba un poco, no pude evitar dormirme con una sonrisa. Porque, en el fondo, me moría por gritar a los cuatro vientos que Andoni correspondía a mis sentimientos. Me sentía inmensamente feliz.