Capítulo 24 #3
—Así me gusta. —Me sentí inmensamente feliz de haber conseguido que cediera por fin.
Y que de pronto no estuviera ocupado todo el día me daría más tiempo para estar con él antes de irme—.
Seguro que habrá un plan para este fin de semana.
Ya verás, mis amigos te van a encantar. A mis amigas ya les encantas.
—Ah, ¿sí? —No parecía muy convencido.
—Sí. Y a mis padres les va a parecer genial saber que tengo un amigo que me hace unos regalos tan bonitos. Sobre todo, si el motivo es haber estudiado mucho.
Se le alegró la cara al oír que iba a confesar a mis padres que el joyero era un regalo suyo.
—Deberías entrar ya. Tus padres te estarán esperando para comer y, si tardas más por mi culpa, no les va a hacer mucha gracia que sea tu amigo.
—Vale, pero solo si me haces un favor.
—¿Qué favor? —preguntó desconfiado.
—Deja de echarte la culpa de todo.
—Lo intentaré. —Agachó la mirada.
Salí del vehículo y me despedí desde el porche. No arrancó hasta que entré en casa.
Mis padres estaban sentados a la mesa, mirando el calendario que habían despegado de la nevera.
—Hola, cariño. —Mi madre me hizo señas para que me sentara—. Estamos mirando cómo cuadrar los días de las vacaciones. Pero, antes de nada, ¿hay algo que quieras enseñarnos?
Posé sobre la mesa el joyero y el boletín de notas. Los ojos de mis padres se centraron solo en la cajita.
—Si vais a felicitarme por mis resultados de este año —abrí el boletín y lo extendí sobre la mesa—, he de avisaros de que no vais a ser los primeros. Mirad qué joyero me ha hecho Andoni por haber estudiado tanto.
—¡Caray! Tres nueves. —Mi padre se centró en las notas.
—Estoy muy orgullosa de ti, Edurne. Y fíjate qué detallista ha resultado ser Andoni. Qué cosa más bonita. —Mi madre inspeccionó el regalo.
—Su madre solía regalarle algo a final de curso y, como me estuvo ayudando a estudiar... —No sabía muy bien cómo explicárselo.
Mi padre pareció ignorar el tema y siguió mirando el calendario.
—Si solo tenemos que esperar a que hagas los exámenes de selectividad, que viendo estos resultados te van a salir de maravilla, podríamos irnos la última semana de junio.
—¿Qué? ¿Por qué? —Apreté el borde de la mesa con ambas manos con tanta fuerza que debí de dejar las uñas marcadas.
—Bueno, me deben varios días por horas acumuladas, y no quiero conducir en plena operación salida. Prefiero pasar la frontera unos días antes.
—Pero mamá tendrá que trabajar. —Ese era mi único argumento.
—Bueno, ya sabes que no tengo problemas para cambiar turnos.
No lo podía creer. Ahora que iba a poder estar algo más de tiempo con Andoni, me marchaba.
Subí a mi habitación sin apenas probar bocado y con el corazón dividido. Me entretuve girando la manivela de la cajita musical y no pude evitar que la congoja se apoderara de mí. Pasé media tarde llorando como una Magdalena, no haciendo nada por evitarlo.
Hice caso omiso a todas las llamadas y mensajes que entraban en mi móvil.
Mis amigas querían salir esa tarde, pero yo no estaba con ánimos.
Ya las vería al día siguiente por la mañana.
Habíamos quedado para ir de compras a la ciudad.
Si me iba a ir en poco más de una semana, tendría que comprar algunas cosas más de las que tenía en mente.
Esa noche apenas pude dormir. Estuve dándole vueltas a la cabeza, intentado encontrar la forma de confesar a Andoni lo que sentía.
Había hecho un pacto con Nuria, pero cumplirlo se había vuelto demasiado precipitado.
¿Cómo le iba a decir que le quería y después irme durante más de un mes de su lado?
Si me rechazara, la distancia podría apaciguar el dolor o hacerlo aún más agudo.
Durante la mañana de compras me las apañé para estar a solas con Nuria y pedirle consejo.
Ella se limitó a darme más plazo para cumplir nuestro pacto.
Entendía que era muy precipitado y que, por el contratiempo, merecía tiempo extra.
Ella, en cambio, estaba decidida a plantarse delante de Koldo ese mismo sábado. Ojalá se me contagiara su ímpetu.
Compramos algunos modelitos veraniegos y cremas de todo tipo. La cosmética era nuestra perdición. Había una enorme tienda en la que nos pasábamos horas probando muestras de colonia, maquillaje, cremas hidratantes y geles exfoliantes.
Al pasar por la sección masculina, me detuve a mirar los bálsamos after shave .
Sabía que Andoni estaba en contra de todo eso, pero a mí me daba la impresión de que lo necesitaba.
Además, le debía un regalo. Dudé entre varias marcas y aromas.
Imaginar el olor de aquellas cremas en el rostro de Andoni me recordó al momento en el que había tenido la oportunidad de besar su mejilla.
Su propio olor ya me fascinaba, no necesitaba ningún perfume añadido.
Descarté todos los bálsamos, pero encontré algo que no iba a poder rechazar.
Su trabajo le destrozaba las manos y debía cuidárselas.
La crema de manos Extreme , que destacaba en un expositor en mitad del pasillo, era una buena elección.
Tal vez tendría que insistirle para que la usara, pero conseguiría que lo hiciera.