Capítulo 22
C alculé que tardaríamos unos diez minutos en llegar al hospital de la ciudad si no había tráfico. Yo iba junto a la ventanilla con la pierna de Natalia sobre las mías mientras ella se balanceaba hasta donde le permitía el cinturón con los ojos más tiempo cerrados que abiertos.
—Enseguida llegamos, aguanta un poco. —Andoni aceleró al mirar de reojo a Natalia.
—Lo que más me duele... —suspiró profundamente— es pensar que me lo haya podido romper y me pierda el viaje a París.
Dejó asomar media sonrisa de su dolorido gesto. Yo le estampé un gran beso en la mejilla para darle ánimos.
—Ya verás como no es más que una torcedura. Una simple caída no puede contigo.
Apretó mis manos con fuerza y volvió a balancearse mientras entrábamos en el área de urgencias del hospital.
Andoni se apeó raudo y rodeó el vehículo hasta llegar a nuestra puerta. Me ayudó a bajar y volvió a cargar con Natalia en brazos. Yo cogí las mochilas y los seguí.
—Edurne, ¿podrías pasarme el móvil? Está en el bolsillo pequeño. Quiero llamar a Ager para que venga.
—Claro. —Apoyé las mochilas sobre los asientos de la sala de espera y Andoni sentó con delicadeza a Natalia en uno de ellos.
—Gracias..., has sido muy... amable. —Parecía avergonzada y se concentró en desbloquear el teclado de su teléfono.
—No hay de qué. — Él parecía algo incómodo también.
Me dio apuro dejarlos solos mientras me acercaba al mostrador de recepción a dar aviso del accidente de mi amiga.
Eché un vistazo mientras esperaba a que me atendieran y vi a Andoni sentado con las manos sobre las rodillas mirando a la nada mientras Natalia hablaba por teléfono.
Por suerte, en menos de quince minutos un celador se llevó a Natalia en una silla de ruedas.
—Vamos a hacer unas placas.
—¡Esperad aquí hasta que venga Ager, por favor! —gritó angustiada Natalia desde el final del pasillo. Parecía que se dirigiera a un quirófano en lugar de a una sala de rayos X.
—Por supuesto, no te dejaremos sola. —La saludé con la mano para que pudiera verme allí, a su lado. ¿Cómo iba a irme? Seguía siendo mi mejor amiga.
Nos quedamos unos minutos en los asientos de la sala de espera. Andoni seguía pareciendo estar algo incómodo.
—Muchas gracias por traernos. Mi profe tenía intención de examinar a toda la clase antes de traer a Natalia a urgencias. Pedírtelo a ti es lo primero que se me ha ocurrido.
—Me alegra poder ayudar. —Él siempre tan encantador.
Miré el reloj de la sala de espera. Eran casi las dos.
—Si tienes que irte, tranquilo. Yo me quedaré aquí hasta que llegue Ager.
—No voy a dejarte aquí sola.
Me encantaba la idea de pasar horas con él hablando en la calurosa salita, pero no quería que llegara tarde a trabajar por mi culpa.
—No pasa nada. Tú aún tienes que comer e ir a trabajar. Yo tengo toda la tarde.
Me echó un vistazo rápido y recobró su postura erguida con gesto serio.
—¿Tanto interés tienes en que me vaya?
¿A qué había venido eso? Si fuera por mí, nunca se alejaría de mi lado.
—Estás de broma, ¿verdad?
Pude oírlo reír por lo bajo. Me tranquilizó pensar que en realidad no creía que yo quisiera que se fuera.
Ager entró por la puerta corriendo como loco. Se detuvo al llegar a nuestros asientos.
—¿Dónde está? ¿Qué os han dicho? —Me pregunté qué le habría contado Natalia para que estuviera tan alarmado.
—Tranquilo, están haciéndole unas placas. Quieren descartar que se haya roto algo, pero lo más probable es que sea un simple esguince.
Suspiró aliviado y se desplomó en el asiento contiguo al de Andoni relajando los hombros y dejando el cuerpo muerto. Me pareció muy tierno verlo tan preocupado.
—Ya verás como no es nada. —Andoni parecía empatizar con el sufrimiento de Ager. Que hablaran me alegró más de lo que esperaba.
—Gracias. —Ager estrechó la mano de Andoni y la apretó con firmeza—. Muchas gracias por haberla traído tan rápido. —Golpeó su hombro con un par de palmaditas—. Ha sido una suerte que estuvieras por allí. Si fuera por ese tarugo de profesor que tienen, aún estaría esperando tirada en el suelo.
—No hay de qué. —Andoni respondió a los golpecitos en el hombro reconfortando a Ager.
Me estremecí al ver que los dos chicos tenían un trato cordial y la posibilidad de que llegaran a ser amigos algún día me llenó de esperanza.
Yo quería que Andoni fuera feliz. Se lo merecía.
Yo podía intentar ser la mejor amiga del mundo para él, e incluso algo más si él quisiera, pero necesitaba relacionarse con otros chicos de su edad.
La gran estima que le tenía a Ager, sumada a que era el novio de mi mejor amiga, hizo del muchacho la mejor de las opciones para tratar de que Andoni socialice un poco más.
—¡Ager! —La voz de Natalia retumbó en toda la sala mientras volvía por el pasillo.
—Hola, mi vida. ¿Cómo estás? ¿Qué te han dicho?
Ager se levantó de un salto y besó a Natalia en la frente antes de arrodillarse para poder ver su tobillo.
—Bueno, me sigue doliendo. Ahora me llevan a un box. Tengo que esperar a los resultados de las radiografías.
—¿Puedo ir con ella? —Ager le puso la más inocente de sus caras a la enfermera que arrastraba la silla de ruedas.
—Sí, pero solo uno.
Ager volvió a nuestros asientos a por la mochila de mi amiga.
—Muchas gracias por todo, chicos. —Me besó en la mejilla y volvió a darle la mano a Andoni—. Id a comer. Ya me quedo yo con ella.
—¿Seguro que no necesitas que me quede? —Esta vez ofrecería mi apoyo individual. La colaboración de Andoni ya la había ofrecido sin permiso una vez.
—No, no. Ya he llamado a sus padres y estarán al llegar. Vosotros habéis hecho más que suficiente. Gracias, de verdad.
—Gracias... a los dos. —Natalia se despidió con la mano que no sostenía Ager.
—Llámame cuando te digan qué tienes —le pedí. Quería saberlo por mi propia tranquilidad y porque tenía que avisar al profe, aunque no sabía muy bien por qué debería hacerlo después de cómo se había portado.
—Parece un buen tío —murmuró Andoni entre dientes mientras salíamos del aparcamiento.
—¿Quién, Ager? —quise asegurarme de que hablábamos de la misma persona.
—Sí. Se nota que la quiere mucho.
Me sorprendió ver en qué se había fijado él de la reciente situación.
Esperaba que comentara algo sobre lo agradecido que se había mostrado con nosotros o la confianza con la que le había tratado, estrechándole la mano repetidas veces y golpeándole el hombro en plan colegueo .
Pero él se había quedado con la claridad de sus sentimientos hacia Natalia.
—¿Quererla? Yo diría que la adora. Haría cualquier cosa por ella.
—¿Y ella por él? —La pregunta me extrañó.
—Claro. Ella también lo quiere. ¿Por qué lo preguntas?
—Simple curiosidad.
Me corroyeron unos punzantes celos provocados por el repentino e inesperado interés de Andoni en mi amiga.
Cuando la había cogido en brazos me había dado envidia por poder estar tan cerca de su piel, pero que ahora estuviera dentro de sus pensamientos me quemaba por dentro.
El no saber exactamente qué motivaba esa curiosidad me hizo perder el juicio en los pocos minutos que tardamos en llegar a mi casa.
—¿Por qué piensas que Natalia no haría por Ager lo mismo que él por ella?
Andoni detuvo el motor y se apoyó de lado en el volante para poder verme la cara, que ardía por la desesperación.
—Yo no he dicho que piense eso.
—No, pero lo has preguntado.
Por su forma de mirarme, comprobé que había captado que sus comentarios no me habían sentado bien. Intentó explicarse.
—Por lo poco que sé de Ager a través de Damián y de cómo se ha comportado hoy, creo que es una buena persona. Por eso, creo que merece algo bueno.
—¿Y mi amiga no lo es?
¿Qué estaba insinuando? Los celos se tornaron enfado.
—¿Me dejas acabar? —Cruzó su dedo índice sobre mis labios, sin llegar a tocarlos por un milímetro, y me quedé muda.
Asentí con la cabeza.
—No conozco a Natalia. Lo único que sé de ella que es tu amiga. Con eso me basta para considerarla merecedora de una buena persona. Solo quería tu confirmación.
—Pues te lo confirmo. Pero sigo sin entenderlo.
—¿Cómo podría explicártelo? —Se rascó su nueva barbilla poblada por una perilla que me seguía resultando extraña.
—Dime exactamente lo que estás pensando. —Ya no sabía si sentía celos, rabia o curiosidad infinita.
—Muy bien. —Clavó la mirada en algún lugar del horizonte al otro lado del limpiaparabrisas—.
Me estoy volviendo a abrir a las relaciones humanas.
Para ser capaz de desenvolverme en sociedad me fijo en cómo se relacionan los demás.
Ahora mismo, he observado a Ager y he visto su preocupación y su sufrimiento.
También me he fijado en ti y he visto tu implicación y tus deseos de ayudar a tu amiga.
En cambio, en Natalia no he visto gran cosa, solo su interés por que viniera su novio antes que sus propios padres.
Retrocedí en mi memoria y analicé las reacciones y el comportamiento de Natalia. Todo lo que había hecho me parecía normal dadas las circunstancias.
—Para empezar, se ha caído y le dolía bastante el tobillo.
—Dejó de mirar al horizonte y prestó atención a mis palabras—.
Tal vez por eso no estaba muy habladora.
Después, ha llamado a Ager porque ha acabado las clases y estaría libre para ir al hospital.
En cambio, sus padres estarían trabajando.
Y, en general, tiene un carácter bastante más reservado que Ager.
Andoni negó con la cabeza y se rio.
—¿Qué?
—Lo ves, tus reacciones son sencillas de interpretar. Has defendido a tu amiga a capa y espada.
—Porque es una buena persona. —No me habían gustado sus insinuaciones.
—Y yo no lo dudo, solo que no he tenido ocasión de averiguarlo por mí mismo. Hay personas a las que me cuesta más captar... y llegar.
Era cierto. Entre ellos no había mucho feeling .
Natalia era más partidaria de Jon que de Andoni, y eso podía provocar que no emitiera buenas vibraciones hacia él.
Pero, si después de cómo se había portado con ella no le daba una oportunidad, realmente tendría que darle la razón a Andoni sobre sus dudas hacia la bondad de mi amiga.
El motor rugió y lo interpreté como una invitación a que me marchara. Ya le había robado mucho tiempo del que no disponía.
—Gracias por todo. —Abrí la puerta, pero me detuve antes de bajar—. ¿Cuándo te volveré a ver?
Se quedó pensativo unos segundos.
—Esta semana tengo mucho trabajo y tú varios exámenes. ¿Qué tal los llevas?
—Bien. Mejor de lo que esperaba. Del de Historia salí muy contenta.
—Me alegro. —Su cara lo corroboraba—. Espero que me enseñes las notas y que sean sobresalientes.
—Bueno..., con aprobar todas me conformo.
—Deberías ponerte objetivos más ambiciosos, así te asegurarás llegar más lejos.
¿Me estaba hablando solo de exámenes?
—Estudiaré para el diez —prometí mientras bajaba del asiento.
—Ese es el espíritu. —Levantó el puño y metió primera, alejándose de mí.
Estuve el resto de la semana fustigándome por dejarle marchar sin haberme dado una respuesta concreta. No sabía cuándo le volvería a ver y él me había puesto la excusa de su trabajo y mis exámenes. ¿Por qué no podía querer verme tanto como yo a él?