Cuando la noche es púrpura Capítulo 21 #3
70%

Capítulo 21 #3

—¿Y eso qué significa, aparte de que es muy amable contigo? —Ella siempre tan sutil.

—Nada, que somos amigos. —Por desgracia, eso era realmente lo único que significaba.

—¿Podemos acompañarte cuando salgamos? Así nos lo presentas.

Tania y Nerea saltaban nerviosas. Les hacía auténtica ilusión.

—Hoy no puede ser, chicas, tiene mucha prisa. De hecho, voy a marcharme en cuanto acabemos, sin ducharme ni nada. Espero no sudar mucho en el partido de baloncesto.

Acerqué la nariz a mi axila. El reciente esfuerzo no me había hecho transpirar apenas.

Había sido intenso pero breve. Con la sudadera sería suficiente para disimular la posible sudada que me esperaba y me llevaría menos de cinco minutos ponérmela y salir del instituto.

Merecía la pena si podía estar un rato con Andoni.

Necesitaba hablar con él, aunque solo fueran los quince minutos de trayecto hasta casa.

—¿Y cuándo le vamos a conocer, entonces? —Tania se cruzó de brazos y dio botes como una niña caprichosa.

—Un día de estos, de verdad. Estoy tratando de convencerlo para que venga con la cuadrilla algún día.

—¡Es una idea genial! —Nuria secundó mi propuesta de inmediato.

—Pero no os prometo que vaya a ser muy pronto. Está bastante ocupado con su trabajo.

—Seguro que saca un rato para estar contigo. —Nerea me guiñó un ojo y señaló con la cabeza hacia la verja. Andoni estaba apoyado en las rejas, mirando a través de ellas. Sentí como si su mirada me atravesara.

—Es muy guapo. —Tania enfocaba apretando los ojos. Me pareció demasiado descarado y le di un codazo.

—En serio, Edurne. Dinos qué os traéis entre manos. —Natalia parecía no aprobar en absoluto lo que fuera que se imaginaba que pasaba.

—Nos estamos conociendo —fue mi única pista. La cogí por los hombros y la coloqué detrás del número quince. Le tocaba después.

Me prepararé junto con el resto de mis amigas para observar una exhibición de destreza por parte de Natalia.

Era la más alta de toda la clase y no debería haber tenido ningún problema para superar la prueba.

Pero en el cuarto obstáculo, tropezó de tal forma que el pie se le enganchó y cayó al suelo enredada en la valla.

Todas corrimos hacia ella al oír el crujido de su tobillo.

—¡Natalia! ¿Estás bien? —Ramón se me adelantó e hizo girar su tobillo para comprobar el daño.

El grito de Natalia fue determinante.

—Creo que te has hecho un esguince. —La cara de Ramón apenas mostraba culpabilidad, más bien asqueo.

—Hay que llevarla al hospital —le indiqué ante su lentitud de movimientos.

—Uf, sí, será lo mejor. A ver qué profesor está por aquí todavía. Yo no puedo dejar los exámenes a medias.

No me lo podía creer. Menudo irresponsable.

—Me duele mucho. —Natalia trataba de levantarse con la ayuda de Nuria y Nerea, pero era incapaz de apoyar el pie derecho.

—¿Tanto te duele? ¿No podrías aguantar hasta que termine al menos las pruebas individuales?

La falta de compasión del profe rozaba el sadismo, así que decidí poner solución por mi cuenta y riesgo.

—Si tú tienes que quedarte obligatoriamente a hacer los exámenes, sé de alguien que podría llevarla al hospital ahora mismo. —Señalé hacia la verja. Andoni seguía allí—. Un amigo me está esperando y tiene aquí el coche.

Ramón miró hacia donde le había señalado y después nos miró a ambas. El dolor se reflejaba en la cara de Natalia y supuse que la inquietud asomaría por mis ojos cuando el profe accedió.

—Está bien. Pero apuntaros mi móvil y, en cuanto sepáis algo, me llamáis.

Anotó su número en una de las hojas de calificaciones y arrancó la esquina para dármela.

—¿Puedo ir con ella? —No me lo esperaba de él, sobre todo después de su falta de compasión—. ¿Y el examen?

Sacudió la mano, como echándonos del patio.

—Bueno, bueno. Sé de sobra cómo juegas al baloncesto.

Nos acompañó a la verja para abrir la cerradura de la puerta. Tania y Nuria fueron a los vestuarios a toda velocidad a por nuestras mochilas mientras Ramón y yo cargábamos con Natalia, que lloriqueaba a cada paso. Debía de dolerle bastante.

Andoni se acercó al vernos llegar. Lo había visto todo, pero no sabía lo que le iba a pedir.

—Andoni..., ¿sería mucho pedirte que nos acerques a urgencias? Parece que Natalia tiene un esguince.

El profe no esperó a oír respuesta y apoyó el brazo de la accidentada sobre el hombro de Andoni antes de volver al patio. Noté nerviosismo en mi amiga.

—Ya sé que tienes que irte a trabajar, pero solo sería acercarnos hasta allí. Luego ya nos las apañaremos.

Andoni no respondió, se limitó a sacar las llaves de su bolsillo trasero y me las lanzó.

—Abre la puerta, por favor. —Sentí mi hombro libre del peso de Natalia en cuanto Andoni la levantó en brazos para sentarla en el vehículo. Unos inadmisibles y absurdos celos se apoderaron de mi al verla tan cerca de él.

Tania y Nuria aparecieron con nuestras mochilas cuando ya estábamos poniéndonos el cinturón. Las dejaron en la parte trasera y se despidieron de nosotros con cara de póquer.

—Llamadnos en cuanto podáis.

El profe les indicó con un pitido que entraran en el recinto.