Cuando la noche es púrpura Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Me di la vuelta para ver quién me estaba hablando. No lo conocía de nada.

—No, mi mejor amiga. O eso creía —me lamenté.

—En ese caso, no te preocupes. Se le pasará.

—Eso espero —resoplé.

El chico estaba de espaldas a la barra y apoyaba en ella los codos. Me dedicó una gran sonrisa antes de acercarse a mí.

—¿Cómo te llamas?

—¿Yo? Edurne —Me pregunté el porqué de su interés.

—Hola, Edurne. Yo soy Javi. —Se acercó más a mí y me dio dos besos—. Encantado de conocerte.

—Igualmente —le respondí por inercia. No sabía cómo reaccionar.

—¿Puedo invitarte a una copa? Igual así te olvidas del enfado de tu amiga.

No me dio tiempo a responder. Lo cierto es que ni siquiera alcancé a pensar en una excusa para rechazar su invitación. Tampoco hizo falta, porque Jon lo hizo por mí.

—Edurne ya está invitada a todas las copas esta noche. —Noté el peso de su brazo por encima del hombro. Después me ofreció un vaso más estrecho que el anterior.

—Oh, ya veo. —Javi dio un paso hacia atrás—. En otra ocasión tal vez.

—Tal vez —respondió Jon, quien se había tomado la libertad de hablar por mí de nuevo.

Antes de que Javi se alejara, decidí hablar por mí misma.

—Gracias de todas formas —fue lo único que se me ocurrió decir.

El chico se giró y me sonrió despidiéndose con la mano.

—Qué pronto he tenido que empezar a espantarte a los babosos. —Su brazo se separó de golpe de mi hombro.

—Nadie te ha pedido que lo hicieras —le respondí aún enfurecida con él.

Jon puso los ojos en blanco y suspiró. Esta vez me había pasado.

Natalia tenía razón. Él solo trataba de ser amable conmigo: me había traído ya la segunda bebida, esta vez solo un refresco, y había espantado a un desconocido.

Quizá esto último lo había hecho más por su propio interés que por mi seguridad, ya que era obvio que el chico intentaba ligar conmigo.

Ese era el único peligro que entrañaba su compañía en un local lleno de gente.

—Disculpa si te he vuelto a molestar. Puedo alejarme de ti lo que queda de noche si es eso lo que quieres.

Volví a recordar las palabras de Natalia. Estaba siendo muy borde y, además, le estaba amargando el cumpleaños. Quizás por eso estaba tan enfadada conmigo. Decidí empezar de cero y olvidar todo lo ocurrido desde que salí de mi casa.

Me había vestido para ir a una disco y para estar radiante el día del cumple de mi mejor amiga.

Además, quería que cierto chico me viera especialmente guapa, o al menos eso era lo que creía querer hasta hacía poco.

Y, desde luego, lo que sí ansiaba era divertirme.

Me concentré en esos pensamientos con intención de darle un giro a mi actitud.

—Jon, discúlpame. No sé qué es lo que me pasa hoy.

Dejó de mirar a la nada y volvió a centrarse en mi cara.

—¿En serio te estás disculpando?

—Sí, en serio. ¿Podemos empezar de nuevo?

Jon terminó su copa, la dejó sobre la barra y me ofreció su brazo.

Lo agarré a la altura del codo y nos dirigimos hacia nuestros amigos, quienes abrieron el círculo para que nos uniéramos a ellos en una coreografía algo ridícula pero sincronizada.

Por primera vez en toda la tarde, tuve ganas de reír.

Estuvimos bailando sin descanso durante más de cuatro horas. Los chicos fueron a la barra varias veces, quedándose allí durante un largo rato y trayéndonos a su regreso algo de beber, ya que estábamos sedientas de tanto bailar y bailar. Nos lo estábamos pasando genial.

—Chicas, ¿os apetece sentaros un rato? —nos propuso Nuria al comenzar una canción un poco más lenta—. ¡Estos zapatos me están matando!

Nos dirigimos a la zona de mesas que estaba empezando a llenarse de golpe. Antes de poder dar más de dos pasos, Jon me sujetó por el brazo.

—¿A dónde te crees que vas?

—A sentarme. Estoy agotada —respondí con sinceridad.

—Me habías hecho una promesa. —Me arrastró de nuevo hasta la pista y me hizo bailar dirigiendo los pasos.

—Y voy a cumplirla. Solo quería descansar un poco —le aseguré y dejé que me llevara al ritmo de la suave balada.

—Son las doce en punto. Empieza la media hora de lentos y vas a bailarlos todos conmigo.

No pude negarme. Le había prometido que bailaría con él todas las veces que quisiera. Me pedía media hora seguida. Me pareció algo exagerado, pero las cinco horas que llevábamos allí se me habían pasado volando. Podría sobrevivir a media hora más de baile, aunque fuera a solas con Jon.

Las canciones eran lentas, pero permitían bailar sin estar demasiado pegados el uno al otro. Jon se movía bastante bien y me divertí mucho con él mientras me daba vueltas y más vueltas, haciendo que el vuelo de mi vestido se desplegara una y otra vez.

—¡Voy a acabar mareándome! —advertí entre risas, frenando en seco tras el último giro.

Jon me apretó contra él, dejando de bailar a pesar de que la música seguía sonando.

—Es completamente intencionado. —Lo miré confundida. Él me habló más serio que nunca—. Quiero que te dejes llevar, que por una vez hagas las cosas sin pensarlas antes.

—No sé si puedo hacer eso. Yo soy así —me excusé.

—No eres así. Te obligas a ser así —me acusó con tono enfadado.

—Jon, no sé a qué te refieres. Yo soy tal y como me ves.

No entendía nada de lo que me estaba diciendo. Yo siempre decía lo que pensaba, lo que a menudo me traía problemas, como había podido comprobar él mismo esa tarde.

—No, tienes dos caras.

—¿Qué dos caras?

Sus insinuaciones empezaban a irritarme. ¿De qué rayos estaba hablando? Me separé de él, pero volvió a acercarse a mí.

—Una es la cara de niña buena que muestras a todo el mundo. Te opones al alcohol, al tabaco, a la marihuana... Te haces la inocente conmigo como si lo que te digo te diera miedo, como si nunca hubieras estado con ningún otro chico.

—No sé si eso te parecerá de niña buena, pero es como soy. No tengo ninguna otra cara. Y, si he estado con otros chicos o no, no es asunto tuyo.

Me solté de sus brazos con el propósito de alejarme de él lo antes posible. ¿Qué cable se le había cruzado?

—¡Desde luego que es asunto mío! —me gritó y volvió a atraerme hacia él por la fuerza—. Esta es tu otra cara. Provocarme y, cuando ves que me tienes comiendo de tu mano, dejarme a medias. ¿A dónde pensabas ir? ¿A buscar a ese amiguito que te has echado antes?

—¿De qué demonios estás hablando? ¿Es que te has vuelto loco?

Nuestros gritos —y quizá también la forma de agarrarme de Jon— alertaron a mis amigas, que se acercaron corriendo.

—¿Ya os estáis peleando otra vez? —preguntó Natalia con gesto de preocupación y sus ojos clavados en las manos de él. Apretaban mis muñecas con excesiva firmeza.

—Jon, suéltala. Estás dando un espectáculo. —Ager me liberó él mismo de las manos de su amigo.

Jon miró a su alrededor y luego a mí, agachando la cabeza con gesto avergonzado.

—¿Se puede saber por qué gritabais? —inquirió Natalia.

—No, por nada. —Traté de quitarle importancia al asunto, aún confundida por sus ofensivas palabras—. Creo que solo está celoso.

—¿Celoso? —Nuria parpadeó repetidas veces—. ¿Celoso de quién?

—De Javi —respondí, pero fue una respuesta más dirigida a Jon que a Nuria.

—¡¿Y quién narices es Javi?! —gritaron al unísono Nuria y Natalia.

No pude evitar reírme. La sorpresa de mis amigas iba a ser aún mayor cuando oyeran mi respuesta.

—Un chico con el que solo he cruzado tres palabras.

Todos miraron incrédulos a Jon, esperando alguna explicación por su parte.

—Vale, soy un imbécil. ¿Ya estáis contentos? —Se acercó de nuevo a mí antes de marcharse hacia la zona VIP—. Lo siento. No volveré a molestarte.